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domingo, 2 de febrero de 2020

Enseñar yoga hoy (1): Desafíos y placeres de la enseñanza contemporánea de yoga


Nueva serie de artículos para apoyar e inspirar la enseñanza de yoga

Aquí y ahora estamos, como gremio, como colectivo y como agentes sociales. Las generaciones actuales de profesores de yoga representamos la evolución viva del yoga. Esa evolución puede ser una mejora, en algunos aspectos, así como puede ser una pérdida en otros aspectos. En cualquier caso, el mundo avanza y eso es imparable, quedarnos parados nosotros sólo nos dejará estáticos y desorientados. Lo más saludable es caminar y crecer con el mundo, tomando lo mejor de sus avances, y evitando lo peor de su cultura. 

Este panorama no implica que sea necesaria una homogeneización de objetivos o estrategias. Como siempre, en una disciplina, en todo momento, caben las interpretaciones más clásicas así como las más modernas. En todas las ciencias han convivido siempre los que seguían la escuela precedente y los que daban nacimiento a la siguiente. La convivencia armoniosa de lo clásico con lo moderno favorece una evolución sana. Más que contradicciones, hemos de aprender a ver interpretaciones, expresiones u objetivos diferentes.

En esta serie de artículos quiero cubrir aspectos prácticos de la enseñanza de yoga, cosas que están vinculadas a nuestra actuación como profesores de yoga en los diferentes contextos que encontramos. Me gustaría dedicarle cariño y mirada inteligente a la evolución en las formas y los fondos del contexto en el que los profesores de yoga desarrollan su tarea de enseñar, y los estudiantes su tarea de aprender. 

¿Qué es enseñar yoga hoy?

Para mi, enseñar yoga hoy es una aventura, un privilegio, un desafío, un placer, un riesgo, un compromiso y una gesto de libertad. Si en algún momento sentimos que es una carga, una frustración, una injusticia, una desmotivación, una rutina o una precariedad, estamos obligados a revisar nuestra enseñanza (tanto a nivel práctico como a nivel de concepto y objetivos).

Desde este lugar, y entendiendo las polaridades naturales de la situación, podemos empezar a abordar cuestiones prácticas sobre cómo resolver y cómo ser creativos en diferentes contextos propios de nuestra posición en la dimensión social.

Lo primero que hemos de saber es que no todos tenemos los mismos objetivos, y así debe seguir siendo. No todos queremos dedicarle el mismo tiempo a nuestro trabajo, ni todos queremos impactar al mismo tipo de públicos, ni ganar las mismas cantidades de dinero, ni saber el mismo tipo de cosas ¡ni mucho menos enseñar lo mismo! Partimos pues, de un contexto en el que asumimos la diversidad en objetivos, dedicación y expectativas. 

Éxito y felicidad

Qué significa realmente el éxito es una definición que cada uno debe hacer para sí mismo. Para mi el éxito es felicidad, y lo represento en equilibrio, salud, satisfacción, contribución, propósito, motivación, conexión y serenidad. Así como valoro y necesito el confort, también tengo una definición personal del confort.  Yo lo encuentro en vivir en la naturaleza y tener tiempo para estar con mi familia. No necesito hacer grandes viajes ni tener los vehículos más modernos, intento que  mi día a día sea lo más parecido posible  a estar ya en mi vida ideal, experimentando y fomentando las cualidades con las que defino la felicidad. 

No todos los días siento que tengo éxito en estos términos. A veces mi salud o mi equilibrio fallan, y tengo períodos difíciles como todo el mundo. Uso estas definiciones para guiarme y recordarme la dirección de mis acciones, y sé que eso me mantiene paciente en las etapas que no son fáciles. A este respecto quiero compartir esta ilustración llamada "La ilusión del iceberg" de @sylviaduckworth. Ilustra lo que no se ve y se encuentra en la base del éxito, con lo cuál estoy muy de acuerdo. Me baso en este tipo de acciones para cultivar mi éxito ¡mi felicidad!

