domingo, 31 de diciembre de 2017

Enseñanza Inspirada (VII): Hablemos de money money money

      Cuando yo era muy joven y veía la televisión había un programa que se llamaba Hablemos de sexo. El interés del programa era traer conversación directa, honesta e informada sobre cuestiones de lecho y roce que no se hablaban de manera natural, pública y abierta. Era necesario y oportuno.

Partiendo de la idea de que todos tenemos una vida sexual (está en nuestra biología, la practiquemos o no) parece saludable conocer cómo esta parte de nuestra humanidad se puede expresar y cuidar, sobre todo teniendo en cuenta que es una de las grandes formas en las que nos comunicamos en relaciones de intimidad.

       ¿Qué hay en el mundo del yoga que requiera de la misma claridad y honestidad? ¿Cuál es la razón por la cual sólo un porcentaje pequeño de los profesores vivimos legalmente de esta profesión? Necesitamos hablarlo. Es una cuestión de sostenibilidad financiera. Y, como veremos, de darle tiempo al talento para que se refine, y de hacer una buena limpieza en los filtros con los que contemplamos el mundo.

Primero, quiero aclarar que no pienso que todos los profesores deban dedicarse a tiempo completo a esta profesión. Es una profesión que se equilibra muy bien en compatibilidad con otras actividades paralelas pues se puede desarrollar de manera autoregulada.

Segundo, hablo aquí desde mi perspectiva cuántica de potenciales y posibilidades. Quizás algunos de perspectiva más materialista o racionalista tengan dificultad para resonar con los conceptos. No es necesaria esa resonancia, pero sí os invito a curiosidad puesto que estas ideas están testadas y validadas más allá de mi propia experiencia. Y, como dice el biólogo Bruce Lipton, si todos estamos mirando al mundo con nuestras gafas de creencias que lo filtran todo, podríamos al menos ¡elegir esas gafas!

      En una reciente entrevista a Ella Cojocaru (profesora de yoga y ex-atleta) insistía mucho en recordar que esta profesión es sufrida, y que quienes no lo tuvieran claro mejor no se lo plantearan. Sugería que nos preguntemos cada día qué queremos, y si estamos dispuestos a asumir las renuncias o esfuerzos que ello conlleva.

      Tradicionalmente algunas carreras, como las artísticas, han cargado con el peso de saber que sus posibilidades son muy inciertas y de dudoso éxito financiero. O, al menos, muy impredecibles. Por el deseo de seguridad o estabilidad financiera en todas las sociedades modernas han triunfado profesiones de menos incertidumbre... El profesor de yoga se mueve en el terreno de la incertidumbre, y en algunos casos en terreno precario.

Afortunadamente hoy ya hay muchos programas de formación de profesores que incluyen contenido específico para que los alumnos conozcan diferentes maneras de desarrollarse y crecer, para hacer de su intención una profesión. Por fin, en el yoga se habla del factor dinero como algo determinante a la hora de tener éxito en nuestra ilusión de compartir y gozar enseñando.

A mi me gustaría incluir una visión grande de esta cuestión, que no pretende comunicarse a través de los números pero afectará a cómo los vemos y establecemos relación con ellos.

      Primero, necesitamos tener una visión a largo plazo de cualquier proyecto o profesión ¡y ésta situación no es diferente! Quien quiera dedicarse a tiempo completo a enseñar yoga debe desarrollar cualidades de resiliencia y humildad, cosas que naturalmente emergen en nuestra práctica de asana y que, sin embargo, son virtudes débiles en nuestra sociedad de placeres y éxitos inmediatos. Hacer bien las posturas, amar el yoga o estar bien formado no son suficientes factores para tener éxito. Son muy relevantes los factores tiempo, experiencia, investigación, estudio, práctica personal... Las horas de vuelo,  sobre todo, revisando la ruta y reconociendo los errores, nos ayudan a ir dirigiéndonos hacia nuestros talentos como profesores.

Desde mi experiencia, cuando nos situamos en nuestro talento específico (sin necesidad de imitar a nadie pero humildemente, sin necesidad de ser validados pero atentos a los resultados, sin miedo a ser distintos pero sin arrogancia) naturalmente el trabajo y el flujo de dinero y fortuna aparecen (y esto se aplica a cualquier profesión).

       Estoy indicando aquí una ruta para que pueda ser trazada de manera voluntaria. Sin embargo, no sería honesto que dijera que yo la he seguido siempre. Como ya he mencionado en otros artículos, yo no tenía intención de dedicarme a esta profesión. Gracias a todos los milagros que me retuvieron en los momentos difíciles puedo ver en mi recorrido cómo el haber reconocido lo bien que me sentía al enseñar me ha ayudado a atravesar las cortinas densas de la incertidumbre y la insostenibilidad de esta profesión, especialmente en algunas etapas.

La mirada de abundancia ha de preceder a la abundancia. Esta es la revolución. Si nos sentimos en escasez raramente tomaremos decisiones de abundancia y coraje que traerán a nuestro mundo las bendiciones que caen sobre el que obedece a su corazón valiente (¡no imprudente!). La mirada de abundancia está en ver lo que ya existe. Quizás en algún trabajo no encontraremos la remuneración económica que esperamos, pero sin embargo encontraremos ganancias en forma de experiencia, relaciones de calidad o confianza, y servicio. Sentirnos explotados es una elección personal, nadie nos obliga a aceptar trabajos de baja remuneración, sentirnos víctimas es la manera más rápida de empobrecernos. El poder personal se encuentra en la responsabilidad de mejorarnos para encontrarnos en mejores condiciones en el futuro. Y,  así, sentirnos más satisfechos en el presente. Mejorarnos no se refiere sólo a aspectos formativos, sino a aspectos de actitud, motivación, dedicación, gratitud, presencia...

