miércoles, 21 de junio de 2017

Hola corazones y flores de mi mundo,

Desde que he centrado el blog en escribir no publico eventos ni vídeos, y quizás hace falta de vez en cuando renovar espacio, posibilidades e intenciones.

En Enero abrí un Facebook para mantenerme en contacto con tantos estudiantes y profesores nacionales y extranjeros que tienen gusto por la comunicación de alma a alma en este lenguaje contemporáneo.

Me he habituado a publicar los vídeos y talleres ahí, así que dejo el link aquí.

Facebook Samyama

De paso comparto el último vídeo del canal de Youtube.

Mucho amor desde el calor de Ibiza y de mi corazón




sábado, 17 de junio de 2017

Cuando mis piezas interiores se reubican

      Cuando mis piezas interiores se reubican cambia el juego en el tablero, y esto me exige
 que desarrolle nuevas habilidades. Me doy cuenta de que según pasan los días de la vida he de mirarme con menos miedo en el espejo que me hago a mi misma. Parece a veces que estoy en un bucle infinito, que empieza y acaba donde estoy yo. Y hasta que no reconozco que es una película, y que el tablero es un juego, el drama no se transforma en aventura.

Según caminamos nos vamos encerrando en las identidades que nos hemos creado, y olvidamos que vaciarnos es aún más necesario que llenarnos. Realmente, más que llenarnos, se trata de que cuando nos vaciemos dejemos que emerja algo de dentro. Esto que emerge es el néctar del ser: la perfección divina en cada uno de nosotros.

      Cuando la experiencia humana se encoje, y no vemos el espacio disponible, todo cambia de color. Lo llamamos cambio de ánimo. Y sólo un milagro puede transformarlo. Un milagro, según Marianne Williamson, es un cambio de percepción. Cuando cambiamos la manera de mirar al mundo, el mundo entero cambia. Entonces ese mundo, por fin, nos devuelve la mirada limpia y clara. 

Quiero decir aquí que esto no es siempre fácil y que mi optimismo natural es una esperanza espontánea, pero no estoy ciega a los retos que implica la vida, ni a los techos de cristal que encontramos mientras subimos por la escalera de nuestro desarrollo personal. 

      Experimento sufrimiento como todo el mundo, en algunas épocas muy poco, y en otras mucho. Mi sufrimiento siempre me ha puesto de frente a la maravillosa libertad de tomar decisiones respecto a mi presente, releyendo el pasado y reescribiendo el futuro. He observado que el sufrimiento se vincula al miedo, más que a la experiencia que vivimos. El miedo puede referirse a la expectativa sobre el futuro, o a la sensación presente de no tener recursos para afrontar los desafíos que se nos presentan.

En muchos casos el esperar una solución es frustrarse. Y es casi mejor esperar a que pase la tormenta, con acciones moderadas y silencio ampliado. Encuentro que es especialmente molesto acoger los cambios cuando nos sentíamos bien en el lugar en el que estábamos. Pero la montaña rusa no se para, incluso aunque dejemos de comprar fichas.

     En este espacio en el que estoy, en transición, cambiando de pantalla, sólo se me ocurre que desarrollar más humildad y más verdad es la actitud que me puede dar alas, sea para aterrizar o para estrellarme.

Son muchos años enseñando, cuidando e inspirando a los demás. Cuando me toca a mi abrir puertas nuevas sólo puedo decir que se siente susto y gusto. El susto de cuando algo de dentro caduca, el gusto de saber que viene otra cosa fresca. Viene algo nuevo, lo huelo de lejos y lo siento en todo mi cuerpo. Sin embargo, no tengo ni idea de lo que es.

¿Qué haría falta para recordar cada día que yo misma le pedí a la vida superarme y descubrirme cada día? 

Doy gracias por estos últimos tiempos mozos y cómodos, y me dispongo al salto al vacío.... 
¡Hasta ahora! 



Ilustración Katy Lemay





sábado, 27 de mayo de 2017

Sugerencias para iniciar una práctica de yoga

      Cuando queremos iniciarnos en algo, lo que sea, es muy agradable que alguien nos dé unos cuantos consejos sabios surgidos del ensayo personal. He escrito este texto por encargo para otro blog, espero os sea útil... 


