domingo, 7 de julio de 2019

Enseñanza Inspirada (XI): Cuando no sabemos algo


        A veces recuerdo con sabor dulce esos tiempos en los que empezaba a enseñar. Mi inocencia y osadía me permitieron avanzar con pocos miedos en una primera época en la que en realidad estaba muy poco preparada para dar clases de yoga, tal y como concibo hoy la enseñanza. Curiosamente, doce años después, más formada y con varios miles de horas más de experiencia, me surgen muchos más miedos respecto a la envergadura de los desafíos que asumo. ¡Supongo que no se puede tener todo!

Con el tiempo, y viendo a los profesores con menos experiencia, he llegado a comprender que esa etapa es imprescindible. No es bueno saltársela, ni desear salir de ella antes de tiempo. Un profesor principiante debe sentir respeto por la profesión pero no dejarse inundar por el miedo y la inseguridad en sus primeras etapas. Es normal tener dudas y miedos ¡es lo más sano!

Las limitaciones como motores

     Poco a poco vamos viendo nuestras limitaciones, es inevitable, pero para eso es necesario estar activos y enseñando todo lo que podamos. Esas limitaciones van dando el pistoletazo de salida a nuestra curiosidad y a nuestro deseo de aprender sobre desafíos concretos que vamos encontrando.

      No seamos ingenuos, una formación básica de profesor de yoga no nos aporta más que una base sobre la que empezar a construir. Si esa formación es buena, serán buenos cimientos. Pero todas las formaciones adolecen de algo. No por malicia o ineptitud de los formadores ni porque que se quieran ignorar ciertos aspectos, sino porque en 200 horas (o incluso 500) siempre hay algo que tiene que quedar relegado o subestimado.

Un buen profesor de yoga ha de saber de filosofía, anatomía, fisiología, psicología, lenguaje, comunicación, pedagogía, lesiones, movimiento, tradición, etc... ¡Difícil cubrir todo eso en tan pocas horas! Quizás por eso las formaciones básicas deberían ser un poco más largas, sería bueno para el futuro profesor y para los alumnos que se encontrasen con los recién graduados. Ahí dejo el debate.

En este panorama, y desde el momento en el que damos nuestra primera clase, empieza la escalada de nuestro Everest de ignorancia. No quiero hablar de la ignorancia como algo negativo. Creo que la ignorancia revelada y atendida es un motor de crecimiento y desarrollo humano. Cierto también que la ignorancia ignorada es una catástrofe ¡y una arrogancia! 

Nos equivocaremos muchas veces por el camino, afirmando o proponiendo cosas incorrectas o insostenibles. Sin embargo, ayuda mucho el darnos derecho a ello y comprometernos a mejorarnos a la siguiente oportunidad. Esta compasión no debe ser auto-complacencia. Sí tiene importancia cometer un error, por eso pondremos todos nuestros sentidos, sensibilidad y cautela al servicio de nuestra enseñanza. Esto reducirá los errores y su gravedad.

El primer error que podemos cometer es ignorar lo que no sabemos. La primera ignorancia es ignorar nuestra ignorancia. 

¿Qué hacer cuando descubrimos que tenemos un vacío de conocimiento en un área que se considera relevante para un profesor de yoga? 

      Mi primera propuesta sería que intentemos no enseñar eso que no sabemos. Por ejemplo, yo no soy una experta en filosofía hindú. Tengo muchos más conocimientos de psicología, fisiología, neurociencia y mindfulness. Podría pensar que la superficialidad de mi conocimiento sobre mitologías es desinterés. Sin embargo, no lo es. Aprecio mucho lo que leo y escucho al respecto, y lo sigo buscando, pero mi orientación personal, mis capacidades académicas y mi sensibilidad no me llevan de manera tan intensa al estudio de ese área. Por eso apenas uso deidades para mis metáforas y temáticas de enseñanza. Aun así, como conozco la relevancia de los mitos para la psique humana, aprecio que otros profesores los usen y poder recibirlos como alumna. 

