viernes, 16 de marzo de 2018

Empieza donde estés. Con lo que tienes.


       No hace falta ser un yogi para hacer yoga. No es necesario ser el más sano del barrio para hacer yoga. No necesitas haber culminado el everest de tu conciencia para hacer yoga. Y, por supuesto, y no me cansaré nunca de repetirlo ¡no hace falta ser el más flexible ni al que mejor le sientan los shorts para hacer yoga!

El yoga está para servir al desarrollo de todas nuestras dimensiones humanas, así que todas las personas son bienvenidas, bien recibidas, bien servidas… Se encuentren donde se encuentren, vengan de donde vengan, sepan lo que sepan, quieran lo quieran. 

Además, cada uno tiene la libertad de decidir por dónde empezar a investigar y explorar ¿no? Algunos preferirán educar la atención a través de la meditación, otros a través de las posturas, otros a través del estudio. ¿Quién dijo que había una sola manera de conquistar nuestro mundo interior? ¿No decían que todos los caminos llevan a Roma? Lo importante es coger un camino y dar un paso detrás de otro. La vida no se vive llegando, sino caminando. No se vive hablando de caminar, se vive caminando el camino del que hablamos. 

      Todos los caminos de atención llevan al estado de yoga. Suena sublime, y lo es. Pero además es factible, es posible, es verdadero, es una elección, es una práctica cotidiana, es un manjar, es un  juego, es amor… De hecho, uno de los significados de yoga es estar presente en lo que hacemos. Acción y atención en matrimonio dan lugar al estado de yoga.  

Por eso el yoga puede tomar tantas formas e interpretaciones. No hay problema en identificar el yoga con las posturas físicas tan hermosas que vemos en libros y redes sociales. Lo importante es que no nos identifiquemos nosotros con esas posturas (sea en forma de posibles o de imposibles). Cualquier cosa que nos motive es digna de ser atendida. Caminar requiere de energía, mejor estar motivados. Por eso imponer la forma o el camino, a nosotros mismos o a los demás, dará frutos pobres y pequeños. Sin embargo, abrirnos a todas las formas y caminos amplía nuestro jardín e incrementa nuestras posibilidades de elegir lo que nos sirve bien a nosotros.

      El conocimiento y la información de calidad nos ayudarán a elegir. Por eso la cultura y la educación son tan importantes, aunque no lo son todo. La voz interior tiene que estar viva para filtrar, ordenar y seleccionar lo que entra desde fuera, y hablar un poquito más fuerte que las voces exteriores. Te recomiendo que repartas equitativamente en tu vida el tiempo dedicado a conocer el mundo exterior (conocimiento creado y expresado por otros) y a descubrir el mundo interior (tus motivaciones, pasiones, talentos, inclinaciones...).

Entonces, desde donde estás, sabiendo un poco más quien eres y qué quieres, con lo que tienes, podrás entrar a tu práctica sin imposiciones, y la práctica podrá servir a tus necesidades y objetivos. 

¡Quizás ahora te creerás lo que dije al principio! Cada uno empieza donde está, con lo que tiene. No hay que acomodarse a un molde prefabricado, uno mismo es su propio molde. Y en ese molde pone los ingredientes que necesita. Para mi, ese es el verdadero yoga; el que respeta lo individual ofreciendo posibilidades universales. 









Ilustración: Roberto Cigna

lunes, 19 de febrero de 2018

Enseñanza Inspirada (VIII): Mitos, leyendas y peligros

      En unos días estaré en Barcelona en la escuela de Rocío Ramos (Yoga & Yoga Barcelona) para dar una Masterclass a los alumnos en formación. Éste es uno de los contextos más emocionantes en los que puedo encontrarme. Compartir con personas que aman el yoga y están en proceso de indagación y receptividad me recuerda y renueva que en ese mismo lugar estoy yo ¡y es donde deseo estar siempre! Lo más peligroso que le puede pasar a un profesor es pensar que ya lo sabe todo, tanto como es un obstáculo pensar que porque no lo sabemos todo no estamos preparados para compartir lo que sabemos. 

En el proceso de hacernos preguntas aprendemos. Ese aprendizaje que se da es más importante que tener todas las respuestas. Por eso me gusta siempre decir que yo tengo mis puntos de vista, y sé porque creo en ciertas cosas y en otras no a la hora de enseñar y practicar. Sin embargo, no doy por sentado que todo el mundo deba pensar así, ni mucho menos que los que piensan diferente no tienen sus razones. Mis ideas y creencias se basan en mis conocimientos, orientación y experiencias. Y, para mi, son válidos acercamientos a la práctica. Por eso los ofrezco como propuestas, sabiendo que no serán del gusto de todos siempre pero confiando en que abran procesos de indagación para todos. Más que a creer en mi, me gusta invitar a los alumnos a escuchar, preguntarse, observar, experimentar e ir definiendo los espacios que son verdaderos y están validados por la experiencia personal. Las respuestas nunca serán absolutas y eternas. Sin embargo, la mayoría de las preguntas lo son. Las respuestas cambiarán (como avanzan nuestra ciencia y nuestra conciencia). Sin embargo, la preguntas quizás serán siempre las mismas. A veces las respuestas nos valdrán durante un tiempo, y otras veces acabarán caducando o morirán con nosotros. 

Con esto dicho, entro al tema.

      Cualquier profesión está sometida, en su ámbito, a una gran variedad de tensiones, esfuerzos o constricciones. Como profesores o educadores, más allá de la alegría que podemos experimentar sabiendo que nuestro trabajo ayuda a la gente a sentirse mejor, existe un pequeño mundo de dificultades que está bien conocer.