Si sois profesores, consideraos artistas. Contemplad cada clase que ofrecéis como una audición sin competición en la que verdaderamente exponer vuestro talento único al servicio del mundo. Observad cada esfuerzo económico para conquistar vuestro sueño como la mejor inversión posible. Contemplad cada resultado no esperado como una puerta a algo nuevo y desconocido.

En mi lista de experiencias como profesora incluyo muchas que algunos considerarían que no apuntaban en ningún caso hacia que las cosas me fueran bien: alquileres de salas superiores a los ingresos que obtenía dando clase, inversiones en viajes y cursos muy superiores a mis recursos, compromisos fiscales no siempre sostenibles...

      No nos engañemos. Esta profesión es exigente. Y esto que os cuento no siempre es fácil de aplicar. Dar muchas clases eleva el espíritu pero puede afectar al cuerpo, y, sin embargo, dar pocas clases no es muy sostenible siempre (aquí influyen las condiciones para el autoempleo según países, las responsabilidades familiares, el mercado en el que ofrecemos nuestro trabajo...). Por otro lado, mucha gente afirma que el dinero se encuentra en dar formaciones pero ¿cuándo estamos realmente preparados para formar gente? ¡Cuando tenemos experiencia y conocimiento suficiente! Y en algunos casos eso tarda mucho, y es bueno que así sea... La sabiduría se puede vestir de pelo gris y de arrugas, no pasaría nada... Lo del éxito en la juventud es una posibilidad, no una obligación... Hay muchos caminos y no sería interesante limitarnos a uno solamente.

El éxito profesional es algo que ocurre cuando hemos hecho las cosas lo suficientemente bien el suficiente tiempo y con la suficiente integridad como para recibir más responsabilidad. Porque el éxito es responsabilidad. Es más trabajo, más compromiso y más impecabilidad. Y para eso también hay que prepararse. En eso estamos y debemos estar todos: en prepararnos cada día para los retos del día siguiente.

La arrogancia nos puede traer más dinero porque tengamos capacidad de vender o seducir. Sin embargo no hablo de ese tipo de abundancia financiera sino de la que nos da la libertad de dedicarnos a lo que amamos de manera satisfactoria e íntegra, honrando la profesión que nos da de comer.

      Lo primero que cualquiera de nosotros debe preguntarse es ¿qué estoy dispuesto a dar? ¿cuánto estoy dispuesto a agradecer cada oportunidad? ¿cómo puedo dejar la queja de lado para siempre? ¿cuánta paciencia tengo para poner en este proyecto? ¿estoy dispuesto a aprender desde la base y dedicarle a cada etapa todo mi amor? ¿qué creo que es el éxito?

Me gusta mucho lo que dice Mo Gawdat (uno de los grandes directivos de Google): nuestro propósito nos encontrará si nos hemos dedicado a desarrollar nuestra habilidades y actitudes a su nivel más elevado. No hemos de perseguirlo, sólo desarrollar nuestros potenciales. Cuando seamos esa persona talentosa, habilidosa, dedicada y cualificada que podemos ser, naturalmente seremos conducidos por la vida a los lugares en los que podemos brillar o tener impacto positivo en el mundo. En este contexto, también la vida naturalmente responderá a nuestra dedicación ofreciendo el recurso financiero necesario.

Y por otro lado, es muy importante entender que la vida son ciclos. Y que tiene un grado de esfuerzo o aspereza que le es propio y es natural. Cuanto más entendamos los momentos duros como naturales, menos duros nos parecerán, y con más naturalidad los surfearemos.

También hemos de aprender a tomar decisiones responsables. Cuando una gran mayoría de los profesores eligen en España trabajar en negro es muy difícil cultivar un respeto desde dentro y desde fuera por la profesión. Es necesario buscar y rebuscar fórmulas legales y confiar en que es posible y así dar ejemplo para que otros compañeros hagan lo mismo.  Soy consciente de que en España esto es un reto, pero considerémoslo una oportunidad. Personalmente, cada vez que he asumido nuevas responsabilidades me han llovido bendiciones inesperadas y oportunidades imprevistas.

     Con estas ideas os quiero animar a que no os enfoquéis lo primero en el dinero. Éste sigue a la dedicación y la actitud, no es a la inversa. Pongamos la atención en ser profesores cualificados, competentes, expertos, amorosos y honestos. Entendamos que en ese recorrido habrá momentos difíciles que representan las cimas de nuestras habilidades, y que iremos culminando y escalando y descubriendo al ritmo que sea natural para nosotros (¡será diferente para cada uno! es la belleza de la diversidad...).  

Los momento difíciles son pequeñas pruebas, comparadas con el gran regalo de llanear observando el paisaje en algunas etapas. No nos dejemos impresionar por Instagram, Facebook u otras redes sociales. Cada profesor célebre o respetado al que he escuchado hablar cuenta esta misma historia: es bonito, pero no siempre es fácil, y la paciencia es la mejor herramienta.

