miércoles, 17 de mayo de 2017

La verdadera abundancia

       La verdadera abundancia es un sentimiento interior de plenitud y un aprecio profundo por lo que tenemos en cada momento, incluso aunque no todo nos guste.

Lo hemos escuchado muchas veces (y entendido algunas) pero ¿cuántas veces a lo largo del día lo sentimos y experimentamos? ¿Cuántas veces a lo largo del día decidimos respetar y agradecer lo que tenemos en ese momento tal cual es?

      Las investigaciones científicas en el campo de la neurocardiología y la psicofisiología lo han demostrado ya (no hay que leer un libro esotérico o rememorar a nuestros sabios abuelos). El agradecimiento, el aprecio y la compasión organizan el ritmo de nuestro corazón, y éste traslada su armonía al cerebro y al resto de los órganos. Esto produce una sinfonía en los sistemas nervioso, hormonal y electromagnético del cuerpo, de tal manera que experimentamos bienestar instantáneo.

Requiere reprogramación intensiva, extensiva y determinada conseguir recordar esto cada día. Aunque a nadie le cae bien el que se queja todo el día, todos nos quejamos a diario. Del atasco, de los políticos, del vecino, de nuestros compañeros o hijos, de nuestro cuerpo, ... El optimista tiene muchas más posibilidades de éxito y salud, y sin embargo es acosado por los demás por inocente o tonto ¿será que no se da cuenta de lo mal que va el mundo? La pregunta es, si es verdad que el mundo va mal ¿no será mejor estar rodeado de personas que piensan en las cosas positivas y están dispuestas a ofrecer soluciones a los problemas? El que se encuentra mal no ve soluciones, solo problemas. No es la persona que nos va a ayudar o inspirar. Necesitamos y debemos rodearnos de personas que se quieran encontrar y sentir bien.

      ¿Qué significa encontrarse bien? ¿Qué todo nos va bien? ¡No! Ese no es el caso de casi nadie. Las personas que se encuentran bien entienden que hay una parte muy importante de la vida que tiene que ver con nuestras acciones y visiones, y también son capaces de asumir que hay cosas que no son fáciles, sin frustrarse ni culpar a nadie. Los que se encuentran bien son capaces de honrar al que se encuentra mal sin atacarle ni criticarle, generando compasión, paciencia y sanas fronteras cuando es necesario. Encontrarse bien implica un contento voluntario que agradece las cosas sencillas y en ellas busca el sentido de la vida (contacto con la naturaleza, relaciones familiares, alimentación sana, respiración,...). En ese estado toda la grandeza que llega se encaja con la humildad de un sabio, de tal manera que el éxito queda en una experiencia íntima, libre de validación exterior.

El que se encuentra bien, no le tiene apego a ese bien, pues surge de haber reconocido que todo es temporal, y que lo único que existe es el aquí y ahora, y la mejor apuesta para el futuro es ser aquí y ahora la mejor persona posible. El que se encuentra bien comparte lo que tiene porque sabe que compartir es tener más, y tiene una alta estima a su propia integridad y honestidad. No necesita referentes del mundo exterior para reconocer las buenas acciones, pues las siente al instante en su corazón rítmico y sereno. A nivel profundo, cuando uno se siente bien, se visualiza en su lecho de muerte en paz, con la conciencia tranquila y el corazón repleto de amor; tiene una visión a largo plazo de sus acciones, para si mismo y para el mundo. El que siente bien sabe que no está solo, y por eso cuida del todo; su cortesía es natural y su servicio desinteresado.

      Estos son principios e ideas que encontramos en la literatura de las tradiciones espirituales. Sin embargo, no precisan de estudio, surgen espontáneamente del silencio interior y la celebración diaria de la vida.

La pobreza está en la queja, en el egoísmo, en la crueldad, en el individualismo, en la desconexión. Es pobre el que, teniendo sus necesidades básicas cubiertas, vive con los ojos cerrados a las maravillas de la vida y se identifica con todo, menos con su alma.