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Suelos comunes

Igualmente, e independientemente del tipo de éxito que cada uno necesite, debido a que nos  movemos en suelos comunes, encontraremos similitudes en algunas situaciones. Dar clases de yoga será una experiencia común para todos nosotros, y de esa experiencia compartiremos algunos de sus desafíos y oportunidades. La mayoría de estos desafíos surgen no sólo del acto pedagógico en sí, sino del encuentro humano y sus interacciones. Por eso trataré temas como: hacer suplencias, encajar las críticas y opiniones, la atención a alumnos avanzados, interpretar los fracasos, reconocer nuestras ambiciones, cuidar al alumnado, la integridad y la ética, y otros temas de esta índole. Para hoy, y para introducir la serie, sólo quiero dejar un tema más tratado. 

¿Qué necesitamos para enseñar yoga hoy?
Desde mi punto de vista las cosas se pueden llegar a simplificar a lo esencial, y luego ampliar hacia matices y aspectos más complejos. Por eso quiero resumir en cuatro puntos cuáles son las necesidades principales para enseñar yoga hoy:
  1. Conocer nuestra disciplina lo mejor posible.
  2. Conocer los valores y hábitos de la sociedad en la que nos desarrollamos.
  3. Conocernos a nosotros mismos.
  4. Estar dispuestos a navegar en lo desconocido para aprender, arriesgar, indagar, experimentar y crecer. 
Sobre estos puntos construiré los artículos y los temas que trataremos. Estaré encantada de recibir vuestras sugerencias y peticiones para mantener esta serie viva y útil. En el próximo artículo trataré el tema “Cómo liderar una clase”; su significado y algunas estrategias prácticas.

Serie de artículos sobre Enseñanza Inspirada 

Para los que no habéis leído la serie de artículos sobre Enseñanza Inspirada podéis descargarlos todos agrupados en mi primer libro digital en este link: Enseñanza Inspirada


Hasta la siguiente, mucha inspiración y éxito para todos.



Toda la información de mis eventos en inglés y castellano en www.samyamayogaibiza.com.
Inspiraciones frescas en Instagram y Facebook @samyamayogaibiza

domingo, 6 de octubre de 2019

Nuevos horizontes con el Vinyasa Funcional


     Las definiciones no son fáciles, e implican cierto riesgo. Sin embargo, hoy me apetece describir esta perspectiva y profundizar en algunos conceptos que incluyo en mi mensaje pedagógico. Creo que puede ser interesante y nutritivo en el camino de aprender, enseñar o practicar yoga.

      Algunos me habréis escuchado decir que enseño Vinyasa Funcional, o que me baso en el movimiento funcional para la enseñanza de asana (posturas). Aunque no me encanta el nombre de funcional porque creo que el yoga es mucho más que eso, me encanta lo que incluye, lo que cuenta, las puertas que abre y lo inclusivo e inteligente que es este concepto. 

¿Por qué me despierta tanta pasión? Porque resuelve muchos de los grandes desafíos de la enseñanza de asana en el mundo moderno, porque ayuda a educar con calidad y porque redefine la función del profesor de yoga ¡entre otras cosas!

¿A qué me refiero con yoga funcional? 

       ¿Alguna vez te has visto en una postura pensando que no eras capaz de hacerla? ¿o has pensado que esa colocación ideal que se sugiere en la clase a ti te hace daño o abre un combate con tu cuerpo y tu respiración? ¿Alguna vez has deseado una adaptación que parecía un delito o tener libertad para respirar y sentirte? Quizás no, y entonces tal vez todo esto te sea menos útil. Pero quien más quien menos, si ha asistido a clases de yoga o ha seguido guías externas para su práctica, se puede haber encontrado con estas situaciones en mayor o menor grado.


Adaptativo y educativo

       El yoga funcional desarrolla las posturas según la intención que tengamos. Se guía al cuerpo y la mente para acciones musculares intencionales. Esto es más fácil de entender si lo explico con una postura ¡eso espero! 