      De corazón os invito a que también recordéis que esta profesión es de servicio a los demás, no a nuestro ego o complacencia. Lo importante es cuantas estrellas caben en nuestro firmamento, y no cuantos "me gusta" nos han dado desde un teclado. Aunque todo cuente, hemos de conocer el orden de los factores... Que en este caso sí altera el producto (no se aplica la ley conmutativa). 


Por último, y no menos importante, es muy positivo y necesario revisar el armario viejo y polvoriento de nuestras creencias sobre el dinero y el éxito. Algunas personas no prosperan porque no creen que sea posible, infravaloran sus cualidades o están temerosas ante la idea de exponerse y fracasar. El fracaso no existe, la vida es entrenamiento permanente, los frutos no son siempre los que esperamos, pero frutos son...

      Como final quiero dejaros estas citas en inglés (de la revista Forbes). No he encontrado material en castellano así de acorde a lo que os quiero transmitir sobre las posibles visiones del fracaso y el éxito... No es un fracaso si no las entendéis, sino una oportunidad para pedirle a un buen amigo que os las traduzca y compartir un rato... :-)

Os deseo un maravilloso inicio de año, con mirada de abundancia y prosperidad auténtica.
Sois mi inspiración y mi motivación. 

* Ilustraciones Daniela Ferreti  www.danielaferreti.com



 Algunas citas de la revista Forbes...


"Failure isn't fatal, but failure to change might be" - John Wooden

"Everything you want is on the other side of fear."  - Jack Canfield
“Only those who dare to fail greatly can ever achieve greatly.” - Robert F. Kennedy
“The phoenix must burn to emerge.” - Janet Fitch
 “If you're not prepared to be wrong, you'll never come up with anything original.” - Ken Robinson
 “Giving up is the only sure way to fail.” - Gena Showalter
 “If you don’t try at anything, you can’t fail… it takes back bone to lead the life you want” - Richard Yates
“Failure should be our teacher, not our undertaker. Failure is delay, not defeat. It is a temporary detour, not a dead end. Failure is something we can avoid only by saying nothing, doing nothing, and being nothing.” - Denis Waitley
“When you take risks you learn that there will be times when you succeed and there will be times when you fail, and both are equally important.” - Ellen DeGeneres
“It's failure that gives you the proper perspective on success.” - Ellen DeGeneres
“There is no failure except in no longer trying.” - Chris Bradford
“I have not failed. I've just found 10,000 ways that won't work.” - Thomas A. Edison
 “Success is not final, failure is not fatal: it is the courage to continue that counts.” - Winston Churchill
“There is only one thing that makes a dream impossible to achieve: the fear of failure.” - Paulo Coelho
“Pain is temporary. Quitting lasts forever.” - Lance Armstrong
“Success is stumbling from failure to failure with no loss of enthusiasm.” - Winston Churchill
“I'd rather be partly great than entirely useless.” - Neal Shusterman
“The only real mistake is the one from which we learn nothing.” - Henry Ford
“Failures are finger posts on the road to achievement.” - C.S. Lewis
“Winners are not afraid of losing. But losers are. Failure is part of the process of success. People who avoid failure also avoid success.” - Robert T. Kiyosaki
“Every adversity, every failure, every heartache carries with it the seed of an equal or greater benefit.” - Napoleon Hill
“You build on failure. You use it as a stepping stone. Close the door on the past. You don't try to forget the mistakes, but you don't dwell on it. You don't let it have any of your energy, or any of your time, or any of your space.” - Johnny Cash
“It’s not how far you fall, but how high you bounce that counts.” - Zig Ziglar
“When we give ourselves permission to fail, we, at the same time, give ourselves permission to excel.” - Eloise Ristad




domingo, 10 de diciembre de 2017

Entrevista en Yoga Journal

Cada pienso y siento que no hay nada en el mundo exterior que pueda validar la integridad y belleza de nuestro mundo interior. Sin embargo, a veces hay cosas que hacen un espejo en el que nos agrada habernos encontrado con nosotros mismos, sin por ello pensar que el espejo somos nosotros. 

En Septiembre tuve el placer de ver publicada una entrevista que me hico Lucya Passardi para Yoga Journal España. Tras tres horas de entrevista quedaron muchas cosas sin reflejarse en la versión escrita. Sin embargo, creo que la selección de contenido es hermosa y completa. 

Espero, si no lo habéis visto (o comprado la revista como mi madre y mi suegra), podáis disfrutarlo ahora que ya no está en los quioscos... :-)

Aquí están las tres páginas... 

* Si queréis la versión en pdf escribidme a diana@samyamayogaibiza.com





viernes, 17 de noviembre de 2017

Mis clases online ahora en Gaia.com

Queridos amigos, alumnos, compañeros y lectores de este blog.

      Me he sumido en la escritura reflexiva y educativa y apenas pongo aquí cositas triviales o eventos concretos. Confío en que de alguna manera estéis conectados a las newsletter mensuales o a las redes sociales donde también reflexiono pero voy poniendo los avisos de cursos y clases. 

      Rompo la temática inspirada para compartir que mis clases online de aomm.tv han pasado a las web de gaia.com. Este canal es la mayor plataforma que existe de yoga, espiritualidad, ciencia, conciencia y cultura mística y holística con documentales, entrevistas, cortos y sabiduría para elevar la mente y refinar el cuerpo. 