Deduzco que las áreas en las que menos nos desarrollamos quizás son las que menos nos atraen. Aceptada esta situación, no debemos ignorar que hay algo de responsabilidad en esta profesión que trasciende a los gustos personales. Por ejemplo, como profesores de asana, podemos vivir sin mitos, pero quizás no sin saber algunas cosas básicas de movimiento y cuerpo. 

En los primeros cinco años de mi enseñanza, según avanzaba profesionalmente, me iba sintiendo cada vez más incómoda con la superficialidad de mi conocimiento sobre anatomía y movimiento. Recibí una formación inicial en hatha yoga tradicional, de la cual extraje el lujo de ser formada por swamis (monjes) y ver como el compromiso con el yoga y la vida espiritual transformaba mi experiencia de energía vital e inspiración de manera radical. En mi formación conocí el prana de manera directa e individual, no como teoría sino como realidad. Nunca más he vivido algo así. Salí sintiéndome muy poco preparada para enseñar pero con una gran fe en el yoga. 

En esa época no me preocupó la situación porque no tenía intención de dedicarme a enseñar y la formación cumplió con mi objetivo de sanarme, conocerme, aprender y vivir el yoga. Sin embargo, al poco tiempo estaba enseñando, y con el tiempo ese vacío ser reveló relevante. Empecé la búsqueda, sin encontrar rápidamente mi pasión. En este caso, tardé muchos años en sentar bases suficientes para recibir el refinamiento de mi profesor Jason Crandell, quien me ayudó a ver el movimiento y el asana de una manera que me capacita a la vez que me hace disfrutar cuando enseño.

Viviendo con la ignorancia

     Yo creo que sólo con el tiempo se pueden compensar las carencias, porque son muchas las que vamos descubriendo y cada una requiere de un tiempo de atención. No es recomendable correr, debemos plantarnos firmemente en cada paso que damos dejando huellas duraderas. Aunque vayamos más despacio de lo que nos gustaría. 

Cuánto más tiempo dedicamos a enseñar más oportunidades nos surgen y más desafíos encontramos. Así que vamos a dar por sentado que encontraremos cosas sobre las que no sabemos ¡a diario! y voy a proponer algunas ideas:

1. Cuando descubrimos de manera íntima que nos falta algún conocimiento para atender bien a nuestros alumnos. 

Esto puede darse cuando encontramos a alguien que tiene una lesión de la cual no sabemos o un alumno con un bloqueo de comprensión al que no conseguimos llegar.

En el caso de las lesiones es relativamente sencillo de resolver porque a través de libros o profesionales de la salud podemos aprender mucho.

En el segundo caso es más difícil. Yo he tenido varios alumnos en clases privadas que tenían problemas para sentir y dirigir su respiración (de hecho esto es bastante común incluso en practicantes relativamente avanzados). A veces son problemas mecánicos y otras veces son problemas psicológicos, pero incluso un problema de ph corporal puede favorecer la hiperventilación. 

A veces las situaciones son demasiado complejas y nuestra labor ha de quedarse allí donde alcanzamos. 

En resumen:

- Si el acceso al conocimiento que nos falta es sencillo debemos comprometernos a investigar, estudiar y mejorar

- Si las variables son complejas y nos faltan datos así como herramientas de diagnóstico podríamos practicar a usar las herramientas del yoga más apropiadas que conocemos y aceptar las posibles limitaciones de nuestra disciplina. En este caso igualmente podemos investigar pero quizás preguntar a compañeros que se hayan encontrado con el mismo problema podría ser de gran ayuda. Nuestra labor no es actuar como sanadores sino como educadores. 

- En algunos casos hay que reorientar al alumnos hacia otro profesional, disciplina o compañero. Yo misma he tenido lesiones en las rodillas y el yoga no me ha resuelto mis necesidades. Es muy importante saber que el yoga no lo soluciona todo.  Al menos no "nuestro" yoga. En algunos cosas no podemos resolver o mejorar un problema. Sin embargo, podemos seguir confiando en nuestra enseñanza, incluso cuando no somos capaces de ayudar a alguien.