5 TIPS PARA EMPEZAR UNA VIDA YOGI
por Diana Naya de Samyama Yoga


1. BUSCA UN PROFESOR QUE TE INSPIRE.
Bien sea para iniciarte o para profundizar busca a las personas íntegras y honestas que quieres que te acompañen en este viaje. Tu profesor o profesora ha de ser alguien que te inspire y que pueda, en este momento, darte lo que necesitas (motivación, confianza, seguridad, curiosidad, técnica…). Quien elijas ha de ser un modelo de lo que enseña. Elige con tu corazón. 
La amabilidad es una de las cualidades más necesarias de un buen profesor, todo practicante progresa más y mejor si se siente respetado y apoyado en sus grandezas y limitaciones.

2. SE TRATA DE APRENDER, NO DE SABER.
Aprender es una tarea que refina progresivamente nuestra atención y nuestras habilidades. Lo natural es evolucionar poco a poco, consolidando cada paso para que sea completo y estable. ¡En el yoga tener prisa no sirve de nada! El cuerpo y la mente se van entrenando paulatinamente, y los frutos siempre aparecen. Técnica y libertad son el resultado de una tarea paciente y consistente. Estos dos frutos, y muchos otros, hacen el camino dulce y apetecible. La mente del principiante es la que asegura que estaremos siempre aprendiendo y no nos quedaremos estancados ¡mantenla siempre! La frustración es la gran enemiga del progreso ¡mantenla a raya!

3.  LA PRIORIDAD ABSOLUTA ES SIEMPRE LA RESPIRACIÓN.
Aunque lo más llamativo son las posturas físicas, lo más importante es lo que les da la vida: la respiración. Si mantienes una respiración lenta, estable y regular mientras aprendes y avanzas en tus posturas, el cuerpo se irá abriendo y la mente ganará claridad. Un movimiento saludable y amplio del diafragma regula el sistema nervioso, asegúrate de que permites que tu inhalación profundice hacia el abdomen y no quede atascada en la zona del pecho. Usa la exhalación para conectar la fuerza del suelo pélvico y del abdomen, asegurándote de que vacías bien los pulmones. La respiración voluntaria es un movimiento que requiere de la colaboración de varios músculos. Estos músculos ganan flexibilidad y fuerza con el tiempo ¡dedícales toda tu atención y cariño!

4. ÁMATE Y TRÁTATE BIEN.
Si bien el profesor es fundamental, solo tú sabes si estás sintiéndote bien mientras aprendes y practicas. Así como el esfuerzo es una muy saludable actitud, el exceso nunca lo es. Practica una exigencia amable, no dejes que la pereza te derrote y asegúrate de que aflojas toda postura en la que sientas dolor. A veces es difícil distinguirlo, esta sensibilidad se entrena. En nuestro deseo de mejorar podemos empujar al cuerpo innecesariamente; esto ocurre más cuando la mente se pone tensa y crítica. Amarte y tratarte bien implica que estás dispuesto a disfrutar mientras aprendes, sin compararte y agradeciendo lo que tienes.

5. LA RELAJACIÓN ES FUNDAMENTAL.
Integrar los beneficios del yoga requiere de espacios y tiempos destinados al silencio y la quietud. Por eso al final de cada práctica es necesario dejar un tiempo para estar tumbados cómodamente durante al menos cinco minutos, e idealmente diez o quince. Incluso si sólo quieres ponerte en forma, la regulación del sistema nervioso es imprescindible para una sensación integrada de bienestar y felicidad. Durante el tiempo dedicado a la relajación imagina que tu cuerpo está segregando las medicinas naturales que te ayudan a reparar y renovar tu fisiología. Nunca lo consideres un tiempo perdido, incluso aunque la mente esté inquieta el cuerpo está haciendo su trabajo. Con el tiempo, la relajación será la parte más preciosa de tu vida. Cuando estamos relajados nuestra eficiencia, claridad mental y empatía aumentan de manera drástica.  