      Yo sueño con compartir mi abundancia con vosotros cada día, recordando que en cada pequeño elemento o persona se encuentra representado y contenido el todo. Es decir, que todo es sagrado: grande o pequeño, feo o guapo, brillante u opaco, libre o encerrado, ....

Que todos somos uno puede ser una idea ¡o un proyecto! En este espacio decido sentirme bien, y hacer proyecto de ser uno con vosotros. De aquí saco mi motivación, mi pasión, mi fuerza, mi inspiración.... ¡mi abundancia!





* Ilustración Tina Zellmer

domingo, 23 de abril de 2017

Distancias largas

      No es en las distancias cortas que podemos medir el resultado de nuestras acciones. Algunas cosas menores sí dan buena información en las distancias cortas: olores, sabores y palabras de las personas que nos rodean.

Sin embargo, en el gran paisaje de lo que vamos escribiendo cada día, hemos de reunir un poco de paciencia sabia para aguantar el tirón que es necesario, hasta que vemos el primer brote de esa pequeña o gran decisión que tomamos.

     Esto me lo han demostrado muchas cosas, pero especialmente la maternidad. De hecho, en las distancias cortas de la noble tarea de cuidar cachorros, a menudo lo que se ve es lo contrario de lo que será. Un niño que llora porque no recibe un dulce o exactamente lo que quiere en el momento que lo quiere, pero recibe una sonrisa amable, una palabra clara, un valor o una conciencia de si mismo, en los años que siguen a ese evento dará muestras claras de cada cosa que se hizo pensando en las distancias largas.

     Para mi la vida es una carrera de fondo. Pienso más en mi muerte que en el día de mañana. Esto hay que explicarlo. Cuando tomo decisiones, pienso más en cómo se sentirán los resultados de esas decisiones cuando me tumbe para despedirme de mi cuerpo, mis memorias y mis seres queridos. Quizás mañana se sentiría bien algo que en el largo plazo no tiene sentido, y es bueno darse cuenta a tiempo.

Más ejemplos. Si mi cuerpo se siente cansado tengo la posibilidad de elegir atajos que me permitirían atravesar de manera mediocre el día: atender superficialmente mis tareas, echarme una siesta en vez de estar con mis niños, apresurarme sobre unos apuntes o un email, quejarme o mascullar,... Quizás al día siguiente estaría algo más descansada, y aún no percibiría el pequeño reguero de desastres o chapuzas que he dejado a mis espaldas. Si este tipo de actitud la repito con frecuencia, estabilizo ese reguero de desastres hasta vivir en una catarata de infortunios, malas suertes incomprensibles y experiencias incompletas.

     La realidad es que la impecabilidad luce en el largo plazo, sobre todo. Lo impecable es lo contrario de lo mediocre. Lo impecable no tiene pereza, ni piensa en el camino corto. Lo impecable mira más allá del propio hombro, girando su cabeza trescientos sesenta grados, visitando su propia vida y el mundo que le rodea.

Lo impecable no siempre cae bien, a nosotros o a los demás, pero acaba brillando. Se ve, por ejemplo, en la diferencia entre una asana apresurada, de respiración entrecortada con jadeos y empujones, y una asana que bascula sobre si misma, encontrando pesos y respiración al son de la piel y las formas que dibuja.

¿Qué es lo impecable? Algo que se siente muy bien en todas las capas que nos forman: cuerpo, energía, mente, intelecto y espíritu. Por eso, cada capa ha de ser honrada, estimulada y cuidada.

     Según el yoga estas cinco capas son cuerpos dentro del cuerpo y merecen su propia higiene y su propio deporte. La mente no se entrena con las mismas herramientas que el cuerpo o el alma.

¿Cuántos de estos cuerpos estamos cuidando? Son muchos ¡lo sé! Ya cuidar de uno parece que da mucho trabajo.