2. Cuando alguien nos pregunta directamente y no tenemos la respuesta.

      Absolutamente y siempre ¡debemos decir que no sabemos! No le hacemos ningún favor a nadie jugando a ser médicos, visionarios o curanderos. Además, va a nuestro favor que los alumnos se den cuenta de que tenemos limitaciones y la mayoría sólo somos profesores de yoga y no profesionales de la salud ¡si hasta los médicos con sus herramientas de precisión a veces tienen que decir que no saben! 

Debemos darnos derecho y obligación para declarar nuestro desconocimiento. Todo esfuerzo por ocultarlo surge del miedo y la identidad, queremos enseñar con nuestra valentía y nuestro corazón.

3. Cuando nos ofrecen un trabajo para el que no estamos preparados.

      Eso va a pasar todo el rato. La mayoría de las veces que nos ofrecen algo nuevo no estamos preparados del todo. Sabiendo esto, es bueno considerarlo una oportunidad y prepararse lo mejor posible. 

Aún así, hay límites. No creo que debamos orientarnos a enseñar yoga a una población específica sin haber estudiado en profundidad sobre su patología o circunstancias. ¿Pero qué significa eso? No siempre lo cumplimos. Durante dos años ofrecí yoga de manera gratuita a enfermos mentales. No tenía ninguna formación específica pero mi padre tenía la misma enfermedad que los alumnos (por eso me ofrecí a una asociación) y pasé la supervisión de los psicólogos. Aprendí sobre la marcha y fui prudente, creo que hice mucho bien pero sin ninguna duda no soy psicóloga y no tenía todos los conocimientos necesarios. Sabía lo suficiente de yoga para enseñarles a respirar y ayudarles a movilizar su cuerpo. 

Creo que este tipo de situaciones es muy frecuente. ¿Cuál es el límite entonces? No lo sé, creo que es una experiencia interior entre honestidad, respeto e integridad la que debe guiarnos en estos casos. Personalmente creo que estoy siempre en la frontera, y esto me ha obligado a aprender mucho y rápido. Hasta ahora me ha traído más bendiciones que desgracias. No estoy animando a nadie a ser imprudente, pero si sabéis que tenéis capacidad y agilidad para el estudio y observación quizás podéis jugar con estas fronteras sin poner en riesgo vuestra ética.

4. En general y para todos estos casos.

      Mi propuesta es que no dejemos de practicar, de estudiar y de formarnos. Idealmente en este orden. La humildad es valor indiscutible en un panorama social competitivo y "titulista". La dedicación es sacrificio inevitable si queremos ser mejores versiones de nosotros mismos cada día. Nuestros alumnos se inspiran de ambas cosas, de nuestra humildad y de nuestra dedicación. 


Mantras y mitos

    Para terminar, os dejo esta idea de un conferenciante que contaba que tenía un mantra interior que le había enseñado un mentor suyo. Cada vez que iba a enseñar o hablar ante una audiencia se decía internamente: “Quizás estoy equivocado”. 

Pienso que este mantra da espacio para compartir lo que sabemos, sin olvidar que puede cambiar y que pocas cosas son absolutas. Este mantra puede ayudarnos a aceptar la incertidumbre y la inseguridad como parte del camino del aprendizaje. 

Para personas muy inseguras pienso que habría que elegir otro mantra, por ejemplo “Quizás piense de otra manera en el futuro”. Sólo hay que mirar al pasado para saber que así será.

Así pues, quizás me he equivocado con las ideas que os he dado, y quizás piense de otra manera en el futuro. Pero, en base a mi experiencia y los conocimientos que ahora tengo, confío en que os será de utilidad. Al menos a la mayoría... 

Os ánimo a seguir creciendo, confiando y dudando. La vida es una experiencia perfecta de polaridad y contrastes. Llena de emociones, dragones y princesas.





* Ilustración Katy Lemay

martes, 11 de junio de 2019

Nuevas clases online

       Mi canal de Youtube ya no es un bebé... Tiene casi cuatro años. Lo sé porque nació muy poco después de mi segunda maternidad. De hecho, fue inspirado por esta segunda experiencia de cuidar y amar sin condiciones. Necesitaba expandirme, compartirme, desarrollarme, expresarme.