      Para mi es un honor puesto que soy seguidora de esta web desde hace muchos años, y de repente ver mis clases en el canal que yo sigo que tiene profesores tan maravillosos me deja con la cara pálida y el corazón agitado. A lo mejor si hubiera sabido que esto iba a pasar no me habría expuesto, puesto que grabé estos vídeos hace mucho y, afortunadamente, he mejorado como alumna y como profesora. Pero bueno, así es la vida, y esto queda al aire, como el cultivo de un bebé, para recibir el sol del mundo.

Os invito a pasear por la plataforma, es una delicia para estudiosos y curiosos.

www.gaia.com



martes, 31 de octubre de 2017

Enseñanza Inspirada (VI): Individualidad y Aprendizaje


      El alumno no es un apéndice del profesor. Tiene una individualidad única, y tiene derecho a interpretar las enseñanzas y la práctica de una manera personal. Hemos de prestar atención a los dogmatismos, en nosotros y en los demás. Vivimos en un universo de infinitas posibilidades ¡no lo reduzcamos con nuestra estrecha mente! 
En el intercambio alumno - profesor, existe una línea horizontal que mueve el conocimiento y la sabiduría de manera bidireccional; escuchar y aprender de ese intercambio es una labor muy noble y necesaria para mejorarnos.
¿Por qué pongo este tema en la mesa de nuestra enseñanza inspirada? 
      Me considero más alumna que profesora de yoga. Con gusto y dignidad desempeño mi labor voluntaria y apasionada de educadora, pero no olvido nunca que el espacio donde todo ocurre es en la integración de los conocimientos y prácticas en mi propia vida. 
Aprecio mucho a las escuelas y profesores que tienen personalidad, y que esas escuelas quieran crear identidad, sello y personalidad. Esto no es incompatible con recordar que, así como no habrá dos cuerpos que interpreten de igual manera una postura, no habrá dos mentes que aprendan y elaboren de la misma manera, y no habrá dos corazones que sientan igual.
      Si como alumnos apreciamos que se respete en una sala nuestra individualidad, como profesores hemos de renunciar a la tentación de estandarizar conocimientos y prácticas. 
Mantener una mente escéptica, que duda de lo que sabe y espera a que la experiencia le demuestre la validez de sus ideas, da lugar a un espacio de libertad que el profesor experimenta dentro de si mismo y que el alumno percibe al recibir las direcciones de su práctica.
      En una clase ideal, cada alumno debería salir sintiendo que disfrutó de una clase adaptada a sus necesidades. No digo que sea fácil, pero buena instrucción verbal y ligeros ajustes personales, si hubiera posibilidad, pueden dar lugar a una enseñanza multicolor que permita la expresión de las diferencias y talentos únicos de los alumnos. Basta con hacer saber al alumno que lo fundamental es la validez que tiene lo que hace para sí mismo, no para el libro de yoga, ni para el profesor senior ni para el compañero experto que está al lado. La validez de nuestro yoga viene dada por su capacidad para traer éxito y abundancia a nuestra vida en forma de salud, claridad mental y bondad. 
Una cualidad suave en la textura de la mente mantiene al tejido que aprende (la neurología que se reparte por todo nuestro cuerpo) versátil y disponible. Así, las ideas nuevas pueden hacerse sitio entre los hábitos y las certezas manteniendo la curiosidad eternamente viva. Como decía Einstein “Yo no tengo ningún talento especialmente, simplemente soy apasionadamente curioso”.
      Creo que desde este lugar podemos defender esa individualidad que aprende, sin separarnos los unos de los otros, honrando nuestras curiosidades y experiencias plásticas y diferentes.

El profesor que incluye estas ideas entre sus intenciones jamás se sentirá herido cuando alguien duda de lo que enseña o toma un camino diferente, pues sabe que hizo bien su trabajo. Ese profesor sabe que no es imprescinidible ni creador de tendencia, sabe que en su práctica diaria está su éxito. No en ser imitado ni seguido ni adulado. ¡Qué paz! ¿No?