     En realidad estos cuerpos están ligados los unos a los otros. Si el cuerpo físico está sano la energía fluye mejor. Si practicamos la compasión y el servicio (alimentando al alma), la mente está más ordenada y el intelecto claro y nítido. Basta con saber que los cinco cuerpos existen, y que somos todos ellos (el que veo, el cuerpo físico, y los que no, la energía vital, la mente, el intelecto y el alma).

Me gusta la idea de que si nos vamos a identificar con alguno ¡elijamos el más refinado! Cojamos alfombra roja para que pase nuestra capa de sabiduría, la más fina y elegante, la que sabe todo sin presumir ni comparar. Esta capa se activa con acciones de bondad pura (servicio desinteresado), entre otras cosas. 

Esto se va poniendo calentito, porque ahora llega el momento en el que digo, afirmo, y grito ¡la belleza es un fruto de larga duración que brota lentamente y florece al final de nuestra vida para que podamos ver el reflejo de nuestra cosecha!


      Sé que la vejez no está bien considerada, y menos definida en la palabra belleza. Se siente algo triste cuando la nombramos o vemos. Sin embargo, existe la longevidad; una energía que inspira  motivación e ilusión. La vejez mira atrás pensando en lo que no hizo, la longevidad mira hacia delante deseando reencontrarse con los frutos de sus acciones amorosas y bondadosas.

Esta es la diferencia entre las distancias cortas y las distancias largas ¡ojalá la recordemos siempre!



*Ilustración Denis Carrier



miércoles, 12 de abril de 2017

Atención e intención

      Sobre las buenas intenciones se construyen muchas cosas: naciones, familias, negocios e incluso vidas espirituales. Y, aún así, sus acciones y resultados a veces no acaban de brillar con pura luz y éxito integral. 

No tengo respuesta ni idea clara al respecto pero me interesa mucho el tema. Así que vengo con algunas reflexiones interiores que espero nos sirvan para compartir el orden y desorden de los conceptos, abriendo camino en la jungla de la conciencia y del pensamiento.

     Observando he descubierto que hay algo que es previo a la intención. Y eso es la atención. Lo quiero poner con mayúsculas: LA ATENCIÓN. Esta palabra no significa peligro ni cuidado. Representa un estado interior en el cual las nubes se han despejado y la ventana por la que miramos al mundo es amplia y nítida

La atención determina la precisión con la que estamos recibiendo la información del mundo exterior y del mundo interior. Los fenómenos que nos rodean pueden ser recibidos desde una mente educada y entrenada, o en el caos de ropa sucia y calcetines mojados de nuestro pensamiento caótico. Nuestras sensaciones interiores (intuición y curiosidad, sobre todo) pueden llegarnos alto y claro, o no poder atravesar el canal polvoriento y abandonado de la escucha interna. Hay que poner las cosas en orden, eso es inevitable, para que la atención gobierne en nuestro reino.

      Si la atención precede a la intención, significa que la conciencia precede al pensamiento. La conciencia se expande, contemplando y concibiendo todas las posibilidades. Y entonces la intención se clarifica, dirigiéndose a las acciones que cubren el propósito primario de la vida. Ese propósito es estar presentes y ayudar con nuestro amor a que el mundo siga sanando, sonando, sintiendo y sirviendo, para el bien de todos.

     La atención se entrena, es el músculo invisible más potente de nuestro cuerpo. Cuando este músculo está fuerte y flexible aparece el verdadero carisma, una sinergia electromagnética que surge de nosotros, afectándolo todo. Este carisma es el que da la verdadera belleza; no caduca y no depende de cremas, fechas o títulos.

¿Cómo entrenamos la atención? Primero, tomando distancia y anclando nuestra sensibilidad en el espacio del corazón. Segundo, recordando nuestros valores profundos personales (honestidad, servicio, compromiso,...), poniéndolos al timón de nuestro velero. Tercero, pausando al sentirnos distraídos o despistados por nuestra locura colectiva, cultivando silencio y pasión por la vida.