Aunque no los voy colgando uno a uno aquí, hoy quería dejar la clase que cargué ayer, y ya os dejo a vosotros explorar el resto del canal en búsqueda de clases que os sirvan específicamente a vuestras necesidades.

Se agradecen, como siempre, sugerencias, comentarios y visiones.

Esta clase es excepcionalmente suave, destinada a liberar tensiones y cargas temporales o crónicas por medio de movimientos repetitivos suaves y bien respirados.



lunes, 3 de junio de 2019

Inevitable ¡aprender o desaparecer!

             Nuestro cerebro tiene a sus espaldas un proceso de evolución de 2,5 millones de años. Este tipo de cifras, como las de la era de los dinosaurios o las distancias a las estrellas, siempre me marean un poco. Sin ninguna duda, el paso del tiempo va modelando las herramientas ¡y una de las más importantes la llevamos dentro de la cabeza!

      Estamos programados para sobrevivir, por eso tendemos a buscar la seguridad y lo conocido, pero ésta es sólo una parte del programa. También estamos programados para expresar las capacidades que este cerebro tanto tiempo ha estado desarrollando:creatividad, comunicación, conexión, lenguaje, pensamiento abstracto,... Nuestro cerebro ha evolucionado, entre otras cosas, para adaptarse a la mayor complejidad de nuestras sociedades. Y, en el proceso, hemos salido ganando en muchos sentidos  ¡y no sólo una cabeza más pesada!

Mantener nuestro cerebro lo más sano y activo posible es una responsabilidad y un placer. Personalmente sigo algunas prácticas diarias, hoy quiero hablaros de cinco de ellas:

1. Hacer cosas incómodas o que me dan pereza y son importantes (para reducir el control de la parte primitiva del cerebro, reducir el miedo y la ansiedad).

2. Ofrecerme a mí misma desafíos de aprendizaje intelectual, emocional o físico (favorecer lo más sofisticado de mi neurología).

3. Practicar meditación (¡limpia y ordena todo mientras yo me estoy quieta con los ojos cerrados!).

4. Desarrollar relaciones de calidad con las personas que me rodean (activar las zonas del cerebro que se ocupan del amor, la compasión, la empatía, ...).

5. Leer cosas que me inspiran y me ayudan a comprender el mundo de fuera y el de dentro (¡incluso si a veces me siento aún más perdida e ignorante!).

       Me gusta enseñar yoga porque me mantiene activa a nivel neurológico. Simplemente mover el brazo o la pierna ya es una actividad cerebral. El cerebro tiene que decirle al cuerpo qué quiero mover y cuánto y hacia dónde. Considero el movimiento una de las formas más eficientes para mantenerse joven. Por supuesto que favorecemos a todo nuestro cuerpo, pero lo que a menudo se pasa por alto es que reconocer la derecha y la izquierda, coordinar movimientos y mantener el equilibrio son destrezas neurológicas.


      Para los próximos meses destino mi cerebro a la consolidación de las materias que impartiré en el primer módulo formativo de Mindful Vinyasa en Barcelona e Ibiza. En él incorporo diferentes áreas del aprendizaje y de la enseñanza con propósito de fomentar y alimentar nuestra neuroplasticidad. Este es el proyecto que más atesoro y mimo en estos momentos.

Todos los detalles sobre este módulo están en este artículo y más abajo en la agenda: Formación Mindful Vinyasa: Inspiración ética y alineamiento en Barcelona e Ibiza 


       El resto de mi actividad podéis encontrarla en la agenda. Para los proyectos privados a nivel de formación o retiros podéis consultarme directamente, no aparecen en la agenda.

Si pasáis por Ibiza no dudéis en reservar plaza para un Yoga & Brunch en Amante Beach Club, imparto clases de Mindful Vinyasa frente al mar los Lunes, Martes, Jueves y Viernes hasta mediados de Octubre.