Hoy hablaré especialmente de una de ellas, brevemente y sin drama pero con claridad (o eso espero). Cuando esta dificultad ha sido comprendida, integrada y superada, navegaremos con mayor facilidad y suavidad en nuestro mar de servicio y compromiso personal y profesional.

       Nuestra vida como profesores de yoga será muy difícil si creemos que debemos ser los que más sabemos de todo, los que mejor hacemos las posturas, los que más meditamos, los que tenemos la vida más resuelta y los que hemos superado todos las inseguridades. Tendremos mucho ruido en la cabeza, y mucha inestabilidad en el corazón, si estas ideas enraízan y crecen en nosotros.

La buena noticia es que podemos ser muy buenos profesores aunque no lo sepamos todo, aunque algunas posturas no nos salgan, aunque nuestra meditación diaria sea breve, aunque tengamos retos en nuestra vida privada e incluso conviviendo con todos los temores naturales que conlleva estar vivos.

¡Esto no significa que cualquiera puede ser un buen profesor de yoga! No me entendáis de manera confusa. Lo que intento decir es que el profesor de yoga es una persona común, que vive y respira en este mundo. Puede ser diferente en su propósito u orientación profesional, pero eso no le sitúa flotando en una cúpula de oro rodeada de nubes esponjosas. 

Todo profesor encontrará grandes dificultades si piensa que tiene que ser el mejor en todo en todo momento. Lo importante, y lo único que podemos controlar, es que seamos los que mejor nos hemos preparado la clase o el tema que estamos impartiendo, en ese momento. Ese es nuestro área de trabajo; estar preparados para la aventura de enseñar lo que nos hemos propuesto enseñar. 

Cuanto más avanzo en mi profesión con mayor frecuencia me encuentro enseñando a alumnos y profesores que están ya muy formados y tienen experiencia.  Gracias a esto me he dado cuenta de que no hay nada que demostrar, porque basta con presentarme con naturalidad y disfrutar de compartir con gente madura y sensible mi visión del yoga, sin dogmatismos pero con claridad. No sería capaz de hacerlo si pensara que tengo que ser mejor que ellos. Me basta con pensar que lo que aporto es relevante y complementa lo que ya conocen, asumiendo que siempre encontraré personas que me aventajan en algunas áreas de la práctica. ¡Y será algo que celebremos juntos! No es una ventaja estar rodeados de gente que sabe menos (aunque nos dé más seguridad temporalmente), considero un gran honor y privilegio estar rodeada de gente que sabe y tiene experiencia. Me anima a seguir puliéndome.
      El campo en el que más evidentemente encontraremos las diferencias es en el del asana, porque es la capa más visible de nuestra práctica y enseñanza. Primero, no hemos de identificar flexibilidad con práctica avanzada (obvio, pero muy frecuente). Una práctica avanzada implica integridad antes que flexibilidad, y eficiencia antes que estética. Implica un buen equilibrio de fuerzas y sentido común para una gestión apropiada de la energía y de los esfuerzos, tanto como el arte de integrar los espacios de liberación. El buen profesor conoce su cuerpo y tiene un elevado grado de dominio sobre él, pero habrá muchas cosas que por interés personal, ideología, estructura ósea, entrenamiento o historia física y psicológica no podrá o querrá hacer. Eso, más que negativo, es positivo porque le ayudará a comprender y guiar a otras personas a través de las mismas experiencias. Más que pensar en superar esas limitaciones bastará con integrarlas sin esconderlas, y seguir un principio de no elusión de lo difícil, sin por ello imponer violencia en nuestra práctica.

Conozco algunos profesores estupendos que no son especialmente flexibles, pero no conozco ningún profesor estupendo que no sea humilde, buen comunicador, buen oyente, compasivo y esté bien formado en la especialidad que enseña.

     La aproximación ideal en este contexto, para cualquier profesor, es mantener el compromiso con la práctica y la auto indagación (sobre todo en casa), recordando que el 90% de los beneficios de nuestra práctica de asana se encuentra en el 10% de las posturas que hacemos (Krishnamacharya). Esta información es útil de cara a ayudarnos a reducir nuestra obsesión por crear siempre cosas absolutamente nuevas, y volver a los fundamentos de la práctica: implicar a todos los movimientos de la columna, explorar todos los rangos articulares del resto del cuerpo, respirar de manera estable y mantener el equilibrio entre esfuerzo y comodidad hasta establecer nuestra práctica en ese lugar dulce de ecuanimidad y riqueza. No creo que se espere mucho más de un buen profesor, a nivel de su propia práctica física. El resto lo hacemos por el placer y por la aventura de progresar, pero no para validarnos frente a nada ni nadie.

     El mito que debemos romper es la asociación entre el nivel de práctica de asana y el nivel de calidad de un profesor. Aunque, naturalmente, en la mayoría de los casos, los profesores suelen tener un nivel intermedio o avanzado de asana, no debemos establecer relación única entre estos dos elementos. Cuando la identidad de un profesor se asienta en el asana éste asume el riesgo de perder su reino de claridad e inteligencia para hundirse en las aguas confusas y densas del ego (la supervivencia y la competición) nublándose su corazón en una batalla de humo.