     En nuestra práctica de yoga físico podemos recordar que el cuerpo y sus formas son herramientas y que también se pueden llenar de corazón, valores, silencio y pasión.

Seguimos navegando, gracias por el viento suave y vibrante que ponéis en mi vida.

viernes, 31 de marzo de 2017

Honrar el linaje ¡y superarlo!

      Nuestra historia nos define. No en lo que somos profundamente, sino en lo que aparentemente somos. Es decir, mucho de lo que hacemos y pensamos está marcado por el lugar en el que se encuentran nuestras raíces: nuestro linaje. 

Personalmente no creo que en la semilla profunda del alma individual esté escrito ningún condicionamiento. Imagino sólo talentos y grandes cualidades con potencial de brotar y brillar. Sin embargo, en el día a día, a veces encontramos verdaderos baches y murallas internas en nuestra expresión de esos talentos. De repente, nos descubrimos haciendo más esfuerzo del que es realmente necesario, rozando y frenando el encuentro humano genuino y libre.

      Así como la tensión muscular deforma el cuerpo, la tensión emocional y mental deforma el espíritu. Este tipo de tensiones nos ponen en alerta, preocupación, miedo y desconfianza. Y en ese estado no hay quien escuche o vea ese espacio luminoso que nos recuerda la función básica de la experiencia humana: amar y ser amados.

      Hemos de tomar la decisión de si queremos seguir a lomos de nuestro corcel, quizás hermoso, pero cargado de historias ajenas. O bajar, y caminar a pie, descalzos, más ligeros, por las tierras desconocidas pero puras de nuestra historia personal. 

La razón por la cual esta historia personal se enlaza de manera tan intensa con la de nuestro linaje invita a una interesante reflexión. Quizás a partir de nuestros padres, y de sus padres, hemos de desarrollar la visión clara y neta de lo que es amor, y lo que no es amor, para nosotros. Así como nuestros hijos reconocerán su propia verdad observando nuestra huella en su mundo.

      Nuestra obligación: superar a nuestros padres y dejarnos superar por nuestros hijos. Superar significa ver qué zonas quedaron sin lustre en las mudanzas permanentes de las edades de nuestros mayores, y hacer todo lo posible pos sacarnos brillo compensando su opacidad. 


La opacidad es esa costumbre de ignorar y hacer pereza para cambiar lo que realmente mejoraría nuestro impacto en el mundo (¡y nuestra calidad de vida!). La opacidad se hereda. Pero, al igual que en la epigenética, podemos mantener activa o inactiva esa cualidad en nosotros. Fundamentalmente el estilo de vida (pensamiento y acción) determina si quedamos encerrados en el traje de nuestros antepasados, o usamos ese traje para hacernos un vestido de volantes ¡y bailar con él!

      En esta superación no hay arrogancia sino misión. Nadie falta al amor de otro por purificar el propio. Hemos de perderle el miedo a ofender a nuestros mayores, sin que nos duela que duden de nosotros, o se sientan cuestionados con nuestros nuevos volantes, encajes y lunares.


      El primer paso es honrar. No se puede superar nada, y menos el Everest interior de la historia familiar, sin honrar y amar lo que se nos ha dado y a las personas que nos lo han dado. Sin aversiones, apegos, excusas o desidia estamos invitados a emprender el camino limpio de ser nosotros mismos. En este camino se siente la raíz que nos conecta al centro de la tierra (estable y tangible). Y se sienten alas para volar, sin mapa pero alto y suave.


Honrar es sacar enseñanza sin sacar las uñas a los que nos dieron su sangre y apellidos. Es entender que este encuentro es sagrado. Incómodo a veces, pero sagrado siempre.