Por ejemplo, mi objetivo puede ser hacer utkatasana (la silla o sentadillas, si no conoces la postura). Tengo varias opciones para hacer la postura. Mi prioridad podría ser encontrar las líneas de la postura según el alineamiento que enseñe la escuela con la que estudio, entonces estaría buscando una postura estándar parecida a la del resto de personas. Sin embargo, en la silla pasan muchas cosas y yo podría elegir usarla para activar especialmente ciertos grupos musculares, como el abdomen y los muslos frontales. En ese caso me concentraría en encontrar esos músculos, enviarles órdenes concretas y sentir el resultado de esas órdenes. Podría explorar especialmente el empuje de los talones al suelo y desplazar el peso de las caderas hacia detrás recogiendo el ombligo. En este caso, los resultados de esas acciones quizás darán posturas diferentes en cada persona, según su movilidad y fuerza. No me importará tanto cuanto bajo, sino que esos músculos estén activos ¡y mi capacidad para sentirlos!

        Infinitas variables son posibles según los objetivos. Las posturas pueden ser diferentes según cual sea la prioridad, siempre respetando principios mecánicos y anatómicos sensatos e informados. 

Otro ejemplo. La postura de la cobra puedo hacerla de manera pasiva en el abdomen, simplemente empujando los brazos en el suelo. En el yoga funcional, el énfasis sería fortalecer abdomen y espalda alta. En ese caso, estiraré menos los brazos mientras empujo al suelo, recogeré el ombligo para que no toque la esterilla e intentaré acercar un omoplato hacia el otro, empujando las palmas y deslizándolas hacia detrás. Aparentemente, el resultado será una cobra menos amplia, pero el desarrollo de fuerza será mayor, y el riesgo de lesión menor (porque la espalda baja está protegida gracias a esa activación voluntaria del abdomen). Los detalles también ayudan a desarrollar la atención y la sensibilidad.

Aunque así escrito se sienta extraño si nos es algo habitual para ti, en realidad ésta es una forma muy orgánica de estar en el cuerpo, presente a sus fuerzas y sus relaciones.  El objetivo en la enseñanza de posturas en este contexto es que la postura funcione para el practicante, por encima de que la postura tenga un cierto ideal de forma o grandeza.  

     No se debe malinterpretar su carácter adaptativo. El yoga funcional no es un yoga suave o flojo en el que todo vale. Al contrario, la suavidad se encuentra en su mirada abierta a la diferencia y la diversidad, sin embargo exige más trabajo físico ya que no permite colgarse en las posturas sin acciones musculares que den soporte a la forma, y especialmente a las articulaciones implicadas. En definitiva, incluye conocimiento de acciones musculares más que de líneas o formas, e incluso cuestiona algunas formas clásicas de abordar las posturas (bien por ser demasiado estrictas, o bien por ser demasiado pasivas).
      Mi intención con una clase de yoga nunca es cubrir el expediente, sino educar. Lo importante no es que hagamos lo que se dice que debemos hacer, sino lo que de verdad es bueno hacer. Es la diferencia entre hacer las cosas bien, o hacer las cosas correctas (lo primero es sólo eficiencia, lo segundo incluye la ética). 

Información vs instrucción 

       El profesor de yoga que elige el yoga funcional decide ofrecer información, más que instrucción. La información educa, y fomenta la libertad, asume la inteligencia intrínseca e inherente de todo practicante de yoga ¡de toda persona que tiene cuerpo!

Podríamos pasar la vida escalando una montaña, esforzándonos, empleando fuerza y voluntad ¡para darnos cuenta de que no era la montaña que queríamos escalar! El riesgo de seguir principios de alineamiento generales es que muchas personas no quedan representadas en las generalizaciones. El yoga funcional deja de lado las generalizaciones a nivel de forma para buscar las acciones internas de soporte y movilidad. Se asume que las acciones se expresaran en formas diferentes en diferentes cuerpos, pero que todos los cuerpos se benefician de ellas. 