En el largo plazo, lo que queda de un practicante de yoga es su capacidad para haberse establecido en integración consigo mismo y con lo que le rodea. Las consecuencias naturales son compasión, honestidad, integridad, compromiso, servicio y humildad. El equivalente de un cielo azul, limpio y luminoso.

Además, por supuesto, un profesor tiene la responsabilidad de tener suficiente conocimiento como para acompañar a sus alumnos avanzados a ir allí dónde él no ha llegado, o derivar a sus alumnos a un profesor adecuadamente preparado para ello.

      Otro mito (metáfora y paralelo del anterior) es la relación entre la fama de un profesor y su calidad. Aunque la mayoría de los profesores de buena reputación son buenos profesores, muchos profesores que no son famosos son muy buenos, quizás tanto como los otros en algunos casos. La fama no siempre es equivalente de calidad, porque a veces es simplemente reflejo de una orientación natural de ese profesor hacia el marketing y la comunicación, o debido a una personalidad más extrovertida. Los profesores tímidos o introvertidos también son bienvenidos en esta profesión. No hay obligación ninguna de llegar a ningún lugar concreto. Como profesores, si tenemos interés en superar esta dificultad (identificar fama con buen profesor y viceversa), tengamos el suficiente discernimiento como para ver a las redes sociales y los medios de comunicación como escaparates de cierto tipo de ideas, sin considerar esas ideas como definiciones de la realidad. ¡Y mucho menos como definiciones del yoga! Se nos advierte muy claramente en la literatura clásica del yoga: la ignorancia es el mayor peligro al que nos enfrentamos. La ignorancia (avidya) no es la falta de conocimiento específico, es poner la verdad allí donde sólo hay experiencias e ideas temporales. 

En resumen, el buen profesor no tiene por qué ser el que hace las posturas más impresionantes ni el más famoso. Aunque puede serlo. El buen profesor se define más bien porque es un buen estudiante y no tiene dificultad alguna en reconocer que está aprendiendo. El buen profesor mejora con la experiencia, pues cada hora de enseñanza se posa en su lomo con un peso suave y sereno. Sin embargo, no olvida que su experiencia es limitada y siempre está evolucionando. A pesar de las tentaciones naturales, el profesor maduro elige no compararse sino inspirarse, elige no competir sino cooperar, elige renunciar a ser modelo de posturas y poses para vivir como modelo de responsabilidad y coherencia. 
En definitiva, el buen profesor se concentra en hacer bien su trabajo de profesor y de estudiante, y en vivir libre y feliz en su interior. 






domingo, 31 de diciembre de 2017

Enseñanza Inspirada (VII): Hablemos de money money money

      Cuando yo era muy joven y veía la televisión había un programa que se llamaba Hablemos de sexo. El interés del programa era traer conversación directa, honesta e informada sobre cuestiones de lecho y roce que no se hablaban de manera natural, pública y abierta. Era necesario y oportuno.

Partiendo de la idea de que todos tenemos una vida sexual (está en nuestra biología, la practiquemos o no) parece saludable conocer cómo esta parte de nuestra humanidad se puede expresar y cuidar, sobre todo teniendo en cuenta que es una de las grandes formas en las que nos comunicamos en relaciones de intimidad.

       ¿Qué hay en el mundo del yoga que requiera de la misma claridad y honestidad? ¿Cuál es la razón por la cual sólo un porcentaje pequeño de los profesores vivimos legalmente de esta profesión? Necesitamos hablarlo. Es una cuestión de sostenibilidad financiera. Y, como veremos, de darle tiempo al talento para que se refine, y de hacer una buena limpieza en los filtros con los que contemplamos el mundo.

Primero, quiero aclarar que no pienso que todos los profesores deban dedicarse a tiempo completo a esta profesión. Es una profesión que se equilibra muy bien en compatibilidad con otras actividades paralelas pues se puede desarrollar de manera autoregulada.

Segundo, hablo aquí desde mi perspectiva cuántica de potenciales y posibilidades. Quizás algunos de perspectiva más materialista o racionalista tengan dificultad para resonar con los conceptos. No es necesaria esa resonancia, pero sí os invito a curiosidad puesto que estas ideas están testadas y validadas más allá de mi propia experiencia. Y, como dice el biólogo Bruce Lipton, si todos estamos mirando al mundo con nuestras gafas de creencias que lo filtran todo, podríamos al menos ¡elegir esas gafas!

      En una reciente entrevista a Ella Cojocaru (profesora de yoga y ex-atleta) insistía mucho en recordar que esta profesión es sufrida, y que quienes no lo tuvieran claro mejor no se lo plantearan. Sugería que nos preguntemos cada día qué queremos, y si estamos dispuestos a asumir las renuncias o esfuerzos que ello conlleva.

      Tradicionalmente algunas carreras, como las artísticas, han cargado con el peso de saber que sus posibilidades son muy inciertas y de dudoso éxito financiero. O, al menos, muy impredecibles. Por el deseo de seguridad o estabilidad financiera en todas las sociedades modernas han triunfado profesiones de menos incertidumbre... El profesor de yoga se mueve en el terreno de la incertidumbre, y en algunos casos en terreno precario.

Afortunadamente hoy ya hay muchos programas de formación de profesores que incluyen contenido específico para que los alumnos conozcan diferentes maneras de desarrollarse y crecer, para hacer de su intención una profesión. Por fin, en el yoga se habla del factor dinero como algo determinante a la hora de tener éxito en nuestra ilusión de compartir y gozar enseñando.

A mi me gustaría incluir una visión grande de esta cuestión, que no pretende comunicarse a través de los números pero afectará a cómo los vemos y establecemos relación con ellos.