En resumen, no podemos para las olas pero podemos aprender a surfearlas. 

¡Y el yoga puede enseñarnos!



miércoles, 17 de mayo de 2017

La verdadera abundancia

       La verdadera abundancia es un sentimiento interior de plenitud y un aprecio profundo por lo que tenemos en cada momento, incluso aunque no todo nos guste.

Lo hemos escuchado muchas veces (y entendido algunas) pero ¿cuántas veces a lo largo del día lo sentimos y experimentamos? ¿Cuántas veces a lo largo del día decidimos respetar y agradecer lo que tenemos en ese momento tal cual es?

      Las investigaciones científicas en el campo de la neurocardiología y la psicofisiología lo han demostrado ya (no hay que leer un libro esotérico o rememorar a nuestros sabios abuelos). El agradecimiento, el aprecio y la compasión organizan el ritmo de nuestro corazón, y éste traslada su armonía al cerebro y al resto de los órganos. Esto produce una sinfonía en los sistemas nervioso, hormonal y electromagnético del cuerpo, de tal manera que experimentamos bienestar instantáneo.

Requiere reprogramación intensiva, extensiva y determinada conseguir recordar esto cada día. Aunque a nadie le cae bien el que se queja todo el día, todos nos quejamos a diario. Del atasco, de los políticos, del vecino, de nuestros compañeros o hijos, de nuestro cuerpo, ... El optimista tiene muchas más posibilidades de éxito y salud, y sin embargo es acosado por los demás por inocente o tonto ¿será que no se da cuenta de lo mal que va el mundo? La pregunta es, si es verdad que el mundo va mal ¿no será mejor estar rodeado de personas que piensan en las cosas positivas y están dispuestas a ofrecer soluciones a los problemas? El que se encuentra mal no ve soluciones, solo problemas. No es la persona que nos va a ayudar o inspirar. Necesitamos y debemos rodearnos de personas que se quieran encontrar y sentir bien.

      ¿Qué significa encontrarse bien? ¿Qué todo nos va bien? ¡No! Ese no es el caso de casi nadie. Las personas que se encuentran bien entienden que hay una parte muy importante de la vida que tiene que ver con nuestras acciones y visiones, y también son capaces de asumir que hay cosas que no son fáciles, sin frustrarse ni culpar a nadie. Los que se encuentran bien son capaces de honrar al que se encuentra mal sin atacarle ni criticarle, generando compasión, paciencia y sanas fronteras cuando es necesario. Encontrarse bien implica un contento voluntario que agradece las cosas sencillas y en ellas busca el sentido de la vida (contacto con la naturaleza, relaciones familiares, alimentación sana, respiración,...). En ese estado toda la grandeza que llega se encaja con la humildad de un sabio, de tal manera que el éxito queda en una experiencia íntima, libre de validación exterior.

El que se encuentra bien, no le tiene apego a ese bien, pues surge de haber reconocido que todo es temporal, y que lo único que existe es el aquí y ahora, y la mejor apuesta para el futuro es ser aquí y ahora la mejor persona posible. El que se encuentra bien comparte lo que tiene porque sabe que compartir es tener más, y tiene una alta estima a su propia integridad y honestidad. No necesita referentes del mundo exterior para reconocer las buenas acciones, pues las siente al instante en su corazón rítmico y sereno. A nivel profundo, cuando uno se siente bien, se visualiza en su lecho de muerte en paz, con la conciencia tranquila y el corazón repleto de amor; tiene una visión a largo plazo de sus acciones, para si mismo y para el mundo. El que siente bien sabe que no está solo, y por eso cuida del todo; su cortesía es natural y su servicio desinteresado.

      Estos son principios e ideas que encontramos en la literatura de las tradiciones espirituales. Sin embargo, no precisan de estudio, surgen espontáneamente del silencio interior y la celebración diaria de la vida.

La pobreza está en la queja, en el egoísmo, en la crueldad, en el individualismo, en la desconexión. Es pobre el que, teniendo sus necesidades básicas cubiertas, vive con los ojos cerrados a las maravillas de la vida y se identifica con todo, menos con su alma.