* Ilustración: Helena Pallarés

sábado, 23 de septiembre de 2017

Enseñanza Inspirada (V): Respeto, curiosidad y admiración

      Considerando que tengamos el privilegio de estar enseñando o educando con el lenguaje del yoga, frecuentemente nos encontraremos en una esterilla mirando hacia un espacio en el que habrá, al menos, una esterilla más. Es importante cómo miramos a esa otra esterilla, a la metáfora que en ella se desarrolla y a la persona que representa el teatro de las posturas en su propio cuerpo. 
      La primera vez que me puse en una esterilla en el lugar de profesora se me hizo muy extraño. Me sentía separada de las demás personas de la sala, perdida en esas miradas que se dirigían hacia mi, pensando en qué habría detrás, sin asumir que yo era el foco de esas miradas. 
A pesar de mi torpeza, y mis escasos recursos pedagógicos, tras esa primera clase decidí que este era el trabajo más bonito que había hecho nunca (por las sensaciones que emanaban de todo mi cuerpo).
     Quiero contextualizar esta sensación. Esto fue hace exactamente diez años (mes de Septiembre de 2007). Llevaba más de cinco años trabajando en moda, y tenía en ese momento un trabajo precioso como diseñadora, que me gustaba y me permitía expresar mi creatividad. Sin embargo, nunca me había sentido en un lugar tan hermoso y tan útil como en aquella primera clase con cara de pez. Nunca había experimentado el placer de cuidar de los demás a la vez que trabajaba. 
      Desde el principio sentí mucho respeto por las personas que se acercaban a mis clases, incrédula de que les resultara una experiencia completa y suficiente viniendo de una profesora tan novel (¡aún me siento así muchas veces!). 
Han pasado muchas estaciones en mi vida personal desde entonces y en esta profesión he ido sumando horas de vuelo (como me gusta llamar a las horas de enseñanza ¿acaso no es el profesor un piloto?). Gracias a esas estaciones y esas horas he ido sacando algunas conclusiones (que imagino que habrán variado bastante dentro de diez años) y hoy quiero hablar de algunas de esas conclusiones, que son pequeños mapas para mi día a día.
     En cierto modo, cuando enseñamos aspiramos a meter la pata lo menos posible. No significa evitar todos los riesgos, significa evitar precipitarnos. Creo que un buen principio para observar el mundo desde la esterilla del profesor es mirar a todos los alumnos como si fueran héroes. Cada uno de ellos organizó su vida (tiempo, finanzas, familia, trabajo,…) para estar aquí en este momento (incluso el que llega tarde). Puesto que la experiencia es grupal no debemos permitir faltas de respeto repetidas por parte de nadie en cuanto a horarios y formas. Sin embargo, un alumno que ocasionalmente llega tarde, ha de ser saludado, honrado e invitado a la clase (no sabemos qué se puso es un camino, ni cómo fue su día, ni la necesidad de cariño y atención que puede tener,…).
      El profesor de yoga es un orientador en la creación de espacio interior. Primero hemos de crear espacio en nosotros mismos para mirar a cada estudiante sin prejuicios, y no juzgar su experiencia o práctica como buena o mala. Si algo nos irrita especialmente en algún alumno, hemos de reconocer y acoger esta realidad, haciéndonos responsables de la parte que nos toca en cuanto a actitud, creencias, aversiones y apegos.
Considero muy positivo mostrar mucha curiosidad a la hora de observar, sin dejar que nuestro conocimiento formal se interponga en el encuentro humano, y permitiendo que  nuestra sabiduría experiencial fomente este encuentro desde el respeto.
      Si conseguimos crear un contexto en el que el alumno, de manera segura y valiente, pueda explorar y descubrir caminos nuevos, permitiremos que lo que se ha abierto en su conciencia no se vuelva a cerrar (conocimiento, claridad, inspiración,…). Si en el espacio seguro y recogido de nuestra esterilla, bien acompañados, bien sentidos, bien nutridos ¡y un poco perdidos! podemos descubrir quiénes somos, y admirarnos un poquito, se abre un camino en el que una sana confianza y una madura valentía pueden surgir en la vida cotidiana, generando el cambio y las nuevas realidades interiores que están deseando manifestarse. 
     Vivekananda decía que la educación es la manifestación de la perfección que ya existe en el hombre. ¿No pensáis que si damos el contexto adecuado, y esas perfecciones se manifiestan, el practicante empezará a admirar esas perfecciones y moverse por el mundo consciente de ellas?
¿Y qué son esas perfecciones? Quiero aclarar, porque la perfección en nuestra cultura es algo culminado. En este contexto yo comprendo las perfecciones como virtudes. Y comprendo la virtud como habilidad sublime no completada, pues está en desarrollo y maduración, eternamente.  La perfección es algo vivo que se despliega, y lo hace especialmente bien cuando las circunstancias son propicias. ¿Quiero decir que las circunstancias lo son todo? Son mucho, pero no son todo.
      Lo decía Ortega y Gasset: yo soy yo y mis circunstancias. Si yo, como profesora, consigo crear las circunstancias, al practicante ya le queda solo la mitad del trabajo. Y eso es enseñar. Enseñar es navegar en equipo. Es compartir proyecto, sudores, miedos, pasiones y propósitos. Para educarnos juntos hemos sentirnos juntos. Y el profesor puede, con su respeto, su admiración y su curiosidad desbordantes, hacer sentir a sus alumnos que está con ellos, que siente con ellos, que respira con ellos y que cree en una relación horizontal bi-direccional entre el que enseña y el que recibe. En lo abstracto de estas direcciones invisibles, llega un momento en el que todos nos damos cuenta de que todos estamos enseñando, y todos estamos aprendiendo. El profesor que olvida que está aprendiendo, está perdido en sus certidumbres y en sus hábitos. Cuanto más tiempo llevamos enseñando, más riesgos. Hagamos como les pedimos a nuestros alumnos, mantengamos la mente del principiante viva y despierta, sin apolillarnos, sin dormirnos, admirándonos.