¿Qué más? Me encanta saber de vosotros. Agradezco mucho recibir vuestros mensajes con ideas, sentimientos, dudas y consultas. Aprendo cada día gracias a ellos, gracias a todos.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Formación Mindful Vinyasa en Barcelona & Ibiza: reflexiones, objetivos y temario


        No sé si me he adelantado, espero que no mucho. Hace unos cuantos años una querida alumna de Madrid me preguntó sobre cuándo daría una formación. Honestamente, no me sentía preparada. Sin embargo, sí me sentía capaz de estar preparada en un tiempo futuro. 

Ofrecer educación es una gran responsabilidad y, aunque parezca la opción más lucrativa para un profesor con experiencia, a mi me parece que la implicación a nivel ético y de integridad es muy alta y no debe tomarse a la ligera. La relación entre el tiempo invertido y los resultados es mucho más exigente que en ningún otro contexto. La exposición que hacemos de nosotros mismos es mucho más arriesgada. En contraste, el nivel de aportación que hacemos es tan alto que merece mucho la energía invertida. 

     Supongo que hay muchas maneras de hacer esto. Para mi lo importante no es sólo lo que sabemos sino la capacidad que tenemos para organizar nuestras ideas y conocimientos de manera sistemática para que cobren sentido en el mundo de otra persona. También me parece necesario exponer al paso del tiempo nuestras teorías, para ver si son validadas por nuestra propia experiencia e, idealmente, también por personas que saben más que nosotros. 

Personalmente le dedico mucho tiempo a preparar los contenidos, por eso me lo pienso mucho antes de lanzar algo. Aunque me guío mucho con la intuición me gusta la excelencia; las cosas bien preparadas y organizadas me hacen sentir segura. Sólo improviso cuando he preparado mucho algo, es el contraste en el que me siento cómoda. 

En su momento le dije a mi querida alumna que me diera diez años, y creo que han pasado siete. Así que lo siento si me he adelantado, pero me siento lista para compartir sistemas, método y conocimientos con propósito de aportar herramientas.

       Hace más de 11 años que enseño yoga pero no por eso siento haber alcanzado una maestría total. Sin embargo, he llegado a comprender muchas cosas que al principio me resultaban inconexas. Además de comprender, he podido crear y consolidar una manera de transmitir que me resulta especialmente eficiente y que honra tanto el yoga como al alumno que lo recibe. Creo que la enseñanza no debe empapar al que la toma sino mojarle y permitirle regular los poros por los que entra el conocimiento. No comparto ideologías sino ideas, no comparto dogmas sino modelos, no comparto certezas absolutas sino experiencia y visión. Desde ese lugar me siento valiente y completa para empezar esta extroversión de mis métodos de enseñanza.

En estos años he hecho mis propias investigaciones respecto a cómo incorporar en la enseñanza de yoga una escuela de vida. Conseguir que cada cosa que aprendemos sea una metáfora y nos eduque más allá de la esterilla para ser más íntegros, honestos, estables e incluso divertidos ha sido mi objetivo fundamental, consciente o inconscientemente.

       Me declaro formalmente profesora de asana e informalmente me descubro como educadora integral. Me gusta hablar de ciencia, de salud, de pensamiento, de filosofía, de psicología, de meditación, de creatividad, de relaciones… No se me ocurre nada que no merezca ser atendido entre todas las capas que componen una experiencia humana. Sería como dividir a una persona en trozos y mirar sólo su mano pensando que lo vemos todo; sería un error y una pérdida. También quiero honrarme sin fragmentarme.  Por eso, para no dividirme, traigo conmigo mis años universitarios de Sociología y mi década de trabajo en el diseño de moda. No puedo separar el pasado de lo que ofrezco en el presente. Creo que mi coherencia se nutre de estos contrastes y dimensiones.

En mi opinión, en ese afán de integrar, no podemos hablar de anatomía sin hablar de naturaleza, no podemos hablar de movimiento sin hablar de salud y no podemos hablar de presencia sin hablar de la mente. Para mi el yoga son mil conversaciones abiertas que nunca se cierran y están vivas para toda la eternidad.