      Yo sueño con compartir mi abundancia con vosotros cada día, recordando que en cada pequeño elemento o persona se encuentra representado y contenido el todo. Es decir, que todo es sagrado: grande o pequeño, feo o guapo, brillante u opaco, libre o encerrado, ....

Que todos somos uno puede ser una idea ¡o un proyecto! En este espacio decido sentirme bien, y hacer proyecto de ser uno con vosotros. De aquí saco mi motivación, mi pasión, mi fuerza, mi inspiración.... ¡mi abundancia!





* Ilustración Tina Zellmer

domingo, 23 de abril de 2017

Distancias largas

      No es en las distancias cortas que podemos medir el resultado de nuestras acciones. Algunas cosas menores sí dan buena información en las distancias cortas: olores, sabores y palabras de las personas que nos rodean.

Sin embargo, en el gran paisaje de lo que vamos escribiendo cada día, hemos de reunir un poco de paciencia sabia para aguantar el tirón que es necesario, hasta que vemos el primer brote de esa pequeña o gran decisión que tomamos.

     Esto me lo han demostrado muchas cosas, pero especialmente la maternidad. De hecho, en las distancias cortas de la noble tarea de cuidar cachorros, a menudo lo que se ve es lo contrario de lo que será. Un niño que llora porque no recibe un dulce o exactamente lo que quiere en el momento que lo quiere, pero recibe una sonrisa amable, una palabra clara, un valor o una conciencia de si mismo, en los años que siguen a ese evento dará muestras claras de cada cosa que se hizo pensando en las distancias largas.

     Para mi la vida es una carrera de fondo. Pienso más en mi muerte que en el día de mañana. Esto hay que explicarlo. Cuando tomo decisiones, pienso más en cómo se sentirán los resultados de esas decisiones cuando me tumbe para despedirme de mi cuerpo, mis memorias y mis seres queridos. Quizás mañana se sentiría bien algo que en el largo plazo no tiene sentido, y es bueno darse cuenta a tiempo.

Más ejemplos. Si mi cuerpo se siente cansado tengo la posibilidad de elegir atajos que me permitirían atravesar de manera mediocre el día: atender superficialmente mis tareas, echarme una siesta en vez de estar con mis niños, apresurarme sobre unos apuntes o un email, quejarme o mascullar,... Quizás al día siguiente estaría algo más descansada, y aún no percibiría el pequeño reguero de desastres o chapuzas que he dejado a mis espaldas. Si este tipo de actitud la repito con frecuencia, estabilizo ese reguero de desastres hasta vivir en una catarata de infortunios, malas suertes incomprensibles y experiencias incompletas.

     La realidad es que la impecabilidad luce en el largo plazo, sobre todo. Lo impecable es lo contrario de lo mediocre. Lo impecable no tiene pereza, ni piensa en el camino corto. Lo impecable mira más allá del propio hombro, girando su cabeza trescientos sesenta grados, visitando su propia vida y el mundo que le rodea.

Lo impecable no siempre cae bien, a nosotros o a los demás, pero acaba brillando. Se ve, por ejemplo, en la diferencia entre una asana apresurada, de respiración entrecortada con jadeos y empujones, y una asana que bascula sobre si misma, encontrando pesos y respiración al son de la piel y las formas que dibuja.

¿Qué es lo impecable? Algo que se siente muy bien en todas las capas que nos forman: cuerpo, energía, mente, intelecto y espíritu. Por eso, cada capa ha de ser honrada, estimulada y cuidada.

     Según el yoga estas cinco capas son cuerpos dentro del cuerpo y merecen su propia higiene y su propio deporte. La mente no se entrena con las mismas herramientas que el cuerpo o el alma.

¿Cuántos de estos cuerpos estamos cuidando? Son muchos ¡lo sé! Ya cuidar de uno parece que da mucho trabajo.

     En realidad estos cuerpos están ligados los unos a los otros. Si el cuerpo físico está sano la energía fluye mejor. Si practicamos la compasión y el servicio (alimentando al alma), la mente está más ordenada y el intelecto claro y nítido. Basta con saber que los cinco cuerpos existen, y que somos todos ellos (el que veo, el cuerpo físico, y los que no, la energía vital, la mente, el intelecto y el alma).