     Hoy quiero mencionar algunas maneras de traer estos conceptos a la práctica, para que se vea qué significan para mi.
      No debemos nunca asumir que una persona con un problema de salud, o una limitación en su movilidad, es débil. Cualquier cuerpo impulsado a explorarse descubre talentos inexplorados. Todo cuerpo vivo guarda y conserva espacios de fuerza, es nuestra labor descubrirlos. Así, el que se siente débil, puede salir de su sesión de yoga motivado de sus progresos. Probablemente seguirá practicando porque descubre su poder interior a través de su práctica. 
Para promover esa admiración del alumno hacia sí mismo podemos siempre animarle a superarse (sin violencia), a cultivar su resiliencia, evitando la pereza, y a usar su respiración y su actitud para encontrar placer en los desafíos y los esfuerzos. Así como hemos de ser sensibles cuando alguien está forzando una postura, perdiendo elegancia y gracia, debemos ser sensibles a aquel que sólo pone la mitad de sus recursos en marcha. 
      Nuestra práctica de yoga no es el contexto en el queremos guardar la energía, porque todo lo que ponemos nos viene devuelto y multiplicado en vitalidad y bienestar. ¡Es un buen lugar para invertir! Cuando invitamos a los alumnos a poner más pasión en las posturas considero más seguro hacerlo verbalmente, y no con ajustes manuales. No creo que debamos ajustar para ayudar al alumno a avanzar en las posturas, sino para que pueda sentir el cuerpo mejor colocado. Es mejor que el alumno avance a su ritmo y con sus recursos hacia su siguiente nivel, y allí dar el ajuste si estamos seguros de que es necesario. Personalmente, las pocas veces que me he hecho daño guiada por otro profesor han sido veces en que me han movido el cuerpo allí donde yo no podría haberlo hecho con mi propia fuerza, con lo cuál no estaba protegida por mi propia musculatura ni con mi conciencia corporal.
     Tengo también algunas ideas respecto al dolor. No puedo crear ciencia ni corriente de pensamiento, pero puedo compartir mi experiencia. He visto que hasta las personas que decían sentir dolor todo el rato, han encontrado un puente en ese dolor hacia más libertad usando posturas y respiración bien combinados y adaptados. Si yo hubiera atendido sólo a su dolor a la hora de guiarles, no les habría propuesto hacer nada. Sin embargo, a veces es más completo atender al dolor tanto como a la posibilidad, y la vía, para encontrar el espacio sin dolor. Detrás del dolor, normalmente, hay libertad de algún tipo. La falta de movimiento en general aumenta el dolor, así que lo ideal será siempre encontrar el máximo movimiento posible con el menor dolor posible. Interpretar esto de manera adecuada es importante. Los resultados en este contexto son lentos, pero están asegurados si guardamos fe y una buena praxis. Personalmente, cuando viene alguien a mi consulta privada y siento que no estoy preparada para ayudarles se lo hago saber. No soy profesora de yoga terapéutico, aunque uso el yoga para trabajo terapéutico. Incluso el yoga en algunos momentos puede ser una opción inadecuada, y es bueno darnos cuenta.
     Respecto a mi propia práctica también tengo algunas conclusiones. A veces, practicar con un poco de dolor es mejor que no practicar. Aunque todo depende del tipo y el origen del dolor. Movilizar suavemente, respirar profundamente, sentir el cuerpo, aunque sea en la mínima de las expresiones, casi siempre es lo mejor. Y mejora mucho el ánimo, que es lo que más afectado queda cuando tenemos dolor o limitaciones. Hasta hace poco no había tenido ninguna lesión, y ahora que la he tenido he llegado a esta conclusión tras explorar múltiples caminos. Por supuesto, esto es sólo mi experiencia personal. Creo que amo tanto el yoga que estoy dispuesta a pagar con un poquito de dolor excepcionalmente, a cambio de una práctica estimulante y renovadora. ¿Será vicio o que me encanta ese momento al final de la práctica en el que puedo admirar mis jóvenes virtudes madurando?

Y aquí cierro tema. En este artículo he querido mojarme sin empaparme. Espero haberos salpicado de algo fresco y vibrante.

Gracias por vuestra escucha y atención. Dejo estas conversaciones abiertas, no dudéis en escribirme con dudas, consultas, correcciones, sugerencias u opiniones a diana@samyamayogaibiza.com