      Primero, necesitamos tener una visión a largo plazo de cualquier proyecto o profesión ¡y ésta situación no es diferente! Quien quiera dedicarse a tiempo completo a enseñar yoga debe desarrollar cualidades de resiliencia y humildad, cosas que naturalmente emergen en nuestra práctica de asana y que, sin embargo, son virtudes débiles en nuestra sociedad de placeres y éxitos inmediatos. Hacer bien las posturas, amar el yoga o estar bien formado no son suficientes factores para tener éxito. Son muy relevantes los factores tiempo, experiencia, investigación, estudio, práctica personal... Las horas de vuelo,  sobre todo, revisando la ruta y reconociendo los errores, nos ayudan a ir dirigiéndonos hacia nuestros talentos como profesores.

Desde mi experiencia, cuando nos situamos en nuestro talento específico (sin necesidad de imitar a nadie pero humildemente, sin necesidad de ser validados pero atentos a los resultados, sin miedo a ser distintos pero sin arrogancia) naturalmente el trabajo y el flujo de dinero y fortuna aparecen (y esto se aplica a cualquier profesión).

       Estoy indicando aquí una ruta para que pueda ser trazada de manera voluntaria. Sin embargo, no sería honesto que dijera que yo la he seguido siempre. Como ya he mencionado en otros artículos, yo no tenía intención de dedicarme a esta profesión. Gracias a todos los milagros que me retuvieron en los momentos difíciles puedo ver en mi recorrido cómo el haber reconocido lo bien que me sentía al enseñar me ha ayudado a atravesar las cortinas densas de la incertidumbre y la insostenibilidad de esta profesión, especialmente en algunas etapas.

La mirada de abundancia ha de preceder a la abundancia. Esta es la revolución. Si nos sentimos en escasez raramente tomaremos decisiones de abundancia y coraje que traerán a nuestro mundo las bendiciones que caen sobre el que obedece a su corazón valiente (¡no imprudente!). La mirada de abundancia está en ver lo que ya existe. Quizás en algún trabajo no encontraremos la remuneración económica que esperamos, pero sin embargo encontraremos ganancias en forma de experiencia, relaciones de calidad o confianza, y servicio. Sentirnos explotados es una elección personal, nadie nos obliga a aceptar trabajos de baja remuneración, sentirnos víctimas es la manera más rápida de empobrecernos. El poder personal se encuentra en la responsabilidad de mejorarnos para encontrarnos en mejores condiciones en el futuro. Y,  así, sentirnos más satisfechos en el presente. Mejorarnos no se refiere sólo a aspectos formativos, sino a aspectos de actitud, motivación, dedicación, gratitud, presencia...

Si sois profesores, consideraos artistas. Contemplad cada clase que ofrecéis como una audición sin competición en la que verdaderamente exponer vuestro talento único al servicio del mundo. Observad cada esfuerzo económico para conquistar vuestro sueño como la mejor inversión posible. Contemplad cada resultado no esperado como una puerta a algo nuevo y desconocido.

En mi lista de experiencias como profesora incluyo muchas que algunos considerarían que no apuntaban en ningún caso hacia que las cosas me fueran bien: alquileres de salas superiores a los ingresos que obtenía dando clase, inversiones en viajes y cursos muy superiores a mis recursos, compromisos fiscales no siempre sostenibles...

      No nos engañemos. Esta profesión es exigente. Y esto que os cuento no siempre es fácil de aplicar. Dar muchas clases eleva el espíritu pero puede afectar al cuerpo, y, sin embargo, dar pocas clases no es muy sostenible siempre (aquí influyen las condiciones para el autoempleo según países, las responsabilidades familiares, el mercado en el que ofrecemos nuestro trabajo...). Por otro lado, mucha gente afirma que el dinero se encuentra en dar formaciones pero ¿cuándo estamos realmente preparados para formar gente? ¡Cuando tenemos experiencia y conocimiento suficiente! Y en algunos casos eso tarda mucho, y es bueno que así sea... La sabiduría se puede vestir de pelo gris y de arrugas, no pasaría nada... Lo del éxito en la juventud es una posibilidad, no una obligación... Hay muchos caminos y no sería interesante limitarnos a uno solamente.

El éxito profesional es algo que ocurre cuando hemos hecho las cosas lo suficientemente bien el suficiente tiempo y con la suficiente integridad como para recibir más responsabilidad. Porque el éxito es responsabilidad. Es más trabajo, más compromiso y más impecabilidad. Y para eso también hay que prepararse. En eso estamos y debemos estar todos: en prepararnos cada día para los retos del día siguiente.

La arrogancia nos puede traer más dinero porque tengamos capacidad de vender o seducir. Sin embargo no hablo de ese tipo de abundancia financiera sino de la que nos da la libertad de dedicarnos a lo que amamos de manera satisfactoria e íntegra, honrando la profesión que nos da de comer.

      Lo primero que cualquiera de nosotros debe preguntarse es ¿qué estoy dispuesto a dar? ¿cuánto estoy dispuesto a agradecer cada oportunidad? ¿cómo puedo dejar la queja de lado para siempre? ¿cuánta paciencia tengo para poner en este proyecto? ¿estoy dispuesto a aprender desde la base y dedicarle a cada etapa todo mi amor? ¿qué creo que es el éxito?