Algunos profesores o practicantes prefieren modelos de alineamiento que puedan aplicarse de manera general. Pero esto es imposible, sobre todo en el vasto y variado universo del movimiento y del cuerpo. Lo entiendo, la complejidad puede desbordar. Sin embargo, cuando sabemos lo que queremos y tomamos tiempo para pensarlo y definirlo ya no es tan difícil llevarlo a la acción. Y los beneficios son muchísimos, ya que enriquecemos lo que sabemos, y además ganamos el poder de conocernos y adaptar nuestro cuerpo a las posturas. Así, conseguimos que las posturas nos sirvan a nosotros, no a la foto, ni al profesor.

Prioridades del yoga funcional

       El yoga funcional da protagonismo a las funciones e intenciones de las posturas por encima de la estética. Sí incluye el alineamiento, sólo que ofrece una reinterpretación del alineamiento a favor de la descripción de acciones musculares implicadas en las posturas. Es prioritario dar espacio a la variabilidad humana y la diversidad. Por eso no nos dirá exactamente la relación de la rodilla con el tobillo en un Guerrero 2, pero si nos dirá las acciones en los pies, por ejemplo. Esto permitirá que la postura ofrezca el estrés necesario a los tejidos, sin dejar desprotegidas a las articulaciones. Se busca dar soporte más que ser sostenido. Esta propuesta promueve la fuerza más que el rango de movimiento (sin por ello dejar de honrar la movilidad), y educa al practicante en el uso de su cuerpo y el desarrollo de la propiocepción (relación con el espacio exterior) tanto como la interocepción (relación con el espacio interior y las sensaciones).

Como norma general, propone que cuando una articulación esté soportando peso limitemos su rango de movimiento y activemos los músculos que la protegen. Otra de sus cualidades es la búsqueda de rangos de movimiento activos más que pasivos, la búsqueda de estiramiento en cooperación con activación muscular.

Un profesor de yoga funcional no viene a corregir posturas, sino a invitar acciones y posibilidades corporales. Corregir significa que hay algo incorrecto, y no hay nada incorrecto en cómo un cuerpo se ha organizado en una postura, pero sí puede haber ineficiencia (en forma de riesgo o beneficios limitados). El profesor ofrece las posibles mejoras en función de cómo percibe al alumno, no de la postura aislada del cuerpo. Como decía Hipócrates “Es más importante conocer al paciente que tiene la enfermedad que la enfermedad que tiene el paciente”. 

No todos somos iguales, pero debemos practicar en igualdad

        Nuestra biología y nuestra biografía definen nuestra habilidad y capacidad en términos de movimiento. Nuestra labor, refinada y de sabiduría, es discernir entre lo que podemos hacer, lo que podremos hacer con tiempo y lo que no podremos hacer nunca, y trabajar con esas tres variables con discernimiento y madurez.

       Para mi el yoga funcional es una evolución natural para un profesor que desea enseñar con más coherencia, integridad y sostenibilidad. Es una manera de enseñar integradora que favorece la autoregulación y el autoconocimiento. Además, atiende a algunas áreas importantes de la práctica como la fuerza y la educación somática. Por otro lado ¡el yoga sigue siendo bello aunque el objetivo primario no sea estético! La respiración, la elegancia, la presencia y la superación de obstáculos siguen siendo parte de la esencia de la práctica, eso es intrínseco al yoga. Estamos sumando a los milenios de sabiduría original las grandezas de la indagación contemporánea en el área del movimiento, y atendiendo a los desafíos de las sociedades modernas.

La belleza especial que yo encuentro en esta manera de enseñar y practicar es que nos libera del deseo de una imagen ideal; nos envía en primera clase a las profundidades de nuestro cuerpo y nuestra inteligencia en busca de soluciones creativas y experiencias íntimas de coherencia, integridad y serenidad. Con esto expulsamos la competición de la esterilla a cambio de cooperación y observación. Con nosotros mismos y con los demás.