   En algún momento se separarán nuestros caminos de los de nuestros padres y nuestros hijos. No podremos quizás tocarnos, ni mirarnos, aunque siempre podremos sentirnos. Sin cuerpo no habrá abrazos ni enfados, quedaremos en paz pero físicamente separados. 


      Recordar esto me ayuda cada día. Aunque mi niña interior llore y se sienta sola, ya sé que no debo culpar a nadie, sino agradecerlo todo y engrandecerme dentro. Fácil no es el adjetivo adecuado para esta aventura pero ¿qué mejor manera de hacer las paces con todo y con todos?


No se me ocurre postura más hermosa y verdadera que mirarnos en el reflejo de los nuestros para encontrarnos a nosotros mismos. 

jueves, 23 de marzo de 2017

Ser sin más ni menos

      Yo no quiero ser guay. Yo quiero ser. Sin más, sin menos, sin líos, sin despeinarme el cuerpo ni el alma. 

Observo cada día la presión a la que vivimos sometidos respecto a la imagen que damos y los mensajes que transmitimos. La comunicación social cotidiana (salvo de mucha intimidad) se basa en hacernos valer, en ser reconocidos, validados y (ojalá) amados por los demás. Esto ocurre de manera inconsciente. Hemos de observarnos atentamente, o nos pasa desapercibida esa sonrisa que forzamos, ese comentario sin contenido ni sentimiento, o esa mirada que juzga y separa. Nuestra libertad está en vivir por encima de la necesidad de aprobación, aceptando nuestro deseo de ser amados.

También este post puede ir vacío, si me descuido. Si me olvido de que no se trata de gustaros sino de aportar algo para hacer reflexionar, y aprender juntos a cuidar lo de dentro aún más que lo de fuera.

Desde que soy mamá descubro que satisfacer todas las necesidades materiales y emocionales puede resultar un reto de gran magnitud. Entre otras cosas porque una parte importante de nuestra experiencia está sometida al espacio y al tiempo. 

Soy capaz de imaginar que todas las épocas han tenido sus retos, y recordando esto evito sumergirme en ideas reduccionistas para comprender mi mundo. En nuestro tiempo hemos conquistado el confort, pero quizás el precio es alto. 

      Aspiro, cada día con más pasión, a una vida sostenible, sencilla y  despierta; a una vida de amor. El amor tiene mucho que ver con el dar y el tomar, con el intercambio y el cuidado. Me encantan las relaciones humanas, territorio para la práctica de este amor, aunque desde luego carezco de tiempo para atenderlas a todas con el cariño y la calidad que merecen. Empiezo a sentir que tenemos demasiado de todo, y eso nos impide el espacio necesario entre cosa y cosa. Porque después de un evento viene el siguiente, después de un email viene otro, después de una lavadora viene otra.

    Estoy en rebelión. He decidido asumir el riesgo de dejar a un lado lo que mi corazón no reconozca como verdadero y necesario en cada momento. Eso implica decir no a algunos trabajos (con sus nada despreciables aportaciones a la economía familiar), y decir sí a algunos proyectos que se llevan muchos recursos (como la educación en amor y atención de mis hijos, o un hogar en la naturaleza). En términos numéricos estas decisiones no se sostienen, pero he querido llevar mi mirada más allá de lo que veo, y exponerme a la inseguridad o temores que acompañan a este gusto por la coherencia personal. 

      En casa hemos establecido pautas sencillas que nos guían en este camino. A pesar de lo inimaginable que pueda parecer, para ser hijos de una sociedad consumista, usamos un par de zapatos para cada época del año (y se repiten varios años). En  mi caso, en invierno unas botas de pelo (en Ibiza hace frío, lo prometo), en entretiempo una zapatillas Barefoot (esas que emulan el caminar natural) y en verano unas sandalias alemanas Birkenstock (que duran años y años).

