domingo, 30 de septiembre de 2018

Educación y yoga conmigo en Barcelona y Madrid en Noviembre

      Tras once años enseñando yoga veo cómo en cada etapa se renuevan mis objetivos, articulándose cade vez de manera más clara y detallista los valores y las herramientas fundamentales que forman parte del legado tradicional del yoga, y que mejor se adaptan a las demandas de la vida contemporánea.

Por supuesto, no descarto que haya quien quiera iluminarse. Sin embargo, la mayoría de nosotros aspiramos fundamentalmente a lo mismo; una vida sana y feliz en la que poder disfrutar de la belleza que ofrece el día a día, y en la que podamos resolver los desafíos que se nos presentan intencional y creativamente. 

Doy por sentado que no todo el mundo lo expresaría de la misma manera que yo. Sin embargo, tras más de dos mil horas de enseñanza, otras miles de estudiar y crear contenido y cientos de alumnos frente a mis ojos creo que no me alejo demasiado de una realidad y una humanidad común. Y ese es el mayor regalo de estos años.

En realidad, más que pensar que esto nos estandariza, me gusta ver cómo estamos esencialmente unidos en nuestros deseos profundos. La diversidad aparece en cómo cada persona busca y logra sus objetivos. Esta diversidad es positiva y necesaria pues enriquece el intercambio y la experiencia humana, fomentando una alquimia individual difícil de descifrar pero que hace la vida muy apasionante.

      Como profesora quiero transmitir detalles e inspiración, porque he visto que el resultado de darle importancia a estos dos elementos es transformador y estimulante. Si yo quisiera transmitir solamente mi amor por la sofisticación intelectual, el conocimiento espiritual o la integridad en el movimiento probablemente no llegaría con tanta cercanía a la gente. Sin embargo, todo el mundo es sensible a los detalles, y todos agradecemos recibir ideas y alientos para seguir nuestro camino. Finalmente, se trata de que el yoga nos encuentre allí donde estamos, con lo que tenemos.


     Todo esto para compartir que estoy muy emocionada porque me dispongo a viajar de nuevo para enseñar. Ha sido una larga espera a los largo de 2018, como una contención de deseos, mientras profundizaba en formaciones en el extranjero y con los compromisos de temporada en Ibiza. Ahora mi presencia física aumenta en varias direcciones y mis ojos se abren para recibir las aventuras que vienen. La verdad es que me encantan los ciclos.

¿Qué esperar de mis siguientes talleres en Madrid y Barcelona?

Durante los últimos años centré el contenido de mis talleres en cuestiones filosóficas y de neurociencia que en ese momento eran parte de mi estudio personal y mi práctica. En todos mis talleres el movimiento y la anatomía eran parte de la ecuación porque enseño asana (posturas), pero el contenido teórico siempre era de ambición intelectual.

Reflexiono mucho sobre las conexiones entre pedagogía y ética, sobre cómo lo que vivimos y cómo vivimos empapa y aromatiza todo lo que enseñamos y cómo lo enseñamos. Por eso el año pasado decidí ofrecerme el reto de concentrarme en desarrollar masterclass de orientación anatómica, para educar la atención en las sensaciones corporales y dar herramientas para la búsqueda del alineamiento más refinado en la especificidad única de nuestro cuerpo.

He aprendido mucho y  me ha servido para detectar lo necesaria que es este tipo de educación para la mayoría de los practicantes y profesores.

Para Noviembre he programado dos fines de semana (uno en Barcelona y otro en Madrid) para ofrecer este contenido de manera condensada y concentrada. 

Cada fin de semana ofrece una serie de cuatro Masterclass. Esta serie entra en detalle en las acciones musculares y de alineamiento que favorecen una óptima experiencia y exploración de los diferentes grupos de posturas de yoga. Todas las propuestas pertenecen a la fusión de la forma de asanas tradicionales junto con el conocimiento contemporáneo de biomecánica y movimiento funcional. En ambos contextos la intención es acompañar al cuerpo en su naturaleza anatómica y en las diferencias constitucionales de cada cuerpo. El objetivo no es una postura única y estándar para todo practicante sino encontrar el rango de movimiento propio que desarrolla fuerza y movilidad de manera equilibrada. La integridad y la estabilidad son los objetivos fundamentales. 

Detalles de los talleres 

LA ANATOMÍA DEL MOVIMIENTO ATENTO
En Barcelona el 3 y 4 de Noviembre y en Madrid el 24 y 25 de Noviembre

Se puede asistir un día o los dos. Las masterclass para el primer día son: 1) Posturas de pie y 2) Hombros y Brazos. Para el segundo día son: 1) Extensiones de columna y 2) Flexiones y torsiones

Cada masterclass cuenta con su propia introducción teórica y una práctica guiada de vinyasa de precisión para explorar los principios en nuestro cuerpo. 

Estas clases son para practicantes de todos los niveles de experiencia. Los profesores pueden validar las horas como formación continua acreditada por Yoga Alliance.

Con muchas ganas de encontrarme con vosotros.


Para información, reservas o sugerencias podéis contactarme en diana@samyamayogaibiza.com

Todos los detalles prácticos están aquí: Eventos Samyama.



miércoles, 5 de septiembre de 2018

Meditación en movimiento

Escribí este artículo para la colaboración entre la revista Universo Holístico y la plataforma online Gaia.com. Al final del artículo encontraréis un vínculo para ver de manera gratuita una clase que grabé hace varios años para el canal de yoga Aomm.tv (ahora Gaia.com).

Espero que disfrutéis el artículo y la clase.



MEDITACIÓN EN MOVIMIENTO


“Eso de meditar suena genial ¿verdad? Y además dicen que va muy bien...Los estudios científicos le otorgan muchos beneficios... Pero, es un poco solemne y serio ¿no? Eso de sentarse, cerrar los ojos, quedarse quieto y observar ¿el qué?... No sé... Quizás es difícil, o aburrido...Yo no valgo, soy muy inquieto... El caso es que me vendría bien... Pero no sabría por dónde empezar...”

       Este es un extracto de una conversación típica cuando surge el tema de la meditación en un entorno de personas que nunca la han practicado. Y es normal, cuando no tenemos experiencia directa de algo, es muy fácil caer en ideas preconcebidas y juzgar por las apariencias.