Me gusta la idea de que si nos vamos a identificar con alguno ¡elijamos el más refinado! Cojamos alfombra roja para que pase nuestra capa de sabiduría, la más fina y elegante, la que sabe todo sin presumir ni comparar. Esta capa se activa con acciones de bondad pura (servicio desinteresado), entre otras cosas. 

Esto se va poniendo calentito, porque ahora llega el momento en el que digo, afirmo, y grito ¡la belleza es un fruto de larga duración que brota lentamente y florece al final de nuestra vida para que podamos ver el reflejo de nuestra cosecha!


      Sé que la vejez no está bien considerada, y menos definida en la palabra belleza. Se siente algo triste cuando la nombramos o vemos. Sin embargo, existe la longevidad; una energía que inspira  motivación e ilusión. La vejez mira atrás pensando en lo que no hizo, la longevidad mira hacia delante deseando reencontrarse con los frutos de sus acciones amorosas y bondadosas.

Esta es la diferencia entre las distancias cortas y las distancias largas ¡ojalá la recordemos siempre!



*Ilustración Denis Carrier



miércoles, 12 de abril de 2017

Atención e intención

      Sobre las buenas intenciones se construyen muchas cosas: naciones, familias, negocios e incluso vidas espirituales. Y, aún así, sus acciones y resultados a veces no acaban de brillar con pura luz y éxito integral. 

No tengo respuesta ni idea clara al respecto pero me interesa mucho el tema. Así que vengo con algunas reflexiones interiores que espero nos sirvan para compartir el orden y desorden de los conceptos, abriendo camino en la jungla de la conciencia y del pensamiento.

     Observando he descubierto que hay algo que es previo a la intención. Y eso es la atención. Lo quiero poner con mayúsculas: LA ATENCIÓN. Esta palabra no significa peligro ni cuidado. Representa un estado interior en el cual las nubes se han despejado y la ventana por la que miramos al mundo es amplia y nítida

La atención determina la precisión con la que estamos recibiendo la información del mundo exterior y del mundo interior. Los fenómenos que nos rodean pueden ser recibidos desde una mente educada y entrenada, o en el caos de ropa sucia y calcetines mojados de nuestro pensamiento caótico. Nuestras sensaciones interiores (intuición y curiosidad, sobre todo) pueden llegarnos alto y claro, o no poder atravesar el canal polvoriento y abandonado de la escucha interna. Hay que poner las cosas en orden, eso es inevitable, para que la atención gobierne en nuestro reino.

      Si la atención precede a la intención, significa que la conciencia precede al pensamiento. La conciencia se expande, contemplando y concibiendo todas las posibilidades. Y entonces la intención se clarifica, dirigiéndose a las acciones que cubren el propósito primario de la vida. Ese propósito es estar presentes y ayudar con nuestro amor a que el mundo siga sanando, sonando, sintiendo y sirviendo, para el bien de todos.

     La atención se entrena, es el músculo invisible más potente de nuestro cuerpo. Cuando este músculo está fuerte y flexible aparece el verdadero carisma, una sinergia electromagnética que surge de nosotros, afectándolo todo. Este carisma es el que da la verdadera belleza; no caduca y no depende de cremas, fechas o títulos.

¿Cómo entrenamos la atención? Primero, tomando distancia y anclando nuestra sensibilidad en el espacio del corazón. Segundo, recordando nuestros valores profundos personales (honestidad, servicio, compromiso,...), poniéndolos al timón de nuestro velero. Tercero, pausando al sentirnos distraídos o despistados por nuestra locura colectiva, cultivando silencio y pasión por la vida.


     En nuestra práctica de yoga físico podemos recordar que el cuerpo y sus formas son herramientas y que también se pueden llenar de corazón, valores, silencio y pasión.

Seguimos navegando, gracias por el viento suave y vibrante que ponéis en mi vida.

viernes, 31 de marzo de 2017

Honrar el linaje ¡y superarlo!