* Ilustración Lucy Rose



jueves, 31 de agosto de 2017

Enseñanza Inspirada (IV): Conquistas e Identidad

     Como profesores queremos modelar la realidad, la nuestra y la de los demás. En este contexto considero un riesgo el esfuerzo dedicado a impresionar a los alumnos con todo lo que sabemos, pudiendo invertir ese tiempo en crear un contexto en el que ellos puedan admirarse a si mismos. 
Buscar la validación de nuestros alumnos, creando una imagen grandiosa de estatus o sabiduría en nosotros, sólo creará en ellos complejos, dudas y miedos. El profesor ha de cultivar intensamente su propia honestidad, humildad y cercanía. El alumno debe sentirse protegido, amado, respetado y orientado hacia su grandeza, como un hijo se sentiría guiado por un buen padre o madre. Esta conexión ha de ser incondicional, no debe depender de nuestro estado emocional. 
     Desde que nacemos nos orientamos naturalmente hacia ser amados y aceptados. En última instancia, es un reflejo que pertenece a nuestra supervivencia; si hay alguien que nos ama y acepta, es más probable que ese alguien esté dispuesto a protegernos, alimentarnos y cuidarnos, y eso nos da más probabilidades de sobrevivir.
Hemos de empezar por reconocer esta necesidad, y ver cómo se expresa en nuestra comunicación y relaciones. La mayoría de nosotros exponemos al mundo solamente lo que pensamos que será aceptado; y gastamos bastante energía en ocultar lo que consideramos que son defectos, debilidades o taras. Poca gente se hace una foto para su Instagram el día que tiene un grano en la nariz y grandes ojeras. Esto es normal y sano: queremos dar lo mejor de nosotros. El problema es la obsesión por parecer perfectos y exitosos.
    En resumen, todos queremos ser bonitos y que los demás así lo piensen. Sin embargo, en cuanto a veracidad e integridad, esta búsqueda rompe el orden natural. La expresión de la vida humana contiene diversidad de lenguajes y realidades, y muchos de éstos forman parte de lo que consideraríamos inadecuado e insuficiente: un trauma infantil, una enfermedad, emociones fuera de control, incoherencias, miedos, ignorancia, y un muy largo etcétera.
La madurez nos va dando un poco de perspectiva sobre todo este teatro, y podemos decidir qué papel queremos jugar. Aunque seamos profesores o practicantes de yoga no tenemos todas las soluciones ni hemos superado todos nuestros problemas. Seguramente moriremos sin superar muchos de ellos. Sin embargo, lo que nos gustaría es morirnos habiendo aceptado esos problemas, habiendo hecho las paces con las insuficiencias de nuestra vida (que muchas veces son nuestros mayores tesoros). 
      Lo primero a observar es en base a qué hemos decidido que nuestros problemas nos hacen insuficientes. Por qué hemos decidido que una enfermedad nos hace débiles, un trauma nos hace delicados, o un problema financiero es una vergüenza. ¿En base a qué paradigma construimos nuestro valor? Desafortunadamente, culturalmente construimos nuestro valor en base a lo que conseguimos, no a lo que somos; en base a objetivos y no al camino. Si fueramos capaces de reconocer que no tenemos que demostrar que nos merecemos la vida y pudieramos sentir nuestro valor intrínseco, la mayoría de los problemas de auto-amor y auto-respeto desaparecerían. 
    Quizás pensáis que no viene al caso hablar de auto-amor. Sin embargo, un profesor que necesita validar su derecho a estar aquí tenderá a crear relaciones más competitivas en sus clases, tenderá a buscar fans en vez de alumnos, tenderá a reducir el yoga a conquistas en vez de transmitirlo como un camino, y probablemente olvidará que necesita de los demás para ir superando y puliendo esas aristas de la personalidad que sólo cambian cuando reconocemos nuestra vulnerabilidad.
    En este contexto es importante no identificarnos con lo que hacemos o tenemos. Y así mantener nuestro equilibrio emocional. La identidad con el alma asegura que las fluctuaciones del mundo exterior nos afectarán menos. Así elijo, por ejemplo, no identificar el número de alumnos o seguidores con el valor de mis clases o talleres (tan peligroso es sentirse exitoso como sentirse un fracaso), sino que pongo el valor de mis clases en el amor y la dedicación que les pongo. Y por otro lado pongo el número de personas que vienen. Pero no hago una relación directa entre cantidad y calidad. Sólo observo ambas variables...
Y esto nos lleva a marcar una muy saludable frontera entre la conquista interior (nace del deseo de hacer las cosas bien, por el placer de que así sea, sin pensar en los frutos… bueno, sólo el fruto de nuestra paz personal) y la conquista exterior (visible, validada por el mundo exterior, comparable y mensurable). Ambas son necesarias, en sus diversas áreas de influencia. Su funcionalidad real depende de que sepamos en qué contexto cada una es válida. 

     Considerando el contexto en el que vivimos, con tanta energía orientada hacia el exterior a través de la comunicación y la tecnología, seguro que nos puede hacer mucho bien recordar la función de la conquista interior. La conquista interior funciona como un motor para mantener nuestra integridad (solos o en compañía) en pensamiento y acción. Es la que recuerda que cada palabra para hablar bien de nosotros y mal de los demás es un comportamiento del ego y no del corazón. La conquista interior se acuesta cada noche, quizás cansada, feliz de haber concentrado su energía en ascender la montaña de la auto-indagación y la creatividad que nos permite vivir cada día con la intuición y el servicio que todo profesor de yoga debe profesar a este oficio, los estudiantes y los compañeros. La conquista interior no busca el confort de los aplausos, sino la verdad de sus talentos en desarrollo y sus posibles torpezas diarias. 

     La mirada de este tipo de conquista es muy a largo plazo, es una mirada longeva que conoce, antes de morir, lo temporal y lo atemporal. La conquista interior tiene relación con la vida espiritual, no con la material.  Además, esta conquista no se pelea con la conquista exterior. Simplemente la observa con desapego y honestidad, reconociendo su valor como posible reflejo del trabajo bien hecho. Incluso puede ocurrir que sea más fácil que la conquista exterior aparezca cuando le damos menos importancia y nos concentramos en el espacio interior. Este espacio tiene luz de una potencia inimaginable.
     Mi conquista interior es preguntarme por qué enseño, recordarme cuáles son mis valores y por qué amo este trabajo. Y aceptar las dificultades y los miedos que experimento, sin castigarme por ellos. Sin ocultarlos ¡que son muchos!… Muchos...

Uffff… Qué liberación… Se sube mejor la montaña cuando se viaja ligera.