Desde luego no es quizás muy trendy (modernito) llevar siempre los mismos zapatos (¡he sido diseñadora de moda muchos años!), pero si lo que tienes te gusta, por qué obligar al mercado y a nuestros bolsillos a producir más para algo que va fuera. Si lo que tienes dentro te gusta (tu familia, tu corazón, tus pensamientos, tus sentimientos, tus proyectos,…) quizás no necesitas tantas cosas de fuera. Y esto es un hábito, y una intención. 

Simplificando lo de fuera, que ha sido un esfuerzo al principio, hemos descubierto que la mente se simplifica, enfocándose con más claridad en lo prioritario y regulando con más facilidad los estímulos del exterior. Y nos queda mucho por avanzar, aceptando con amabilidad las complicaciones naturales de estas ambiciones.

     Viviendo en Ibiza puedo decir que lo más sencillo oscila mucho; entre muy caro y gratis. Las casas son muy caras, y sin embargo pasar una tarde en la playa con ensalada de quinoa es gratis. Por eso seguimos aquí. Me gusta pensar, para animarme, que en el alquiler de una casa, está incluido el derecho a usar gratis todas las playas y bosques de la isla. Y así se lo explico a la gente. Vivimos en el paraíso, lo tomamos o lo dejamos. 

Más allá de Ibiza también hay un paraíso interior, lo tomamos o lo dejamos. Lo cuidamos o lo ignoramos. 


Este post de hoy es para compartir que no siempre estoy cómoda en las paradojas del mundo que he elegido. Y que gracias a esto reflexiono y me redefino. Quiero honrarlo también. En público y en privado.

martes, 7 de marzo de 2017

De colores y de sabores: ciencia y mística

      Vivo fascinada por la ciencia. No por la ciencia de científicos solamente, inasequible para los que no nos hemos formado en estas disciplinas. Me refiero a la ciencia que muchos científicos están desvelando, en términos relativamente comprensibles, y que se acerca a las grandes ideas de la mística y la espiritualidad (confluyendo en que existe un campo unificado de información, que ni siquiera es un campo porque no tiene limites, invisible al ojo pero inherente a la energía, que lo conecta todo). 
En este contexto las cuestiones tomadas por la neurociencia y la física cuántica, para explicar cómo afectamos a la realidad con nuestros pensamientos y emociones, me apasionan especialmente.

      Cuando estaba en el colegio todos los tests psicológicos de aptitudes me predecían grandes cualidades en el área de la ciencia. Sin embargo, decidí orientarme hacia letras y acabé estudiando Sociología. Llegué muy lejos pero en el último curso decidí empezar mi carrera en el mundo de la moda. Inicialmente se me auguraban dones y talento en el área de dirección y logística, sin embargo decidí meter un pie en el departamento de diseño. Se me dio bien, en términos de espíritu creativo y motivación por ser genuina, aunque siete años después me sentía pérdida y ajena a mi verdad.
En ese momento, más desesperada que inspirada, decidí formarme como profesora de yoga. Más para saber que para hacer saber a los demás. 

      Accidente tras accidente me encontré enseñando en diversos lugares lo muy poco que sabía de yoga, y lo no poco que sabía de mi misma y del viaje hacia el interior. Han pasado diez años, y sigo sintiendo que sé poco de yoga (tan vasta es esta ciencia, que me pierdo en sus horizontes, feliz de encontrarme en sus raíces para sostenerme). Estudiando, enseñando y escuchando he comprendido que la esencia del yoga es la realización (palabra poco comercial para nosotros, que significa en realidad plenitud, unión, verdad o felicidad). 

Sirva esto para recordar que el yoga es herramienta y no objetivo. Como dice el padre Thomas Keating: "El viaje espiritual no existe, porque Dios está dentro". Este hombre es uno de los principales maestros de oración contemplativa en la tradición cristiana. Escucharle es emocionante y liberador. Me siento cercana a su mensaje. 