      Nuestra historia nos define. No en lo que somos profundamente, sino en lo que aparentemente somos. Es decir, mucho de lo que hacemos y pensamos está marcado por el lugar en el que se encuentran nuestras raíces: nuestro linaje. 

Personalmente no creo que en la semilla profunda del alma individual esté escrito ningún condicionamiento. Imagino sólo talentos y grandes cualidades con potencial de brotar y brillar. Sin embargo, en el día a día, a veces encontramos verdaderos baches y murallas internas en nuestra expresión de esos talentos. De repente, nos descubrimos haciendo más esfuerzo del que es realmente necesario, rozando y frenando el encuentro humano genuino y libre.

      Así como la tensión muscular deforma el cuerpo, la tensión emocional y mental deforma el espíritu. Este tipo de tensiones nos ponen en alerta, preocupación, miedo y desconfianza. Y en ese estado no hay quien escuche o vea ese espacio luminoso que nos recuerda la función básica de la experiencia humana: amar y ser amados.

      Hemos de tomar la decisión de si queremos seguir a lomos de nuestro corcel, quizás hermoso, pero cargado de historias ajenas. O bajar, y caminar a pie, descalzos, más ligeros, por las tierras desconocidas pero puras de nuestra historia personal. 

La razón por la cual esta historia personal se enlaza de manera tan intensa con la de nuestro linaje invita a una interesante reflexión. Quizás a partir de nuestros padres, y de sus padres, hemos de desarrollar la visión clara y neta de lo que es amor, y lo que no es amor, para nosotros. Así como nuestros hijos reconocerán su propia verdad observando nuestra huella en su mundo.

      Nuestra obligación: superar a nuestros padres y dejarnos superar por nuestros hijos. Superar significa ver qué zonas quedaron sin lustre en las mudanzas permanentes de las edades de nuestros mayores, y hacer todo lo posible pos sacarnos brillo compensando su opacidad. 


La opacidad es esa costumbre de ignorar y hacer pereza para cambiar lo que realmente mejoraría nuestro impacto en el mundo (¡y nuestra calidad de vida!). La opacidad se hereda. Pero, al igual que en la epigenética, podemos mantener activa o inactiva esa cualidad en nosotros. Fundamentalmente el estilo de vida (pensamiento y acción) determina si quedamos encerrados en el traje de nuestros antepasados, o usamos ese traje para hacernos un vestido de volantes ¡y bailar con él!

      En esta superación no hay arrogancia sino misión. Nadie falta al amor de otro por purificar el propio. Hemos de perderle el miedo a ofender a nuestros mayores, sin que nos duela que duden de nosotros, o se sientan cuestionados con nuestros nuevos volantes, encajes y lunares.


      El primer paso es honrar. No se puede superar nada, y menos el Everest interior de la historia familiar, sin honrar y amar lo que se nos ha dado y a las personas que nos lo han dado. Sin aversiones, apegos, excusas o desidia estamos invitados a emprender el camino limpio de ser nosotros mismos. En este camino se siente la raíz que nos conecta al centro de la tierra (estable y tangible). Y se sienten alas para volar, sin mapa pero alto y suave.


Honrar es sacar enseñanza sin sacar las uñas a los que nos dieron su sangre y apellidos. Es entender que este encuentro es sagrado. Incómodo a veces, pero sagrado siempre.


   En algún momento se separarán nuestros caminos de los de nuestros padres y nuestros hijos. No podremos quizás tocarnos, ni mirarnos, aunque siempre podremos sentirnos. Sin cuerpo no habrá abrazos ni enfados, quedaremos en paz pero físicamente separados. 


      Recordar esto me ayuda cada día. Aunque mi niña interior llore y se sienta sola, ya sé que no debo culpar a nadie, sino agradecerlo todo y engrandecerme dentro. Fácil no es el adjetivo adecuado para esta aventura pero ¿qué mejor manera de hacer las paces con todo y con todos?


No se me ocurre postura más hermosa y verdadera que mirarnos en el reflejo de los nuestros para encontrarnos a nosotros mismos.