* Ilustración: Marta Antelo

viernes, 18 de agosto de 2017

Enseñanza Inspirada (III): Desde el corazón

      Cuando hablamos desde el corazón nos sentimos internamente tranquilos y verdaderos, y hay un agradable silencio de fondo. No hay asomo de culpa, vergüenza, ira, competitividad o juicio. Y esto no es nada frecuente en nuestra sociedad. 
Nos hemos criado en tiempos que invitan a una mirada espiritual muy estrecha. Podemos decir que todos somos uno ¿pero qué significa eso? ¿y cómo podemos llegar a sentirlo y creerlo en todas nuestras células? 
     Para mi la estrategia básica es hacer las paces con uno mismo y con el mundo. Dejar de pensar que hay malos y buenos, y que nosotros somos malos o buenos. Descartar el aspecto dual para dar paso al aspecto integrador y cohesivo de la experiencia humana es para mi un paso fundamental en la comprensión de la enseñanza basada en el corazón. Esta enseñanza no habla sólo del aspecto emocional, sino también de la fisiología que acompaña a este estado emocional. 
      ¿Qué cosas son importantes en este contexto? Cómo nos comunicamos, no sólo a nivel de palabra, sino de sentimiento, emoción e intención. Cómo nos posicionamos internamente, si estamos en nuestra mente o en nuestro corazón. Cómo miramos a los demás, si por encima del hombro o a los ojos. Cómo permitimos la expresión de las diferencias, sin fomentar la competitividad. Entre otras...
     Todo esto, y sus variaciones sutiles y gruesas, da lugar a grandes diferencias en la experiencia que se genera en un contexto de enseñanzaLa enseñanza inspirada es, inevitablemente, una enseñanza orientada a abrir el corazón de los demás desde la apertura del nuestro. Aunque se nutre y apoya en conocimientos teóricos, filosóficos y anatómicos, su principal fuente es la conexión del profesor con su propia verdad personal (sus talentos, limitaciones, pasiones, miedos,…). Esta conexión se hace en cada momento de la vida cotidiana, y debe hacerse especialmente cuando vamos a enseñar. 
Yo tengo mi propio método, que evoluciona cada día, y más o menos se desarrolla según explico a continuación:
Lo primero que hago cuando me pongo en una esterilla a dar una clase (haya una persona, un grupo grande o una cámara grabando) es recordar quién soy y qué quiero ofrecer.  Me recuerdo que el encuentro es sagrado y conecto con el momento presente para liberarme de las expectativas que yo misma o los alumnos puedan tener, para quitarme la presión de tener que estar a la altura o tener todas las respuestas. Necesito vaciarme para que todo esto pueda emerger, sin que yo tenga que empujar, perseguir o exigirme nada. Me limito a ser yo misma: pongo en la esterilla conmigo mi pasión, mi honestidad, mi vulnerabilidad y mi amor por lo que hago, y me concentro en sentir a las personas que con su valentía se han decidido a compartir un rato conmigo. Lo siguiente que hago, si es una clase en directo, es dar la bienvenida y, si no me conocen, explico brevemente que en este contexto y en este momento son naturales y deseables las diferencias, y que la práctica no pretende homogeneizar, sino dar espacio para que cada uno pueda encontrar su libertad y su verdad. No tengo miedo a decir lo que siento, y expongo el gran camino que me queda por recorrer para que nadie sienta que voy por delante en ningún sentido. Animo a todos los alumnos a que den lo mejor de si mismos, que se amen, se respeten y salgan de su zona de confort para entrar en la zona del descubrimiento y la aventura. Yo, por mi parte, me comprometo a hacer lo mismo.
     A nivel fisiológico todos nos beneficiamos de estas intenciones. Mi latido cardíaco empieza a ser más coherente y mi campo de información (electromagnético y mensurable) empieza a interactuar con el de los demás de manera más eficiente. Yo sé que si me trato bien  internamente también trato bien a los alumnos. Mi respiración se vuelve regular, a pesar de que estoy hablando, mi lentitud se vuelve un ejemplo para las neuronas espejo de los alumnos, y mi relajación facial desactiva los mecanismos biológicos de defensa que se activarían si sintieran que estoy tensa (para mayor comprensión de estos principios estudiar el concepto de la comunicación compasiva del neurocientífico Mark Waldman). 
     Cuando habitamos nuestro corazón, nos convertimos en un espacio de seguridad para los alumnos, y entonces se desactivan en ellos las respuestas fisiológicas de estrés o miedo. En este contexto las ondas cerebrales se ralentizan y se produce un aprendizaje más puro, sereno y natural. Por no hablar de que nos vamos todos a casa flotando y agradecidos de estar vivos, dispuestos a disfrutar de cada momento.
    Esto es lo que trae la enseñanza que se dirige al corazón; una unificación a nivel de intenciones y sentimientos. Personalmente creo que es muy difícil que todos nos pongamos de acuerdo respecto a todos los aspectos técnicos del yoga (el alineamiento, por ejemplo). Sin embargo, creo que todos podríamos llegar a estar de acuerdo en que queremos enseñar desde el corazón y acariciar el corazón de los que nos rodean. Eso nos unifica y trae una coherencia global al proyecto que tenemos de ser útiles y verdaderos, más allá del éxito exterior (siempre débil si no existen la paz interior y la devoción).
     Por nuestra parte, como profesores, quizás podemos indagar un poco más cada día en nuestra verdadera naturaleza, la misión de la experiencia humana, las funciones de la mente, la relevancia de las emociones, nuestra vida espiritual… Y seguir haciéndonos las grandes preguntas: ¿cuál es mi relación con la vida? ¿mi misión en el mundo? ¿mi manera de servir? ¿quién soy y cómo puedo contactar con ese estado de ser? 
Estas preguntas, filosóficas y existenciales, han sido denominador común de todas las generaciones que han pisado la tierra. No tienen que dejarnos paralizados o pasivos, sino ayudarnos a traer las acciones poderosas e inspiradas que fortalecen el puente entre el mundo interior y el exterior.
Nuestro corazón empieza dentro de nosotros y se extiende en infinitas ramificaciones al mundo exterior. Bonitas raíces y buena poda, bonitas ramas y ricos frutos.