Me gusta mucho lo que dice Mo Gawdat (uno de los grandes directivos de Google): nuestro propósito nos encontrará si nos hemos dedicado a desarrollar nuestra habilidades y actitudes a su nivel más elevado. No hemos de perseguirlo, sólo desarrollar nuestros potenciales. Cuando seamos esa persona talentosa, habilidosa, dedicada y cualificada que podemos ser, naturalmente seremos conducidos por la vida a los lugares en los que podemos brillar o tener impacto positivo en el mundo. En este contexto, también la vida naturalmente responderá a nuestra dedicación ofreciendo el recurso financiero necesario.

Y por otro lado, es muy importante entender que la vida son ciclos. Y que tiene un grado de esfuerzo o aspereza que le es propio y es natural. Cuanto más entendamos los momentos duros como naturales, menos duros nos parecerán, y con más naturalidad los surfearemos.

También hemos de aprender a tomar decisiones responsables. Cuando una gran mayoría de los profesores eligen en España trabajar en negro es muy difícil cultivar un respeto desde dentro y desde fuera por la profesión. Es necesario buscar y rebuscar fórmulas legales y confiar en que es posible y así dar ejemplo para que otros compañeros hagan lo mismo.  Soy consciente de que en España esto es un reto, pero considerémoslo una oportunidad. Personalmente, cada vez que he asumido nuevas responsabilidades me han llovido bendiciones inesperadas y oportunidades imprevistas.

     Con estas ideas os quiero animar a que no os enfoquéis lo primero en el dinero. Éste sigue a la dedicación y la actitud, no es a la inversa. Pongamos la atención en ser profesores cualificados, competentes, expertos, amorosos y honestos. Entendamos que en ese recorrido habrá momentos difíciles que representan las cimas de nuestras habilidades, y que iremos culminando y escalando y descubriendo al ritmo que sea natural para nosotros (¡será diferente para cada uno! es la belleza de la diversidad...).  

Los momento difíciles son pequeñas pruebas, comparadas con el gran regalo de llanear observando el paisaje en algunas etapas. No nos dejemos impresionar por Instagram, Facebook u otras redes sociales. Cada profesor célebre o respetado al que he escuchado hablar cuenta esta misma historia: es bonito, pero no siempre es fácil, y la paciencia es la mejor herramienta.

      De corazón os invito a que también recordéis que esta profesión es de servicio a los demás, no a nuestro ego o complacencia. Lo importante es cuantas estrellas caben en nuestro firmamento, y no cuantos "me gusta" nos han dado desde un teclado. Aunque todo cuente, hemos de conocer el orden de los factores... Que en este caso sí altera el producto (no se aplica la ley conmutativa). 


Por último, y no menos importante, es muy positivo y necesario revisar el armario viejo y polvoriento de nuestras creencias sobre el dinero y el éxito. Algunas personas no prosperan porque no creen que sea posible, infravaloran sus cualidades o están temerosas ante la idea de exponerse y fracasar. El fracaso no existe, la vida es entrenamiento permanente, los frutos no son siempre los que esperamos, pero frutos son...

      Como final quiero dejaros estas citas en inglés (de la revista Forbes). No he encontrado material en castellano así de acorde a lo que os quiero transmitir sobre las posibles visiones del fracaso y el éxito... No es un fracaso si no las entendéis, sino una oportunidad para pedirle a un buen amigo que os las traduzca y compartir un rato... :-)

Os deseo un maravilloso inicio de año, con mirada de abundancia y prosperidad auténtica.
Sois mi inspiración y mi motivación. 

* Ilustraciones Daniela Ferreti  www.danielaferreti.com



 Algunas citas de la revista Forbes...


"Failure isn't fatal, but failure to change might be" - John Wooden

"Everything you want is on the other side of fear."  - Jack Canfield
“Only those who dare to fail greatly can ever achieve greatly.” - Robert F. Kennedy
“The phoenix must burn to emerge.” - Janet Fitch
 “If you're not prepared to be wrong, you'll never come up with anything original.” - Ken Robinson
 “Giving up is the only sure way to fail.” - Gena Showalter
 “If you don’t try at anything, you can’t fail… it takes back bone to lead the life you want” - Richard Yates
“Failure should be our teacher, not our undertaker. Failure is delay, not defeat. It is a temporary detour, not a dead end. Failure is something we can avoid only by saying nothing, doing nothing, and being nothing.” - Denis Waitley
“When you take risks you learn that there will be times when you succeed and there will be times when you fail, and both are equally important.” - Ellen DeGeneres
“It's failure that gives you the proper perspective on success.” - Ellen DeGeneres
“There is no failure except in no longer trying.” - Chris Bradford
“I have not failed. I've just found 10,000 ways that won't work.” - Thomas A. Edison
 “Success is not final, failure is not fatal: it is the courage to continue that counts.” - Winston Churchill
“There is only one thing that makes a dream impossible to achieve: the fear of failure.” - Paulo Coelho
“Pain is temporary. Quitting lasts forever.” - Lance Armstrong
“Success is stumbling from failure to failure with no loss of enthusiasm.” - Winston Churchill
“I'd rather be partly great than entirely useless.” - Neal Shusterman
“The only real mistake is the one from which we learn nothing.” - Henry Ford
“Failures are finger posts on the road to achievement.” - C.S. Lewis
“Winners are not afraid of losing. But losers are. Failure is part of the process of success. People who avoid failure also avoid success.” - Robert T. Kiyosaki
“Every adversity, every failure, every heartache carries with it the seed of an equal or greater benefit.” - Napoleon Hill
“You build on failure. You use it as a stepping stone. Close the door on the past. You don't try to forget the mistakes, but you don't dwell on it. You don't let it have any of your energy, or any of your time, or any of your space.” - Johnny Cash
“It’s not how far you fall, but how high you bounce that counts.” - Zig Ziglar
“When we give ourselves permission to fail, we, at the same time, give ourselves permission to excel.” - Eloise Ristad




domingo, 10 de diciembre de 2017

Entrevista en Yoga Journal

Cada pienso y siento que no hay nada en el mundo exterior que pueda validar la integridad y belleza de nuestro mundo interior. Sin embargo, a veces hay cosas que hacen un espejo en el que nos agrada habernos encontrado con nosotros mismos, sin por ello pensar que el espejo somos nosotros. 