       Buda dijo que debemos poner a prueba la verdad de sus enseñanzas. Nos invitó a comprobar si alguna de ellas coincide o no con nuestra propia experiencia. Para mi el yoga funcional ofrece lo mismo, más allá de los dogmas y de las ideas ajenas, nos invita a explorar, probar, validar, aprender. Por eso yo hablo de yoga mindful y funcional ¡porque hacen un hermoso matrimonio y son lo mismo!

* * *



Todas mis clases, talleres y contenido online de los últimos años se basa en estos principios. Si queréis aprender o conocer más de este tema hablaré en más detalle de ello en la Formación en Mindful Vinyasa para profesores que impartiré en Octubre/Noviembre en Barcelona y en Febrero/Marzo en Ibiza.



Para dudas o consultas podéis contactarme en diana@samyamayogaibiza.com


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@samyamayogaibiza


* Ilustración Nick Ogonosky


sábado, 27 de octubre de 2018

Fragilidad y estrés: buenas noticias

      Le he dedicado mucho tiempo a escribir mis reflexiones en Instagram y hace mucho que no escribo aquí. Las reflexiones breves fortalecen mis conexiones con la inspiración a modo de semilla o de esencia. En varios párrafos consigo expresar ideas, impresiones, perspectivas y sugerencias sobre esta manera de vivir que yo llamo “La vida despierta”, que es la base de mi ofrenda a la enseñanza de yoga. Eso es lo que me ofrece Instagram, pero a la vez se vuelve cómodo y fácil. Por eso, y otros gozos, no quiero abandonar esta espacio del blog que me pide tiempo y atención. ¡Así que hoy me regalo el tiempo de profundizar en esencias!

      La vida despierta asume que estamos en este mundo con todos los sentidos abiertos, los internos y los externos. De los sentidos externos extraemos información sobre las señales del mundo exterior. De los sentidos internos recibimos interpretación de esas señales y sabiduría interior, así como información de las cosas no visibles que nos rodean. Si estamos despiertos estamos conectados con las fuentes de esos sentidos. 

Para mi el cuerpo es herramienta, fuente y metáfora al mismo nivel. Cuando hacemos asanas (posturas de yoga) estamos estimulando el cuerpo para que sea más eficiente y esté lo más saludable posible (entre muchas otras cosas). En definitiva, el asana pretende optimizar la salud física, repercutiendo también en los estados emocionales y mentales. Esto ocurre gracias a una activación fisiológica a través de la respiración y la aplicación intencional de tensiones y presiones corporales.

Por eso siempre me gusta sugerir, cuando enseño, que lo que estamos experimentando como esfuerzo es el mayor regalo que le hacemos a la herramienta (el cuerpo), ya que aporta un tipo de estrés que necesitamos para vivir y prosperar.

      Como siempre, es cuestión de puntos medios. Desde luego, no queremos vivir en un cuerpo frágil. La fragilidad puede venir por falta de uso, por mal uso o por abuso. Para nuestra vida despierta aspiramos a cultivar la "antifragilidad". Ésta es una cualidad que nos permite estar fuertes y resistentes, así como flexibles y adaptativos. Podemos cultivarla reconociendo en qué areas estamos más frágiles y empezando a ofrecer estrés moderado y dirigido a esas áreas (sean físicas, mentales, emocionales o espirituales).

Frente a la idea tradicional de que algo débil o enfermo debe ser puesto a reposo, surge la idea de que en muchos casos es mucho más recomendable ofrecer a las áreas debilitadas un nivel de estrés apropiado que impulse su regeneración y vitalización. Vivimos en un tipo de cuerpo que expuesto a quietud o comodidad en exceso se desvitaliza, enferma y pierde habilidades. Eso lo sabemos todos. Así como es recomendable descansar en casos de fatiga, está comprobado que una buena estimulación a través de un paseo, una clase de yoga o deporte moderado suele hacer que mejoren las  condiciones físicas, emocionales y mentales, más que en reposo.