      Cuando escuchamos hablar de meditación puede que imaginemos a una persona sentada con los ojos cerrados y semblante de serenidad ¡qué imagen tan idílica! Y tan lejana a la vez... La realidad es que todas las personas que se sientan a meditar saben perfectamente que no siempre es cómodo ni fácil pero que los beneficios que aporta bien merecen el esfuerzo. Con el tiempo, la meditación se convierte en un lugar de descanso. Pero esto lleva práctica y paciencia.

      Me interesa mucho llegar a las personas que les gustaría introducirse en la meditación pero no saben cómo hacerlo. Realmente creo que es una práctica que aporta beneficios adaptados a las necesidades de cada individuo, y es una manera eficaz de mejorar nuestra calidad de vida (coste bajo, esfuerzo moderado y generosos resultados).

Una de las intenciones de la meditación es enseñarnos a concentrar y dirigir nuestra atención. Esto se puede hacer de maneras muy diversas. De hecho, aunque no seamos conscientes de ello, con atención concentrada es como hemos aprendido casi todo lo que sabemos. En definitiva, la meditación implica una educación de la atención y por ende es un proceso de aprendizaje. Una manera sencilla de verlo y comprenderlo: meditar es educar nuestra atención.

Para ejercitar el músculo de la atención solemos elegir objetos en los que concentrarnos, como cuando vamos a estudiar. Para aprender algo no nos ponemos veinte libros abiertos delante sino que elegimos un libro, una página y un lugar por el que empezar a leer. Así como podemos estudiar materias muy variadas, podemos elegir diferentes objetos para entrenar la atención.

      Otra idea general y necesaria que me ayudará a explicar mi propuesta: todos queremos disfrutar mientras vivimos, aprendemos y asumimos desafíos. Encontrar alegrías en el camino es una buena fórmula para mantener constancia y compromiso ¡sobre todo en proyectos de larga duración!

Desde mi experiencia, el yoga ofrece un paisaje muy fértil para disfrutar del camino a la vez que nos preparamos para la práctica de la meditación. Observando el mundo en el que vivimos parece que para muchos de nosotros es más fácil movernos que estar quietos sin ningún estímulo. Detenernos de golpe para sentarnos y meditar puede ser muy brusco o desconcertante y, sin embargo, es factible prepararnos para meditar mientras nos movemos y aprendemos a prestar atención al movimiento.

La práctica física de yoga ofrece un paisaje corporal en el que tiene tanta importancia el cuerpo como la intención de estar atentos. Al movernos de manera fluida, estimulando nuestra vitalidad, empezamos a sentirnos más cómodos en nuestro propio elemento. Entonces, poco a poco, la respiración, las posturas mantenidas y las sensaciones se convierten en focos de observación. Bajo este prisma, el yoga es una meditación (en movimiento) puesto que es un ejercicio que implica dirigir nuestra atención. En este panorama, el flujo respiratorio es nuestro gran tesoro. Si aseguramos su continuidad y estabilidad damos ancla y soporte a la práctica.
En nuestro mundo contemporáneo es una bendición encontrar una práctica que estimule el cuerpo y refine la mente. El sedentarismo y el estrés son lugares comunes de nuestra sociedad. 

      Casi todos necesitamos movernos más, descansar de la actividad mental y desconectar de los estímulos externos excesivos. No tenemos mucho tiempo ni tantas oportunidades para cultivar actividad física y desarrollar quietud mental en un mismo contexto. Por eso hoy en día se habla tanto sobre los beneficios de meditar y practicar yoga, y por eso son cada día más las personas que eligen hacerlo. Necesitamos respuestas creativas a nuestros desafíos culturales.

A menudo asumimos que la meditación es una herramienta exclusivamente para relajarnos, liberar estrés y aclarar la mente. Y frecuentemente es así. Pero también podemos usar la meditación como un medio para experimentar nuevas maneras de relacionarnos con nosotros mismos, incluso cuando estamos incómodos. La práctica de yoga ofrece situaciones razonablemente incómodas en las que podemos aprender a sentir el cuerpo a base de prestarle atención.

      Me gusta mucho cómo el yoga integra metáforas y mensajes para todos. Por ejemplo, cuando practicamos posturas no siempre podemos elegir las sensaciones del cuerpo ni nuestras reacciones emocionales y mentales. Si decidimos prestar atención a la experiencia globalmente y no sólo a las resistencias conseguimos transformar un impulso de huida en una experiencia de presencia. Y, quizás también, hemos aprendido a observar más y reaccionar menos.

En el yoga, como en la vida, encontraremos retos que nos obligarán a desarrollar equilibrio, serenidad, paciencia y escucha activa. Gracias a esto ya no asociaremos nuestra libertad a un ideal de perfección. Hemos comprobado que podemos sentir satisfacción y alegría aún cuando el viento no sopla a favor.

Y, quién sabe, quizás después podamos y queramos sentarnos en silencio a disfrutar del placer de la quietud interior. ¿Suena bien? Pues está en nuestras manos, o mejor dicho ¡está en nuestro cuerpo! Respira, muévete y observa. Bienvenido a tu hogar.



Pincha aquí para ver la clase online: Mindful Vinyasa con Diana Naya


jueves, 30 de agosto de 2018

Tormentas o pasiones: gestos de libertad

          Durante estos últimos días de Agosto puedo sentir cómo la isla ralentiza su respiración. O quizás soy yo la que lo hace. 

Hasta ahora he tenido una temporada excepcionalmente equilibrada. Estoy muy agradecida de que he llevado una agenda sin excesos y aún así he tenido la fortuna de observar y compartir mi enseñanza con tanta gente de diferentes lugares y ambientes diversos. En esta época del año doy clases privadas y grupales a un público internacional que me ofrece un paisaje muy heterogéneo, más allá de mi tranquila e íntima vida rural.
Fuera de la temporada turística mi paisaje es más homogéneo ya que me sumerjo en las clases regulares aquí y mis viajes a la península para enseñar. Ambas temporadas ofrecen lugares interesantes para el descubrimiento, pero los contrastes del verano me dan información muy especial y extraordinaria que me ayuda mucho para mi vida personal y mi trabajo.