      En términos de conversación quiero presentar un módulo formativo de treinta horas para profundizar (en la medida de lo posible) en áreas que considero fundamentales de la enseñanza de Mindful Vinyasa. Así es como he conseguido definir mi manera de enseñar Vinyasa. 

No soy la única que defiende un tempo lento y atento dentro del contexto del Vinyasa, a muchos de nosotros nos hace sentir especialmente bien podernos mover con ritmo pero sin ir acelerados. El dominio de una respiración lenta es para mi una victoria fisiológica. Por eso confío tanto en esta manera de practicar el asana en un contexto fluido y dinámico que atiende tanto a las areas de transición como a los puntos de salida y llegada. 

Hace años que ofrezco y elaboro contenido para mis propios talleres y para otras personas que me contratan para desarrollo de proyectos. Gracias a esto he podido generar en torno y junto a mi una comunidad de estudiantes y profesores a la que admiro. Esta formación va dirigida a esa comunidad de profesores. Profesores con criterio y genuinos, que tienen personalidad propia y son practicantes comprometidos y curiosos. Para mi es un lujo pensar que compartiré este viaje formativo e indagatorio de la mano de este grupo de profesores de los que aprendo tanto.

La formación se llama “Mindful Vinyasa: Inspiración, ética y alineamiento” y me gustaría que fuera de 200 horas pero empezaremos con 30 horas porque en realidad será suficiente para trazar un mapa sobre el que cada uno pueda trabajar en soledad esas ciento setenta horas restantes. En el futuro me comprometo a más horas de contenido y contacto directo. Necesito algún tiempo más de investigación.

Os cuento aquí de qué consta y trata este módulo y el temario específico.


MINDFUL VINYASA: INSPIRACIÓN, ÉTICA Y ALINEAMIENTO (30h)

Definición y objetivos

      Mindful Vinyasa es una forma de enseñar y practicar yoga que aúna las bases teóricas y prácticas del Mindfulness con el Vinyasa. Ofrece una práctica dinámica de ritmo lento con base de precisión y alineamiento funcional cuyo objetivo es favorecer el movimiento atento y la integración de la sabiduría perenne del yoga.

Los principios que regulan la transmisión de la práctica son los principios de Enseñanza Inspirada, en la cual el valor del lenguaje, la comunicación y las cualidades de pensamiento y emoción son tan importantes como el conocimiento del cuerpo, el asana y el diseño de secuencia.

Las secuencias pretenden transmitir al alumno conocimiento sobre su propio cuerpo así como valores fundamentales e ideas que inviten a la indagación y la reflexión. 

      En definitiva, desde la perspectiva del Mindful Vinyasa, la práctica de asana ofrece al alumno y al profesor una experiencia integral y óptima para trabajar de manera equilibrada los aspectos físicos, energéticos, mentales, intelectuales y espirituales del yoga.

Los principios que se esbozan en esta formación pretenden aportar al profesor paisajes de exploración y fuentes de inspiración más que patrones formales rígidos. Como decía Vivekananda, el objetivo de la educación no es la aportación de información sino el desarrollo de destrezas y habilidades para seleccionar la información más oportuna en cada momento.

La formación cubre los temas más importantes del Mindful Vinyasa

La inspiración: establecer principios y modelos para mantener actualizada nuestra pedagogía a través de habilidades y fortalezas específicas 

La ética: como modelo regulador de la vida interior y nuestra actuación en el mundo exterior

El alineamiento: comprensión del alineamiento como un concepto amplio que requiere de una visión global del cuerpo y los contenidos de enseñanza


Temario

PEDAGOGIA INSPIRADA 

Elementos clave: Creatividad, claridad mental, conexión e intuición
Relaciones, inteligencia emocional y comunicación
Dominar la mente: fortalezas internas y espirales ascendentes


ÉTICA

Responsabilidad y desarrollo personal: motivación, eficiencia y visión
Principios espirituales y leyes naturales aplicados a la enseñanza
Marketing y relaciones profesionales: definición y estrategias


ALINEAMIENTO

Variabilidad humana y diversidad
Principios esenciales del alineamiento funcional: categorías posturales y respiración
Secuencias y claves formales del Mindful Vinyasa


Detalles prácticos

- Esta formación incluye teoría y práctica.