      Nuestro cerebro también se beneficia de que lo expongamos a ciertos niveles de estrés (el aprendizaje es uno de ellos). Nuestra tendencia neurológica siempre es a elegir el camino de menos resistencia (volver a casa por el mismo camino, quedar con los amigos que conocemos, ir a nuestro restaurante favorito, etc.). Así como esas cosas que generan rutina y ritmo son muy necesarias para darnos un contenedor de seguridad y protección, en exceso debilitan la creatividad puesto que no nos exponemos a posibilidades y visiones nuevas.

Así pues, para cultivar esta cualidad antifrágil (o resiliente) podemos renombrar y redefinir nuestra visión del estrés. El estrés, en su justa medida, es necesario, positivo y saludable. El estrés, en su grado adecuado, es fuente de inspiración, creatividad y renovación. Este idea no me la invento, la ciencia ha dado dos nombres diferentes al estrés para diferenciar la modalidad patológica y negativa de la parte positiva: eustrés (positivo) y distrés (negativo).

      Ahora podemos hacernos la pregunta ¿le estoy ofreciendo a mi cuerpo y a mi cerebro el grado necesario de estrés para mantenerlos vivos, jóvenes e inspirados? Quizás tras esta pregunta surja una reflexión que reoriente nuestras elecciones. Quizás elegiremos los domingos salir a pasear o a estar en la naturaleza en vez de ver la tele o priorizar actividades pasivas. Quizás elegiremos hacer nuestra propia comida en vez de comer en un restaurante (el estímulo que provocamos teniendo que pensar qué cocinamos, cómo lo cocinamos y tocando los ingredientes con nuestras manos supera al acto rutinario de sentarnos y pedir comida). Incluiremos quizás en nuestra selección de comportamientos y hábitos estudiar y leer de manera activa con intención de aprender, probaremos a  volver a casa por un camino nuevo, quedaremos con esa persona nueva que nos ha inspirado en vez de los amigos de siempre, etc. 

Para no malinterpretar estos conceptos hemos de evitar confundir buscar el estímulo adecuado con sobre-estimularnos comportándonos de manera errática. Buscamos un camino de reflexión y curiosidad, no de dispersión e impulsividad.

¡Espero haberos estresado un poquito con estas reflexiones! Me alegra que nos encontremos por aquí de nuevo.




* Ilustración Craigio Hopson 
** Para las reflexiones breves en Instagram (en inglés) podéis conectaros conmigo a través de @samyamayogaibiza





miércoles, 5 de septiembre de 2018

Meditación en movimiento

Escribí este artículo para la colaboración entre la revista Universo Holístico y la plataforma online Gaia.com. Al final del artículo encontraréis un vínculo para ver de manera gratuita una clase que grabé hace varios años para el canal de yoga Aomm.tv (ahora Gaia.com).

Espero que disfrutéis el artículo y la clase.



MEDITACIÓN EN MOVIMIENTO


“Eso de meditar suena genial ¿verdad? Y además dicen que va muy bien...Los estudios científicos le otorgan muchos beneficios... Pero, es un poco solemne y serio ¿no? Eso de sentarse, cerrar los ojos, quedarse quieto y observar ¿el qué?... No sé... Quizás es difícil, o aburrido...Yo no valgo, soy muy inquieto... El caso es que me vendría bien... Pero no sabría por dónde empezar...”

       Este es un extracto de una conversación típica cuando surge el tema de la meditación en un entorno de personas que nunca la han practicado. Y es normal, cuando no tenemos experiencia directa de algo, es muy fácil caer en ideas preconcebidas y juzgar por las apariencias.

      Cuando escuchamos hablar de meditación puede que imaginemos a una persona sentada con los ojos cerrados y semblante de serenidad ¡qué imagen tan idílica! Y tan lejana a la vez... La realidad es que todas las personas que se sientan a meditar saben perfectamente que no siempre es cómodo ni fácil pero que los beneficios que aporta bien merecen el esfuerzo. Con el tiempo, la meditación se convierte en un lugar de descanso. Pero esto lleva práctica y paciencia.