      Cuando era más  joven y estudiaba Sociología no tenía claridad respecto al origen de mi interés en el comportamiento humano. Mientras diseñaba moda no tenía idea de por qué había aterrizado con un ánimo tan natural en el campo de la creatividad, pues mi inclinación empresarial era más hacia la organización y la gestión.


Ahora sé por qué todas estas cosas ocurrieron; necesitaba la habilidad de la observación tanto como el talento de la creatividad para ser una buena profesora (la profesión de mi corazón). Dicen que nunca sabemos por qué hacemos las cosas que hacemos pero que cuando miramos hacia atrás perfectamente entendemos el hilo conductor de nuestras acciones. Desde luego este ha sido mi caso. Y espero poder en el futuro entender por qué me embarco hoy en las aventuras que elijo.


      Creo que la observación es la herramienta más valiosa para la investigación y la indagación. En este tiempo de observar la vida a través de tantos alumnos he podido validar algunas de mis intuiciones. Yo no recojo datos de manera ortodoxa, pero quedan registrados interiormente de manera que me aportan sentido. Asumo que mis filtros personales son parte de la ecuación de mis conclusiones así que quiero compartir esto como opiniones, no como ciencia comprobada.

He estado observando de qué manera nuestras experiencias están reguladas por el nivel de apertura que aportamos. Apertura en este contexto se refiere a nuestra habilidad para mantener una buena distancia entre nuestras ideas preconcebidas o memorias personales  y lo que la vida nos está ofreciendo en ese momento. La apertura es incluso más que esto. Es un tipo de frescura e inocencia; nuestra habilidad para extraer lo mejor de cada situación, abriéndonos a la riqueza, revelación, descubrimiento y aprendizaje que nos aporta.
      Lo primero que un profesor de cualquier disciplina puede hacer es ayudar a los estudiantes a estar en este ánimo de apertura y curiosidad. ¿Cómo hacerlo? Desde mi experiencia creo que ayuda mucho ofrecer el conocimiento sin hacerlo demasiado exclusivo o estricto, invitando a los alumnos a que siempre se tengan a si mismos como referencia a la hora validar conocimientos. Creo que la apertura está relacionada con tener una sensación interna de libertad y elección.
Por ello, las personas que se sienten víctimas del mundo y tienden a ver drama en todas partes suelen tener más dificultad para experimentar apertura porque no se sienten libres. Por otro lado, las personas que saben que participan de manera activa en su realidad personal tienden a ser más abiertas.

¡No es difícil adivinar quiénes disfrutan más de los desafíos de la vida y aprenden más rápido!


      Algo bueno que debemos saber es que nuestras personalidadesno son programas estancados, son experiencias dinámicasde comportamiento, pensamiento, hábito y emoción. Y pueden ser recreadas y refinadas a través de nuestro interés y voluntad de hacer un cambio, sea grande o pequeño.

Con estas observaciones he confirmado que si queremos aumentar nuestra destreza en el movimiento es mucho más eficiente dirigirnos primero a la educación de la atención y la actitud. Cuando adiestramos la mente a través de nuestra atención el cuerpo naturalmente se dirige hacia paisajes más saludables e integrados.
       Como conclusión, necesitamos saber si queremos ver la vida como un lugar lleno de tormentas (drama, miedo y pérdida) o queremos verla como una experiencia en la cual podemos expresar nuestra pasión y apertura. Con esta decisión definimos toda nuestra experiencia vital, pues elegimos si vivimos con propósito y un poco de riesgo, o vivimos indefinidos y sin riesgos. ¿Cuál es nuestra elección como estudiantes y profesores?


Ilustración: www.agathebb.com

lunes, 30 de julio de 2018

Jardín o jaula: cuestiones íntimas

      Cada cierto tiempo me propongo una virtud en la que quiero hacerme excelente (entendiendo la excelencia como mejorarme, refinarme o alcanzar mayor destreza). Veo esa excelencia como un proceso en desarrollo que, tras ser iniciado, probablemente se mantenga activo en el largo plazo. No es una conquista absoluta sino un proceso de aprendizaje.
Hace dos años me propuse trabajar en la humildad. Para mi la humildad es la capacidad de no darnos más importancia de la que tenemos, sobre todo a la hora de pensar y sentir el mundo para luego comunicarnos con los demás. También incluye darnos el valor que tenemos en el mundo ¡porque la humildad no es inseguridad! La humildad verdadera nos permite darnos el valor justo y apropiado en cada momento ¡respetando el valor justo y apropiado de los demás también!

Han sido dos años interesantes en los que sin duda he recibido grandes lecciones y, a fecha de hoy, me siento mucho más serena y equilibrada en cuestiones de reacción, compasión, relación y presencia. Diría que ha sido un trabajo fino, a veces muy difícil, que como todo lo que me cuesta me ha dolido y me ha dado placer. Es un trabajo que sigue vivo cada día.

      Mis niveles de empatía han aumentado mucho, por nombrar un efecto secundario de mi gusto. Aspiraba a anular todas las voces competitivas de mi interior por el placer de no tener que negociarlas, pero siempre queda algún momento en el que alguna de esas voces pretende que me tome en serio la tarea de compararme o juzgar a alguien. No es muy molesto y, en cierto modo, va bien porque me recuerda de dónde vengo y dónde estoy. Creo que a veces nos pedimos demasiado a nosotros mismos. Los pensamientos que no nos gustan no tienen porque ser atendidos ni tomados en serio. Llevamos una larga historia de novelas y fábulas heredadas de nuestro entorno, y no siempre es posible borrarlas y retirarlas del paisaje. Basta con elegir algo que realmente se parezca a la historia que queremos escribir nosotros, hoy, aquí, honestamente.

Para el siguiente ciclo de mi vida me propongo trabajar en esta idea que llamo  Jardín o Jaula: la flexibilidad y el encuentro con el punto medio

      No creo necesitar aumentar mi flexibilidad física para mejorar mi vida (aunque podría hacer cosas increíbles para impresionar a los demás ¡lo cual no sería muy humilde!). Sin embargo, creo que encontraría grandes beneficios en mi vida diaria si pudiera organizar mi cerebro para reconocer en todo momento cuál es la opción más sensible, íntegra y abierta. Sin confusiones ni tribulaciones éticas. 