En Septiembre tuve el placer de ver publicada una entrevista que me hico Lucya Passardi para Yoga Journal España. Tras tres horas de entrevista quedaron muchas cosas sin reflejarse en la versión escrita. Sin embargo, creo que la selección de contenido es hermosa y completa. 

Espero, si no lo habéis visto (o comprado la revista como mi madre y mi suegra), podáis disfrutarlo ahora que ya no está en los quioscos... :-)

Aquí están las tres páginas... 

* Si queréis la versión en pdf escribidme a diana@samyamayogaibiza.com





viernes, 17 de noviembre de 2017

Mis clases online ahora en Gaia.com

Queridos amigos, alumnos, compañeros y lectores de este blog.

      Me he sumido en la escritura reflexiva y educativa y apenas pongo aquí cositas triviales o eventos concretos. Confío en que de alguna manera estéis conectados a las newsletter mensuales o a las redes sociales donde también reflexiono pero voy poniendo los avisos de cursos y clases. 

      Rompo la temática inspirada para compartir que mis clases online de aomm.tv han pasado a las web de gaia.com. Este canal es la mayor plataforma que existe de yoga, espiritualidad, ciencia, conciencia y cultura mística y holística con documentales, entrevistas, cortos y sabiduría para elevar la mente y refinar el cuerpo. 

      Para mi es un honor puesto que soy seguidora de esta web desde hace muchos años, y de repente ver mis clases en el canal que yo sigo que tiene profesores tan maravillosos me deja con la cara pálida y el corazón agitado. A lo mejor si hubiera sabido que esto iba a pasar no me habría expuesto, puesto que grabé estos vídeos hace mucho y, afortunadamente, he mejorado como alumna y como profesora. Pero bueno, así es la vida, y esto queda al aire, como el cultivo de un bebé, para recibir el sol del mundo.

Os invito a pasear por la plataforma, es una delicia para estudiosos y curiosos.

www.gaia.com



martes, 31 de octubre de 2017

Enseñanza Inspirada (VI): Individualidad y Aprendizaje


      El alumno no es un apéndice del profesor. Tiene una individualidad única, y tiene derecho a interpretar las enseñanzas y la práctica de una manera personal. Hemos de prestar atención a los dogmatismos, en nosotros y en los demás. Vivimos en un universo de infinitas posibilidades ¡no lo reduzcamos con nuestra estrecha mente! 
En el intercambio alumno - profesor, existe una línea horizontal que mueve el conocimiento y la sabiduría de manera bidireccional; escuchar y aprender de ese intercambio es una labor muy noble y necesaria para mejorarnos.
¿Por qué pongo este tema en la mesa de nuestra enseñanza inspirada? 
      Me considero más alumna que profesora de yoga. Con gusto y dignidad desempeño mi labor voluntaria y apasionada de educadora, pero no olvido nunca que el espacio donde todo ocurre es en la integración de los conocimientos y prácticas en mi propia vida. 
Aprecio mucho a las escuelas y profesores que tienen personalidad, y que esas escuelas quieran crear identidad, sello y personalidad. Esto no es incompatible con recordar que, así como no habrá dos cuerpos que interpreten de igual manera una postura, no habrá dos mentes que aprendan y elaboren de la misma manera, y no habrá dos corazones que sientan igual.
      Si como alumnos apreciamos que se respete en una sala nuestra individualidad, como profesores hemos de renunciar a la tentación de estandarizar conocimientos y prácticas. 
Mantener una mente escéptica, que duda de lo que sabe y espera a que la experiencia le demuestre la validez de sus ideas, da lugar a un espacio de libertad que el profesor experimenta dentro de si mismo y que el alumno percibe al recibir las direcciones de su práctica.
      En una clase ideal, cada alumno debería salir sintiendo que disfrutó de una clase adaptada a sus necesidades. No digo que sea fácil, pero buena instrucción verbal y ligeros ajustes personales, si hubiera posibilidad, pueden dar lugar a una enseñanza multicolor que permita la expresión de las diferencias y talentos únicos de los alumnos. Basta con hacer saber al alumno que lo fundamental es la validez que tiene lo que hace para sí mismo, no para el libro de yoga, ni para el profesor senior ni para el compañero experto que está al lado. La validez de nuestro yoga viene dada por su capacidad para traer éxito y abundancia a nuestra vida en forma de salud, claridad mental y bondad. 
Una cualidad suave en la textura de la mente mantiene al tejido que aprende (la neurología que se reparte por todo nuestro cuerpo) versátil y disponible. Así, las ideas nuevas pueden hacerse sitio entre los hábitos y las certezas manteniendo la curiosidad eternamente viva. Como decía Einstein “Yo no tengo ningún talento especialmente, simplemente soy apasionadamente curioso”.
      Creo que desde este lugar podemos defender esa individualidad que aprende, sin separarnos los unos de los otros, honrando nuestras curiosidades y experiencias plásticas y diferentes.