      Renovemos nuestras perspectivas. Quizás no hay ningún lugar a dónde ir, porque aquí en este momento es dónde se encuentra nuestro viaje y nuestra felicidad. Quizás nada exterior puede darnos la sabiduría y felicidad que nos da sentir la fuerza y la magia que se despliega desde dentro. Esa magia no compite ni se compara, porque es igual para todos y existe en todo.

      Cuando este mensaje es captado por nuestras células, y además viene la ciencia a decirnos que esta conexión es real, que esta matriz es real, que este todo es real ¿no os parece que podemos postrarnos ante nuestras cualidades sean cuales sean? ¿No os parece que es natural tener talentos de todo tipo sin faltar a nada? 

Quizás especializarse en una sola cosa es dejar de lado esa versatilidad natural. Tradicionalmente, los sabios no eran sabios de una cosa y tontos de los demás. El erudito, está feliz de aprender de todo, y de ser letra y número a la vez, flor y león, cabeza y pies, corazón y cerebro. Yo, me siento así. Me siento de colores, de olores, de sabores, de sonidos y de tacto. Y, más allá de mis cinco sentidos, me siento universo, creación, Dios, vida, luz, fuente y dimensiones.

¿Por qué ponernos límites si la ciencia ya nos está diciendo que no los hay?

miércoles, 15 de febrero de 2017

Dispersión y localización

    
 En términos energéticos es necesario acostumbrar a la mente a las tareas de dispersión y localización. Sobre todo actualmente, ya que el multitasking es parte implícita del modus vivendi contemporáneo. 

Observando, vemos que cada persona encuentra retos diferentes. Sin embargo, todos hemos de resolver, con elegancia y salud para nuestro sistema nervioso, el hecho de atender a varias tareas de diferente naturaleza a lo largo del día.

      Por un lado, está la noble tarea de cuidarnos, alimentarnos, escucharnos y sentirnos, para saber quienes somos, y así desplegarnos con belleza en el mundo. Es decir, hemos de hacer una previsión cotidiana de nuestros talentos y dones, y encontrar la manera de ofrecerlos al mundo; para nuestra satisfacción personal, y alegría de los demás.

      Por otro lado está la tarea, imprescindible también, de cubrir nuestras necesidades en el mundo de la materia. Lo que respresenta esta necesidad viene definido por el mundo en que hayamos nacido, y nuestros propios valores y ética personal. Es una tarea de discernimiento que se vincula a la de supervivencia, y ha de ser tratada con mucho respeto. Comer es tan importante para nosotros como para los demás. No olvidar nunca que todos estamos en busca de seguridad y supervivencia hace la comunicación con los demás más fácil, equilibrando ambición y compasión.




      Por último, y muy importante de integrar en este mapa,  está la tarea de dar amor y recibirlo. Es tan necesaria como respirar, y forma parte de una vida saludable, placentera y plena. Para cubrirla hay que dar grandes espacios en los que poder deleitarnos, y dedicarnos a cultivar este jardín íntimo en el somos vulnerables y permitimos a los demás serlo. El lugar del amor debe ser confortable y seguro, abierto y libre de prejuicios.

      Aunque suena muy apetecible localizar nuestra atención en una sola de estas tareas, normalmente hemos de dispersar nuestra atención para tenerlas todas atendidas con propiedad. En el camino, muchas veces, se siente que el recurso energético que permita hacerlo todo se agota. Como si la vitalidad se riñera con la exigencias del día a día.

Fomentar un sistema nervioso sano y equilibrado es una de las puertas o recursos necesarios para poder hacer esto, disfrutando del camino. Una vida equilibrada requiere de un sistema equilibrado que permita a nuestra atención localizarse y dispersarse cuando es necesario. 

Observar la respiración a lo largo del día, reducir la anticipación de eventos negativos, aumentar la expectativa de elementos positivos y vivir en la verdad de mi corazón es lo que a mi me ayuda.

Y amaros y amarme ¡esa es mi gasolina!