Durante los últimos años me he cuidado mucho a nivel de hábitos de vida. De tan íntegra y ética que he querido ser me pregunto si no habré rozado alguna frontera en mi interior, creando aroma de rigidez en algunas cosas. Ahora que tengo hijos también tengo claro que creo en la moderación, el punto medio, los lugares de encuentro, el saber ceder y tener capacidad de escucha. Creo que es importante cuando tenemos hijos que podamos transmitirles un alto grado de adaptabilidad y flexibilidad. Para que se comprenda mejor de que hablo quiero darle los matices necesarios. 

       A nivel neurológico existe un estado de orden en  el que sentimos que las cosas están bien y podemos evitar las orillas del caos y la rigidez para vivir en la corriente flexible de la salud mental y la felicidad. Daniel Siegel explica muy bien esto en su libro El Cerebro del Niño, y es un concepto en el que pienso a menudo. Tanto el caos como la rigidez son estados de desintegración neurológica. La integración se da cuando ambos lados del cerebro trabajan juntos y en sintonía; nos permite pensar con claridad y experimentar emociones y darles su lugar. Cuando estamos desintegrados nos superan las emociones, estamos confusos y actuamos de manera caótica. 

Para mí la rigidez es la sensación que experimento cuando tengo que saltarme mis propias normas para adaptarme a un contexto y me asaltan dudas éticas y de sentido. O cuando tengo que tomar actuaciones respecto a mi misma o los demás que no resuenan con mis códigos y mi estilo de vida (por ejemplo puedo sumergirme en dolores de gran magnitud sin tomar medicación; aunque racionalmente entiendo que me haría bien en un momento dado, emocionalmente me angustia usar drogas sin necesidad). Esto que cuento va mucho más allá de lo ideológico, de hecho no son especialmente importantes las ideas aquí, sino la aplicación en el día a día de mis valores sabiendo que vivo en un mundo de diversidad y grandes corrientes generales de pensamiento colectivo. 

Generalmente estoy muy satisfecha con mis niveles de integración neurológica. En ese sentido sé que no soy una extremista cuando me veo en un contexto compartido, y eso me alegra. Hay cosas en mi vida que me recuerdan que sí conozco los puntos medios y los práctico cada día. En una familia, inevitablemente, se afinan mucho los artes de resonar, ceder y negociar. Una proyecto de pareja como el que tengo no llega a estar más de veinte años en felicidad y salud sin haber aprendido a negociar y encontrar los puntos medios así como a respetar las diferencias y los códigos personales. Tampoco se puede tener buena relación con los hijos si no sabemos poner nuestra manera de pensar de lado para crear nuevas maneras colectivas de pensar.

      Entonces ¿por qué tengo esta idea de jardín o jaula rondándome? Porque cuando la puerta de la jaula ya está abierta y estamos saliendo de ella, y el jardín y sus aromas están ya bajo nuestros pies, es el momento en el que no debemos dejar escapar la lucidez necesaria para aterrizar en el jardín de la integración plena y totalmente, soltando anclas y amarras del pasado. En el jardín no hay fricción en el cambio de rumbo ni resistencia a los cambios de guión, sin embargo hay un diseño superior del orden de las plantas y las flores que cree en la estrategia y el proyecto como maneras de sembrar coherencia y éxito.


En realidad, para que engañarnos, estoy apostando en este momento de mi vida por la salud mental en su máxima expresión. Muchos de los que me conocen quizás vean estas ideas como una exageración considerando que la mayoría me tienen por especialmente cuerda y serena. Pero a mi no se me borran las  experiencias que la vida me ha traído a través de una enfermedad mental muy grave de mi padre. Las fronteras entre salud y enfermedad son finas, más de lo que pensamos a veces. Por eso, por esa genética, esa memoria, esos surcos que no quiero olvidar, me comprometo a dejar legado y cura a los que vienen detrás de mi. He aquí mi proyecto para los siguientes años. Jardín. Jardín. Jardín. Para mí y para todos. A ser posible ¡tropical y colorido!




* Ilustración Jennifer Tyers 
www.jennifertyers.com

martes, 5 de junio de 2018

Enseñanza Inspirada (IX): Voz, contacto, movimiento ¿cuál es la herramienta más eficiente para enseñar?

      Raramente escribo sobe temas de actualidad. Sin embargo, este tema que traigo hoy está calentito en las conversaciones contemporáneas del yoga (aunque ya se ha tratado en contextos tradicionales). Además, es relevante y necesario en nuestra serie de Enseñanza Inspirada, y quería seguir completando temas y dimensiones de nuestro infinito planeta yogi, una historia interminable y fascinante.

El debate sobre si un profesor debe enseñar las posturas o sólo dirigirlas, si debe ajustar con la voz, o también usar el contacto, y sobre las diferentes maneras que tenemos para interactuar y enseñar nuestra disciplina está muy abierto y genera discrepancias mayores y menores entre unos profesores y otros.

He recibido varias consultas de otros profesores sobre este tema, y también lo hemos estado tratando en las reuniones de profesores que organizo en Ibiza. Por eso he decidido escribir este artículo.

      Primero, quiero indicar que esas discrepancias son normales, La variedad humana está representada en la variedad de profesores, y esto da lugar a mucha diversidad. De hecho, ni yo ni este texto pretendemos sentar cátedra, crear escuela o escribir verdad. Voy a hablar de mis impresiones y exploraciones en este territorio basándome en mi experiencia y mi conocimiento.

La disciplina del yoga incluye movimiento, respiración, filosofía, técnica y muchas otras cosas. Como profesores aspiramos a transmitir una buena representación de las mismas con la máxima calidad posible. Por ello, muchas herramientas son necesarias. Lo que vamos a hacer a lo largo de este escrito es valorar su eficiencia en diferentes planos de la enseñanza. 

El contexto que tomaré es el de la práctica de asanas (posturas de yoga). La meditación y las técnicas de respiración no incluyen movimiento así que viven fundamentalmente de la dirección por voz (tono, textura, volumen, tempo, lenguaje, silencio,…). También tienen importancia pero no es a lo que le dedicaremos tiempo hoy.