El profesor que incluye estas ideas entre sus intenciones jamás se sentirá herido cuando alguien duda de lo que enseña o toma un camino diferente, pues sabe que hizo bien su trabajo. Ese profesor sabe que no es imprescinidible ni creador de tendencia, sabe que en su práctica diaria está su éxito. No en ser imitado ni seguido ni adulado. ¡Qué paz! ¿No?



* Ilustración: Helena Pallarés

sábado, 23 de septiembre de 2017

Enseñanza Inspirada (V): Respeto, curiosidad y admiración

      Considerando que tengamos el privilegio de estar enseñando o educando con el lenguaje del yoga, frecuentemente nos encontraremos en una esterilla mirando hacia un espacio en el que habrá, al menos, una esterilla más. Es importante cómo miramos a esa otra esterilla, a la metáfora que en ella se desarrolla y a la persona que representa el teatro de las posturas en su propio cuerpo. 
      La primera vez que me puse en una esterilla en el lugar de profesora se me hizo muy extraño. Me sentía separada de las demás personas de la sala, perdida en esas miradas que se dirigían hacia mi, pensando en qué habría detrás, sin asumir que yo era el foco de esas miradas. 
A pesar de mi torpeza, y mis escasos recursos pedagógicos, tras esa primera clase decidí que este era el trabajo más bonito que había hecho nunca (por las sensaciones que emanaban de todo mi cuerpo).
     Quiero contextualizar esta sensación. Esto fue hace exactamente diez años (mes de Septiembre de 2007). Llevaba más de cinco años trabajando en moda, y tenía en ese momento un trabajo precioso como diseñadora, que me gustaba y me permitía expresar mi creatividad. Sin embargo, nunca me había sentido en un lugar tan hermoso y tan útil como en aquella primera clase con cara de pez. Nunca había experimentado el placer de cuidar de los demás a la vez que trabajaba. 
      Desde el principio sentí mucho respeto por las personas que se acercaban a mis clases, incrédula de que les resultara una experiencia completa y suficiente viniendo de una profesora tan novel (¡aún me siento así muchas veces!). 
Han pasado muchas estaciones en mi vida personal desde entonces y en esta profesión he ido sumando horas de vuelo (como me gusta llamar a las horas de enseñanza ¿acaso no es el profesor un piloto?). Gracias a esas estaciones y esas horas he ido sacando algunas conclusiones (que imagino que habrán variado bastante dentro de diez años) y hoy quiero hablar de algunas de esas conclusiones, que son pequeños mapas para mi día a día.
     En cierto modo, cuando enseñamos aspiramos a meter la pata lo menos posible. No significa evitar todos los riesgos, significa evitar precipitarnos. Creo que un buen principio para observar el mundo desde la esterilla del profesor es mirar a todos los alumnos como si fueran héroes. Cada uno de ellos organizó su vida (tiempo, finanzas, familia, trabajo,…) para estar aquí en este momento (incluso el que llega tarde). Puesto que la experiencia es grupal no debemos permitir faltas de respeto repetidas por parte de nadie en cuanto a horarios y formas. Sin embargo, un alumno que ocasionalmente llega tarde, ha de ser saludado, honrado e invitado a la clase (no sabemos qué se puso es un camino, ni cómo fue su día, ni la necesidad de cariño y atención que puede tener,…).
      El profesor de yoga es un orientador en la creación de espacio interior. Primero hemos de crear espacio en nosotros mismos para mirar a cada estudiante sin prejuicios, y no juzgar su experiencia o práctica como buena o mala. Si algo nos irrita especialmente en algún alumno, hemos de reconocer y acoger esta realidad, haciéndonos responsables de la parte que nos toca en cuanto a actitud, creencias, aversiones y apegos.
Considero muy positivo mostrar mucha curiosidad a la hora de observar, sin dejar que nuestro conocimiento formal se interponga en el encuentro humano, y permitiendo que  nuestra sabiduría experiencial fomente este encuentro desde el respeto.
      Si conseguimos crear un contexto en el que el alumno, de manera segura y valiente, pueda explorar y descubrir caminos nuevos, permitiremos que lo que se ha abierto en su conciencia no se vuelva a cerrar (conocimiento, claridad, inspiración,…). Si en el espacio seguro y recogido de nuestra esterilla, bien acompañados, bien sentidos, bien nutridos ¡y un poco perdidos! podemos descubrir quiénes somos, y admirarnos un poquito, se abre un camino en el que una sana confianza y una madura valentía pueden surgir en la vida cotidiana, generando el cambio y las nuevas realidades interiores que están deseando manifestarse. 
     Vivekananda decía que la educación es la manifestación de la perfección que ya existe en el hombre. ¿No pensáis que si damos el contexto adecuado, y esas perfecciones se manifiestan, el practicante empezará a admirar esas perfecciones y moverse por el mundo consciente de ellas?
¿Y qué son esas perfecciones? Quiero aclarar, porque la perfección en nuestra cultura es algo culminado. En este contexto yo comprendo las perfecciones como virtudes. Y comprendo la virtud como habilidad sublime no completada, pues está en desarrollo y maduración, eternamente.  La perfección es algo vivo que se despliega, y lo hace especialmente bien cuando las circunstancias son propicias. ¿Quiero decir que las circunstancias lo son todo? Son mucho, pero no son todo.
      Lo decía Ortega y Gasset: yo soy yo y mis circunstancias. Si yo, como profesora, consigo crear las circunstancias, al practicante ya le queda solo la mitad del trabajo. Y eso es enseñar. Enseñar es navegar en equipo. Es compartir proyecto, sudores, miedos, pasiones y propósitos. Para educarnos juntos hemos sentirnos juntos. Y el profesor puede, con su respeto, su admiración y su curiosidad desbordantes, hacer sentir a sus alumnos que está con ellos, que siente con ellos, que respira con ellos y que cree en una relación horizontal bi-direccional entre el que enseña y el que recibe. En lo abstracto de estas direcciones invisibles, llega un momento en el que todos nos damos cuenta de que todos estamos enseñando, y todos estamos aprendiendo. El profesor que olvida que está aprendiendo, está perdido en sus certidumbres y en sus hábitos. Cuanto más tiempo llevamos enseñando, más riesgos. Hagamos como les pedimos a nuestros alumnos, mantengamos la mente del principiante viva y despierta, sin apolillarnos, sin dormirnos, admirándonos.