- Es necesaria la presentación de un proyecto final individual.

- Certificada por Yoga Alliance como educación continua. 

- El curso está dirigido a profesores de yoga. Para personas que no enseñan es posible incorporarse si se sienten cómodas en un contexto especializado.

- El curso incluye entrega de manual.


Fechas confirmadas

Barcelona 2019 
Módulo I: 26-27 Octubre
Módulo II:  30 Nov-1 Dic 
En Yoga & Yoga Barcelona * (inscripción en la escuela directamente)
* Los que cursen la formación en Barcelona pueden añadir estas horas a la formación de 300 horas que ofrece la escuela

Ibiza 2020 
Módulo I: 22-23 Febrero 
Módulo II: 21-22 Marzo 
En Open Space Santa Gertrudis 


Reservas & información: diana@samyamayogaibiza.com

Precio: 390€







sábado, 29 de diciembre de 2018

Enseñanza Inspirada (X): Pedagogía y ética: relaciones íntimas

      No penséis que este artículo será solemne o denso ¡por favor! Afortunadamente, más allá de las palabras está el sentido que les damos juntos. Y esto las hace hermosas. Reflexionar no ha de ser aburrido (el aburrimiento sólo es falta de atención). Reflexionar sobre grandes temas es rico, genera diversidad y respeto a la diversidad que ya existe. Bueno, vamos a por ello. Prometo ir al grano con esta gran temática.

¡Qué mala fama tiene la palabra ética en algunos contextos! Suena seria, solemne, purista, restringida, limitante. Suena a eso que me impide hacer cosas que me apetecen porque me obliga a pensar en el bien común,  e incluso en el mal. Y pedagogía. Bueno, no suena tan mal. Suena a método, a transmisión intencionada de conocimiento, a ciencia y a arte. Para este artículo he querido juntarlas, unirlas, casarlas, para hablar de las dos como si fueran una unidad de expresión humana. Para el contexto de hoy lo necesitamos.

      Para los que enseñamos es posible pensar que existe una fórmula ideal para contar eso que sabemos y queremos compartir. Y que esa fórmula será eficiente y nos permitirá alcanzar nuestros objetivos. Esto tiene que ver con la pedagogía, se ocupa de metodología y de educación, y de ella derivan fórmulas y métodos. 

Sin embargo, más allá de la fórmula lo que realmente pesa en la relación estudiante-profesor es la calidad humana que trae el profesor al contexto educativo a través de su presencia y su sabiduría. Casi todos recordamos asignaturas que nos han fascinado en nuestra juventud gracias a algún profesor inspirado que hemos encontrado. Casi siempre cuando profundizamos nos damos cuenta de que más allá del tema que ese profesor enseñaba nos fascinó su pasión, su presencia, su ecuanimidad, su discernimiento o su manera de comunicarse. La realidad es que nos gustó la persona que contaba esas cosas y cómo las contaba, y por ende eso que nos contaba nos resultó más apasionante o interesante que lo demás. ¡La fuente del discurso resultó ser más poderosa aún que el discurso!

      El comportamiento de una persona está regido por sus valores y su ética personal. Puede estar relacionado con su sabiduría o conocimiento pero no hay una relación directa entre conocimiento y ética ¡muy a mi pesar! Existen personas muy sencillas con un gran sentido de la ética, y personas muy cultivadas con poca ética. Y, por supuesto, a la inversa también. 

La lógica diría que una persona cultivada puede llegar a tener una mayor visión de sí misma y del mundo, comprendiendo las interrelaciones que lo conectan todo. Siguiendo este razonamiento pensaríamos quizás que las personas cultivadas tienden a desarrollar comportamientos más éticos. Pero no es así. 

       La ética es un sentimiento y los sentimientos no saben de lógica. La ética tiene que ver con cómo sentimos y vivimos la vida (bien de manera instintiva, de manera refinada, o un poco de ambas).