      Además de los tipos de profesores hemos de saber que hay tipos de alumnos, con diferentes maneras de aprender y registrar información. Esto significa que a la misma situación diferentes alumnos reaccionarán de diferente manera. Por eso, idealmente, no debemos crear un modelo rígido ni creer haber encontrado el grial del profesor perfecto con afirmaciones absolutistas. Para algo somos yogis ¿no? ¡Cuantas más herramientas y recursos tengamos mejor resolveremos el reto de comunicar nuestros objetivos de enseñanza! 

La mejor herramienta que tenemos para elegir bien cómo transmitir es conocer a nuestra audiencia (o público). Aunque establezcamos unos principios básicos en los que mostraremos preferencia por no practicar las posturas con los alumnos todo el rato, esos principios se desvanecen cuando el contexto no es apropiado. Y debemos saber reconocerlo. 

      En un contexto ideal, con alumnos que practican yoga desde hace suficiente tiempo para conocer el lenguaje básico de posturas y movimiento, podemos guiar la clase con nuestra voz al 90%, sin demostrar más que algunas posturas, variantes o apuntes anatómicos con propósitos de refinamiento. Y eso, como profesores, es maravilloso porque nos permite observar, ajustar lo que vamos diciendo, respirar, dar silencio y evitar lesiones en nuestro propio cuerpo por repetición de movimientos. En estos casos, incluso aunque algún alumno menos experimentado tenga dudas, podrá observar a sus compañeros si en algún momento se pierde. 

Lo ideal es educar a los alumnos a desarrollar la escucha, por eso si no nos ven haciendo las posturas prestarán más atención a nuestra voz y sus propias sensaciones físicas. Estamos en las esterillas no sólo para hacer, sino para escuchar, sentir, prestar atención, indagar… La escucha es una cualidad que debemos desarrollar como alumnos si queremos más acceso a los detalles y riquezas de nuestro cuerpo. Para el profesor, ya que los alumnos no hablan, escuchar al alumno equivale a verle mover su cuerpo y respirar, observar cómo reacciona a lo que vamos diciendo y entender la conversación que se genera. Por ello, si estamos dando la clase, dirigir con la voz y observar lo que ocurre es lo ideal.

      En este contexto, una vez elegida la voz como herramienta prioritaria, aún nos queda decidir qué queremos hacer con nuestras manos. Algunas formaciones y profesores dan mucha importancia al ajuste manual. Los que me conocéis sabréis que salvo en clases privadas no hago muchos, aunque sí que hago algunos de manera puntual si lo veo apropiado o necesario. Excepcionalmente, haré un acercamiento grueso o muy directo a algún alumno de confianza, pero no es lo habitual. Tengo mis razones y estoy encantada de compartirlas. En un contexto grupal hay muchas cosas que atender, y el tiempo que estamos haciendo ajustes a un alumno normalmente no estamos mirando a los demás, e incluso puede que perdamos la línea oral de lo que estamos contando. Por eso los momentos para hacerlo me parecen escasos. Hay que conocer mi sesgo personal, tengo mucha inclinación por la palabra. Por otro lado, creo que la mayor parte del descubrimiento se hace por ajuste interior y sensación, aunque nunca negaría la cualidad informativa del contacto adecuado. 

El contacto que demos no debe ser complaciente ni ir dirigido a que el alumno cree una relación de dependencia en la que no siente la postura hasta que es ajustado, o piensa que el profesor es el que realmente sabe de su cuerpo. En mi experiencia, de los ajustes ofrecidos, más o menos la mitad son registrados y crean cambios en el cuerpo del alumno y la otra mitad deja al alumno desconcertado o no llega a ser registrado. Podríamos decir que eso se debe a la calidad de mis ajustes. pero creo que mucho tiene que ver también con la conciencia corporal de cada persona. 

En resumen, en una clase grupal, con una cantidad moderada de alumnos (entre 5 y 12 más o menos) que conozcan los fundamentos del yoga (aunque no sean avanzados) podemos guiar con nuestra voz y hacer algunos ajustes manuales y tener un relativo éxito en cuanto a nuestro impacto educativo en nuestra audiencia.

      A partir de 12 o 15 personas veo muy difícil ser justos y proporcionados con los ajustes manuales, y  perderemos la capacidad de observar al grupo y regular el rumbo de nuestras indicaciones verbales para favorecer a la mayoría de las personas. Muchos profesores, incluida yo misma, lo pasamos mal viendo a una persona en una postura que podría ganar estabilidad o eficiencia con una atención personalizada, pero hemos de aprender a confiar en que suficiente tiempo de práctica y buena instrucción les ayudarán a progresar y asimilar al ritmo que realmente es saludable y necesario para ellos. El ajuste no debe hacerse nunca para llevar a una persona a un lugar que no llegaría naturalmente con los recursos de su propio cuerpo, sino para informar de una posible ampliación de espacio, fuerza o conciencia en los recursos corporales que ya tienen.

Finalmente, en un contexto grupal no debemos intentar ofrecer la misma calidad de atención que en una clase privada, o nos frustraremos.

      En una clase grupal encontraremos muchos imprevistos y eventos fuera de nuestro control, por ello hemos de tener un amplio abanico de posibilidades para situarnos ajustándonos a lo que pida el momento.

      En todas las clases aparecen personas que no han hecho yoga nunca. Y esos son los momentos en los que hay que regular nuestra presencia en el espacio. En esos casos, normalmente hago mucho más con mi cuerpo, sobre todo al principio de la práctica, hasta que hay un poquito de familiaridad con los patrones básicos de movimiento. Retirarnos del foco del alumno principiante puede causarle una sensación de estar perdido que no ayuda a su incorporación al ritmo. Se trata de facilitar el trabajo de aprendizaje y son momentos en los que podemos modelar con nuestro cuerpo un poco más, desde mi punto de vista. 