     Hoy quiero mencionar algunas maneras de traer estos conceptos a la práctica, para que se vea qué significan para mi.
      No debemos nunca asumir que una persona con un problema de salud, o una limitación en su movilidad, es débil. Cualquier cuerpo impulsado a explorarse descubre talentos inexplorados. Todo cuerpo vivo guarda y conserva espacios de fuerza, es nuestra labor descubrirlos. Así, el que se siente débil, puede salir de su sesión de yoga motivado de sus progresos. Probablemente seguirá practicando porque descubre su poder interior a través de su práctica. 
Para promover esa admiración del alumno hacia sí mismo podemos siempre animarle a superarse (sin violencia), a cultivar su resiliencia, evitando la pereza, y a usar su respiración y su actitud para encontrar placer en los desafíos y los esfuerzos. Así como hemos de ser sensibles cuando alguien está forzando una postura, perdiendo elegancia y gracia, debemos ser sensibles a aquel que sólo pone la mitad de sus recursos en marcha. 
      Nuestra práctica de yoga no es el contexto en el queremos guardar la energía, porque todo lo que ponemos nos viene devuelto y multiplicado en vitalidad y bienestar. ¡Es un buen lugar para invertir! Cuando invitamos a los alumnos a poner más pasión en las posturas considero más seguro hacerlo verbalmente, y no con ajustes manuales. No creo que debamos ajustar para ayudar al alumno a avanzar en las posturas, sino para que pueda sentir el cuerpo mejor colocado. Es mejor que el alumno avance a su ritmo y con sus recursos hacia su siguiente nivel, y allí dar el ajuste si estamos seguros de que es necesario. Personalmente, las pocas veces que me he hecho daño guiada por otro profesor han sido veces en que me han movido el cuerpo allí donde yo no podría haberlo hecho con mi propia fuerza, con lo cuál no estaba protegida por mi propia musculatura ni con mi conciencia corporal.
     Tengo también algunas ideas respecto al dolor. No puedo crear ciencia ni corriente de pensamiento, pero puedo compartir mi experiencia. He visto que hasta las personas que decían sentir dolor todo el rato, han encontrado un puente en ese dolor hacia más libertad usando posturas y respiración bien combinados y adaptados. Si yo hubiera atendido sólo a su dolor a la hora de guiarles, no les habría propuesto hacer nada. Sin embargo, a veces es más completo atender al dolor tanto como a la posibilidad, y la vía, para encontrar el espacio sin dolor. Detrás del dolor, normalmente, hay libertad de algún tipo. La falta de movimiento en general aumenta el dolor, así que lo ideal será siempre encontrar el máximo movimiento posible con el menor dolor posible. Interpretar esto de manera adecuada es importante. Los resultados en este contexto son lentos, pero están asegurados si guardamos fe y una buena praxis. Personalmente, cuando viene alguien a mi consulta privada y siento que no estoy preparada para ayudarles se lo hago saber. No soy profesora de yoga terapéutico, aunque uso el yoga para trabajo terapéutico. Incluso el yoga en algunos momentos puede ser una opción inadecuada, y es bueno darnos cuenta.
     Respecto a mi propia práctica también tengo algunas conclusiones. A veces, practicar con un poco de dolor es mejor que no practicar. Aunque todo depende del tipo y el origen del dolor. Movilizar suavemente, respirar profundamente, sentir el cuerpo, aunque sea en la mínima de las expresiones, casi siempre es lo mejor. Y mejora mucho el ánimo, que es lo que más afectado queda cuando tenemos dolor o limitaciones. Hasta hace poco no había tenido ninguna lesión, y ahora que la he tenido he llegado a esta conclusión tras explorar múltiples caminos. Por supuesto, esto es sólo mi experiencia personal. Creo que amo tanto el yoga que estoy dispuesta a pagar con un poquito de dolor excepcionalmente, a cambio de una práctica estimulante y renovadora. ¿Será vicio o que me encanta ese momento al final de la práctica en el que puedo admirar mis jóvenes virtudes madurando?

Y aquí cierro tema. En este artículo he querido mojarme sin empaparme. Espero haberos salpicado de algo fresco y vibrante.

Gracias por vuestra escucha y atención. Dejo estas conversaciones abiertas, no dudéis en escribirme con dudas, consultas, correcciones, sugerencias u opiniones a diana@samyamayogaibiza.com



* Ilustración Lucy Rose