La ética implica que vivimos nuestra vida pensando tanto en nosotros como en los demás, que tenemos conciencia de que nuestras acciones, palabras y pensamientos afectan a todo lo que nos rodea. Gracias a nuestra ética somos conscientes de nuestro impacto y regulamos nuestra presencia en el mundo. 

Como profesores hemos de saber que nuestra pedagogía y nuestro sentido ético van de la mano. Así como deseamos mejorar nuestras herramientas para transmitir de manera más efectiva, hemos de depurar y cultivar nuestro sentido de la ética para que coopere en la creación de carisma que esperamos de un buen profesor. 

      El carisma no tiene nada que ver con el protagonismo y la arrogancia; el carisma emerge de la coherencia con la que un profesor impregna su contenido y su comunicación. Cuando enseñamos activamos respuestas de imitación en los alumnos. El conocimiento y la inspiración que permean en el estudiante lo hacen a través de lo que decimos, cómo lo decimos, lo que hacemos y cómo lo hacemos. En definitiva ¡impactamos en el otro con lo que somos!

Por eso un buen profesor tiene la responsabilidad personal de hacer su trabajo interior a la vez que desarrolla su trabajo en el mundo; dedicándole tiempo a ordenar sus valores y asegurándose de que impregna su enseñanza de bondad, verdad, belleza y pureza.

¿Cómo puede un profesor hacer este trabajo interior? Os dejo para hoy tres ideas para empezar a trabajar y profundizar… Hay muchas más puertas, muchos más caminos, muchas más maneras de explicarlo.

  • Toma conciencia de tu desarrollo personal y tu responsabilidad en términos de tu labor social como creador de cultura y valores. Se puede ser feliz sin por ello olvidar las cosas importantes de la vida, la ligereza vital viene de tener el trabajo bien hecho, no de eludirlo. 
  • Revisa principios espirituales y leyes naturales para traerlos a tu vida cotidiana y a tu trabajo. Tradiciones y culturas de todos los tiempos han reflexionado sobre cómo vivir en sintonía con el alma y con el entorno, no es una casualidad. Meditar, escuchar, leer textos de sabiduría. Busca esos lugares y personas que ya poseen o han desarrollado ese estilo interior que, guiados por el corazón, son capaces de dirigir a la mente hacia sus talentos y dones.
  • Cultiva satva (pureza) en tu comunicación, marketing y relaciones profesionales. No es labor del profesor convencer ni atraer a sus alumnos, ni siquiera fidelizarlos. La tarea del profesor es cultivar su conocimiento, sus valores y su práctica. El resto es consecuencia de esto. Ciertamente, queremos compartir lo que sabemos hacer y lo que ofrecemos, y para eso hemos de usar los medios de comunicación. Sin embargo, no sirve de nada embellecerlo de más, decorarlo para impresionar o darle excesiva importancia. La belleza emana de aquel que ha conquistado su interior. Como dice Stephen R. Covey “No hay victoria pública que no venga precedida de una victoria privada”.

      Por todo esto considero que es tan importante cultivar al método y el conocimiento, como lo es cultivar el corazón y el pensamiento. Tan importante es pensar en lo que me beneficia, como pensar en lo que beneficia a los demás. Tan importante es que yo pueda contar lo que quiero, como que tú puedas aprender lo que quieres. Tan importante es que mis éxitos me sirvan a mi, como que yo te pueda servir a ti en los tuyos. 

Así pues, desde aquí le deseo dulce vida al matrimonio de la ciencia de la educación con la ciencia del corazón. Larga vida y manos unidas a nuestra pedagogía y nuestra ética, para que puedan intimar y caminar juntas. Con todo esto espero que profundizar en este tema os despeje la azotea y os aligere el corazón. Deseo que os den ganas de navegar, remar, mover las velas y gozar del viaje empujados por la suave brisa de la vida inspirada y despierta. 

Como siempre, gracias, gracias, gracias.





* ¡Y ya vamos por el décimo artículo de esta serie!

Si no habéis leído los anteriores aquí os dejo los links:













* Ilustración Nick Ogonosky