      A menudo me he encontrado en clases donde la gran mayoría son principiantes. El método de guiar sólo por voz es lo más ineficiente del mundo, porque son personas que no han desarrollado aún la capacidad de registrar e interpretar el leguaje específico del yoga y necesitan ver las cosas, pues las conocen poco o nada. En esos casos, incluso si me rasco la nariz, siempre hay alguien que me imita. Y si abandono la postura para dejarles respirar y yo poder observar saldrán de la postura conmigo. 

He desarrollado un método que de momento me funciona bien. Iniciaré la clase con ellos y me moveré despacio nombrando bien las posturas principales, hasta que las hemos repetido suficientes veces, y entonces reduzco mi participación a las posturas que son nuevas en cada ciclo. Como profesora de Vinyasa eso es posible porque algunas posturas y transiciones se repiten mucho. De hecho, un porcentaje relevante de una práctica de Vinyasa, incluso en un estilo lento como el mío, es repetitiva. Así pues, he aprendido en estos contextos con más principiantes a enfatizar cuándo es tiempo de estar quietos en la postura, antes de moverme yo y salir de ella. Otra de las razones que nos obliga a modelar un poco más de lo deseable es cuando hay personas en la clase que tienen dificultad para hablar el idioma en el que enseñamos. En estos casos hay muchas posibilidaded de caos, y nos puede favorecer incrementar nuestra participación con movimiento.

     Por otro lado, yo me mantengo fiel a las cosas que he estudiado de neurociencia, y sí creo que un profesor que no demuestra absolutamente nada pierde la ocasión de estimular y nutrir a las neuronas espejo. Muy simplificado, son neuronas que perciben acciones en el otro y son responsables de comportamientos empáticos y facilitan la imitación. De alguna manera, ayudamos al otro a sentir una postura cuando nosotros la hacemos y sentimos. Así le ahorramos trabajo al alumno ayudándole a anticipar las sensaciones de una postura. En definitiva, como modelos de las posturas podemos inspirar a a los alumnos. Por eso, siempre me gusta indicar que cuando enseño una postura son las acciones de la postura lo que es importante, no que la forma sea exacta a la que expresa mi cuerpo ¡porque cada cuerpo es diferente! 

      Hablaré también de cuestiones de salud. Así como pienso que hacer todas las clases que damos no es bueno para el cuerpo, creo que tampoco es bueno para el cuerpo estar solamente paseando entre alumnos como si fuera una instrucción militar. Por eso puede ser una buena estrategia empezar la clase respirando y guiando con nuestro cuerpo, y después levantarnos para guiar más con la voz. Esto depende mucho del tipo de clases, pero yo lo hago normalmente si la apertura de la clase la he planeado en postura sentada. Si la he planeado sobre la espalda me quedaré de pie.

      Otro detalle. Cuando estamos en una clase con mucha gente es más cómodo pasear y observar (porque hay muchos cuerpos y la mirada queda repartida). Cuando nos encontramos en una clase con poca gente a veces esa observación resulta excesiva (pues recae en menos personas) y también es hermoso darle al alumno la posibilidad de que no se sienta tan observado. En este caso marcar algunas posturas y hacerlas puede aliviar la carga de esa mirada constante.

Digo esto y a mi no me incomoda especialmente sentirme observada, pero hay que tener en cuenta que encontraremos personas a las que sí. Y en ese caso, mientras se acostumbran a que nuestra mirada no es examinadora sino observadora empática y compasiva, podemos liberarles de vez en cuando se esa carga. Especialmente tendré en cuenta esto en las clases privadas. Y con los más avanzados, que ya saben que no hay nada que demostrar, me permitiré mucha observación directa, y con los más principiantes, para ayudarles a integrarse conmigo y con su propio cuerpo, les haré sentir que no estoy todo el rato mirándoles. Lo cual coincide perfectamente con que estas personas que se están iniciando necesitan más ver las posturas.

      De todo esto vamos a extraer una pequeña ecuación general, para regular cuánto participamos con movimiento y cuánto sólo con instrucción verbal (o algo de contacto). Tendremos en cuenta de manera primaria el tipo de público (los niveles de experiencia) y de manera secundaria, pero también muy importante, el número de personas en la clase. Por supuesto, hay más factores, añadidlos en el orden que queráis (nuestro nivel de experiencia y comodidad con las herramientas de enseñanza, nuestro estado de salud, si estamos o no trabajando para alguien que tiene ciertas preferencias, y un largo y sinuoso etc.).

      Para mi las clases más fáciles y gozosas son las que doy a profesores (individuales o grupales) porque puedo concentrarme en dar instrucciones apropiadas según voy observando y aprendo mucho de ver a los alumnos, lo cual me permite mejorarme y ayudarles de manera más eficiente. Las más desafiantes son las que doy a principiantes en un grupo grande y mixto y con gente que no habla bien el idioma en el que doy la clase. La realidad es que la mayoría de las clases que doy son una mezcla de todo esto y tengo siempre que encontrar puntos medios que me resulten genuinos. Por eso, como veréis, comparto ideas pero no puedo dar un modelo que valga siempre porque no hay nada estático en el hermoso arte de enseñar.

Estoy segura de que muchas de estas cosas ya las habréis pensado, y muchas otras completan naranjas y limones de vuestro pensamiento creativo y genuino. Ya tenemos nuestra huerta lista para dar frutos maduros y flores aromáticas. ¡Feliz enseñanza y feliz vida a todos!


* Ilustraciones Nathalie Dion


viernes, 16 de marzo de 2018

Empieza donde estés. Con lo que tienes.


       No hace falta ser un yogi para hacer yoga. No es necesario ser el más sano del barrio para hacer yoga. No necesitas haber culminado el everest de tu conciencia para hacer yoga. Y, por supuesto, y no me cansaré nunca de repetirlo ¡no hace falta ser el más flexible ni al que mejor le sientan los shorts para hacer yoga!

El yoga está para servir al desarrollo de todas nuestras dimensiones humanas, así que todas las personas son bienvenidas, bien recibidas, bien servidas… Se encuentren donde se encuentren, vengan de donde vengan, sepan lo que sepan, quieran lo quieran. 

Además, cada uno tiene la libertad de decidir por dónde empezar a investigar y explorar ¿no? Algunos preferirán educar la atención a través de la meditación, otros a través de las posturas, otros a través del estudio. ¿Quién dijo que había una sola manera de conquistar nuestro mundo interior? ¿No decían que todos los caminos llevan a Roma? Lo importante es coger un camino y dar un paso detrás de otro. La vida no se vive llegando, sino caminando. No se vive hablando de caminar, se vive caminando el camino del que hablamos. 

      Todos los caminos de atención llevan al estado de yoga. Suena sublime, y lo es. Pero además es factible, es posible, es verdadero, es una elección, es una práctica cotidiana, es un manjar, es un  juego, es amor… De hecho, uno de los significados de yoga es estar presente en lo que hacemos. Acción y atención en matrimonio dan lugar al estado de yoga.  

Por eso el yoga puede tomar tantas formas e interpretaciones. No hay problema en identificar el yoga con las posturas físicas tan hermosas que vemos en libros y redes sociales. Lo importante es que no nos identifiquemos nosotros con esas posturas (sea en forma de posibles o de imposibles). Cualquier cosa que nos motive es digna de ser atendida. Caminar requiere de energía, mejor estar motivados. Por eso imponer la forma o el camino, a nosotros mismos o a los demás, dará frutos pobres y pequeños. Sin embargo, abrirnos a todas las formas y caminos amplía nuestro jardín e incrementa nuestras posibilidades de elegir lo que nos sirve bien a nosotros.

      El conocimiento y la información de calidad nos ayudarán a elegir. Por eso la cultura y la educación son tan importantes, aunque no lo son todo. La voz interior tiene que estar viva para filtrar, ordenar y seleccionar lo que entra desde fuera, y hablar un poquito más fuerte que las voces exteriores. Te recomiendo que repartas equitativamente en tu vida el tiempo dedicado a conocer el mundo exterior (conocimiento creado y expresado por otros) y a descubrir el mundo interior (tus motivaciones, pasiones, talentos, inclinaciones...).

Entonces, desde donde estás, sabiendo un poco más quien eres y qué quieres, con lo que tienes, podrás entrar a tu práctica sin imposiciones, y la práctica podrá servir a tus necesidades y objetivos. 

¡Quizás ahora te creerás lo que dije al principio! Cada uno empieza donde está, con lo que tiene. No hay que acomodarse a un molde prefabricado, uno mismo es su propio molde. Y en ese molde pone los ingredientes que necesita. Para mi, ese es el verdadero yoga; el que respeta lo individual ofreciendo posibilidades universales. 









Ilustración: Roberto Cigna

lunes, 19 de febrero de 2018

Enseñanza Inspirada (VIII): Mitos, leyendas y peligros

      En unos días estaré en Barcelona en la escuela de Rocío Ramos (Yoga & Yoga Barcelona) para dar una Masterclass a los alumnos en formación. Éste es uno de los contextos más emocionantes en los que puedo encontrarme. Compartir con personas que aman el yoga y están en proceso de indagación y receptividad me recuerda y renueva que en ese mismo lugar estoy yo ¡y es donde deseo estar siempre! Lo más peligroso que le puede pasar a un profesor es pensar que ya lo sabe todo, tanto como es un obstáculo pensar que porque no lo sabemos todo no estamos preparados para compartir lo que sabemos. 

En el proceso de hacernos preguntas aprendemos. Ese aprendizaje que se da es más importante que tener todas las respuestas. Por eso me gusta siempre decir que yo tengo mis puntos de vista, y sé porque creo en ciertas cosas y en otras no a la hora de enseñar y practicar. Sin embargo, no doy por sentado que todo el mundo deba pensar así, ni mucho menos que los que piensan diferente no tienen sus razones. Mis ideas y creencias se basan en mis conocimientos, orientación y experiencias. Y, para mi, son válidos acercamientos a la práctica. Por eso los ofrezco como propuestas, sabiendo que no serán del gusto de todos siempre pero confiando en que abran procesos de indagación para todos. Más que a creer en mi, me gusta invitar a los alumnos a escuchar, preguntarse, observar, experimentar e ir definiendo los espacios que son verdaderos y están validados por la experiencia personal. Las respuestas nunca serán absolutas y eternas. Sin embargo, la mayoría de las preguntas lo son. Las respuestas cambiarán (como avanzan nuestra ciencia y nuestra conciencia). Sin embargo, la preguntas quizás serán siempre las mismas. A veces las respuestas nos valdrán durante un tiempo, y otras veces acabarán caducando o morirán con nosotros. 

Con esto dicho, entro al tema.

      Cualquier profesión está sometida, en su ámbito, a una gran variedad de tensiones, esfuerzos o constricciones. Como profesores o educadores, más allá de la alegría que podemos experimentar sabiendo que nuestro trabajo ayuda a la gente a sentirse mejor, existe un pequeño mundo de dificultades que está bien conocer.

Hoy hablaré especialmente de una de ellas, brevemente y sin drama pero con claridad (o eso espero). Cuando esta dificultad ha sido comprendida, integrada y superada, navegaremos con mayor facilidad y suavidad en nuestro mar de servicio y compromiso personal y profesional.

       Nuestra vida como profesores de yoga será muy difícil si creemos que debemos ser los que más sabemos de todo, los que mejor hacemos las posturas, los que más meditamos, los que tenemos la vida más resuelta y los que hemos superado todos las inseguridades. Tendremos mucho ruido en la cabeza, y mucha inestabilidad en el corazón, si estas ideas enraízan y crecen en nosotros.

La buena noticia es que podemos ser muy buenos profesores aunque no lo sepamos todo, aunque algunas posturas no nos salgan, aunque nuestra meditación diaria sea breve, aunque tengamos retos en nuestra vida privada e incluso conviviendo con todos los temores naturales que conlleva estar vivos.

¡Esto no significa que cualquiera puede ser un buen profesor de yoga! No me entendáis de manera confusa. Lo que intento decir es que el profesor de yoga es una persona común, que vive y respira en este mundo. Puede ser diferente en su propósito u orientación profesional, pero eso no le sitúa flotando en una cúpula de oro rodeada de nubes esponjosas. 

Todo profesor encontrará grandes dificultades si piensa que tiene que ser el mejor en todo en todo momento. Lo importante, y lo único que podemos controlar, es que seamos los que mejor nos hemos preparado la clase o el tema que estamos impartiendo, en ese momento. Ese es nuestro área de trabajo; estar preparados para la aventura de enseñar lo que nos hemos propuesto enseñar. 

Cuanto más avanzo en mi profesión con mayor frecuencia me encuentro enseñando a alumnos y profesores que están ya muy formados y tienen experiencia.  Gracias a esto me he dado cuenta de que no hay nada que demostrar, porque basta con presentarme con naturalidad y disfrutar de compartir con gente madura y sensible mi visión del yoga, sin dogmatismos pero con claridad. No sería capaz de hacerlo si pensara que tengo que ser mejor que ellos. Me basta con pensar que lo que aporto es relevante y complementa lo que ya conocen, asumiendo que siempre encontraré personas que me aventajan en algunas áreas de la práctica. ¡Y será algo que celebremos juntos! No es una ventaja estar rodeados de gente que sabe menos (aunque nos dé más seguridad temporalmente), considero un gran honor y privilegio estar rodeada de gente que sabe y tiene experiencia. Me anima a seguir puliéndome.
      El campo en el que más evidentemente encontraremos las diferencias es en el del asana, porque es la capa más visible de nuestra práctica y enseñanza. Primero, no hemos de identificar flexibilidad con práctica avanzada (obvio, pero muy frecuente). Una práctica avanzada implica integridad antes que flexibilidad, y eficiencia antes que estética. Implica un buen equilibrio de fuerzas y sentido común para una gestión apropiada de la energía y de los esfuerzos, tanto como el arte de integrar los espacios de liberación. El buen profesor conoce su cuerpo y tiene un elevado grado de dominio sobre él, pero habrá muchas cosas que por interés personal, ideología, estructura ósea, entrenamiento o historia física y psicológica no podrá o querrá hacer. Eso, más que negativo, es positivo porque le ayudará a comprender y guiar a otras personas a través de las mismas experiencias. Más que pensar en superar esas limitaciones bastará con integrarlas sin esconderlas, y seguir un principio de no elusión de lo difícil, sin por ello imponer violencia en nuestra práctica.

Conozco algunos profesores estupendos que no son especialmente flexibles, pero no conozco ningún profesor estupendo que no sea humilde, buen comunicador, buen oyente, compasivo y esté bien formado en la especialidad que enseña.

     La aproximación ideal en este contexto, para cualquier profesor, es mantener el compromiso con la práctica y la auto indagación (sobre todo en casa), recordando que el 90% de los beneficios de nuestra práctica de asana se encuentra en el 10% de las posturas que hacemos (Krishnamacharya). Esta información es útil de cara a ayudarnos a reducir nuestra obsesión por crear siempre cosas absolutamente nuevas, y volver a los fundamentos de la práctica: implicar a todos los movimientos de la columna, explorar todos los rangos articulares del resto del cuerpo, respirar de manera estable y mantener el equilibrio entre esfuerzo y comodidad hasta establecer nuestra práctica en ese lugar dulce de ecuanimidad y riqueza. No creo que se espere mucho más de un buen profesor, a nivel de su propia práctica física. El resto lo hacemos por el placer y por la aventura de progresar, pero no para validarnos frente a nada ni nadie.

     El mito que debemos romper es la asociación entre el nivel de práctica de asana y el nivel de calidad de un profesor. Aunque, naturalmente, en la mayoría de los casos, los profesores suelen tener un nivel intermedio o avanzado de asana, no debemos establecer relación única entre estos dos elementos. Cuando la identidad de un profesor se asienta en el asana éste asume el riesgo de perder su reino de claridad e inteligencia para hundirse en las aguas confusas y densas del ego (la supervivencia y la competición) nublándose su corazón en una batalla de humo.


En el largo plazo, lo que queda de un practicante de yoga es su capacidad para haberse establecido en integración consigo mismo y con lo que le rodea. Las consecuencias naturales son compasión, honestidad, integridad, compromiso, servicio y humildad. El equivalente de un cielo azul, limpio y luminoso.

Además, por supuesto, un profesor tiene la responsabilidad de tener suficiente conocimiento como para acompañar a sus alumnos avanzados a ir allí dónde él no ha llegado, o derivar a sus alumnos a un profesor adecuadamente preparado para ello.

      Otro mito (metáfora y paralelo del anterior) es la relación entre la fama de un profesor y su calidad. Aunque la mayoría de los profesores de buena reputación son buenos profesores, muchos profesores que no son famosos son muy buenos, quizás tanto como los otros en algunos casos. La fama no siempre es equivalente de calidad, porque a veces es simplemente reflejo de una orientación natural de ese profesor hacia el marketing y la comunicación, o debido a una personalidad más extrovertida. Los profesores tímidos o introvertidos también son bienvenidos en esta profesión. No hay obligación ninguna de llegar a ningún lugar concreto. Como profesores, si tenemos interés en superar esta dificultad (identificar fama con buen profesor y viceversa), tengamos el suficiente discernimiento como para ver a las redes sociales y los medios de comunicación como escaparates de cierto tipo de ideas, sin considerar esas ideas como definiciones de la realidad. ¡Y mucho menos como definiciones del yoga! Se nos advierte muy claramente en la literatura clásica del yoga: la ignorancia es el mayor peligro al que nos enfrentamos. La ignorancia (avidya) no es la falta de conocimiento específico, es poner la verdad allí donde sólo hay experiencias e ideas temporales. 

En resumen, el buen profesor no tiene por qué ser el que hace las posturas más impresionantes ni el más famoso. Aunque puede serlo. El buen profesor se define más bien porque es un buen estudiante y no tiene dificultad alguna en reconocer que está aprendiendo. El buen profesor mejora con la experiencia, pues cada hora de enseñanza se posa en su lomo con un peso suave y sereno. Sin embargo, no olvida que su experiencia es limitada y siempre está evolucionando. A pesar de las tentaciones naturales, el profesor maduro elige no compararse sino inspirarse, elige no competir sino cooperar, elige renunciar a ser modelo de posturas y poses para vivir como modelo de responsabilidad y coherencia. 
En definitiva, el buen profesor se concentra en hacer bien su trabajo de profesor y de estudiante, y en vivir libre y feliz en su interior.