      Me interesa mucho llegar a las personas que les gustaría introducirse en la meditación pero no saben cómo hacerlo. Realmente creo que es una práctica que aporta beneficios adaptados a las necesidades de cada individuo, y es una manera eficaz de mejorar nuestra calidad de vida (coste bajo, esfuerzo moderado y generosos resultados).

Una de las intenciones de la meditación es enseñarnos a concentrar y dirigir nuestra atención. Esto se puede hacer de maneras muy diversas. De hecho, aunque no seamos conscientes de ello, con atención concentrada es como hemos aprendido casi todo lo que sabemos. En definitiva, la meditación implica una educación de la atención y por ende es un proceso de aprendizaje. Una manera sencilla de verlo y comprenderlo: meditar es educar nuestra atención.

Para ejercitar el músculo de la atención solemos elegir objetos en los que concentrarnos, como cuando vamos a estudiar. Para aprender algo no nos ponemos veinte libros abiertos delante sino que elegimos un libro, una página y un lugar por el que empezar a leer. Así como podemos estudiar materias muy variadas, podemos elegir diferentes objetos para entrenar la atención.

      Otra idea general y necesaria que me ayudará a explicar mi propuesta: todos queremos disfrutar mientras vivimos, aprendemos y asumimos desafíos. Encontrar alegrías en el camino es una buena fórmula para mantener constancia y compromiso ¡sobre todo en proyectos de larga duración!

Desde mi experiencia, el yoga ofrece un paisaje muy fértil para disfrutar del camino a la vez que nos preparamos para la práctica de la meditación. Observando el mundo en el que vivimos parece que para muchos de nosotros es más fácil movernos que estar quietos sin ningún estímulo. Detenernos de golpe para sentarnos y meditar puede ser muy brusco o desconcertante y, sin embargo, es factible prepararnos para meditar mientras nos movemos y aprendemos a prestar atención al movimiento.

La práctica física de yoga ofrece un paisaje corporal en el que tiene tanta importancia el cuerpo como la intención de estar atentos. Al movernos de manera fluida, estimulando nuestra vitalidad, empezamos a sentirnos más cómodos en nuestro propio elemento. Entonces, poco a poco, la respiración, las posturas mantenidas y las sensaciones se convierten en focos de observación. Bajo este prisma, el yoga es una meditación (en movimiento) puesto que es un ejercicio que implica dirigir nuestra atención. En este panorama, el flujo respiratorio es nuestro gran tesoro. Si aseguramos su continuidad y estabilidad damos ancla y soporte a la práctica.
En nuestro mundo contemporáneo es una bendición encontrar una práctica que estimule el cuerpo y refine la mente. El sedentarismo y el estrés son lugares comunes de nuestra sociedad. 

      Casi todos necesitamos movernos más, descansar de la actividad mental y desconectar de los estímulos externos excesivos. No tenemos mucho tiempo ni tantas oportunidades para cultivar actividad física y desarrollar quietud mental en un mismo contexto. Por eso hoy en día se habla tanto sobre los beneficios de meditar y practicar yoga, y por eso son cada día más las personas que eligen hacerlo. Necesitamos respuestas creativas a nuestros desafíos culturales.

A menudo asumimos que la meditación es una herramienta exclusivamente para relajarnos, liberar estrés y aclarar la mente. Y frecuentemente es así. Pero también podemos usar la meditación como un medio para experimentar nuevas maneras de relacionarnos con nosotros mismos, incluso cuando estamos incómodos. La práctica de yoga ofrece situaciones razonablemente incómodas en las que podemos aprender a sentir el cuerpo a base de prestarle atención.

      Me gusta mucho cómo el yoga integra metáforas y mensajes para todos. Por ejemplo, cuando practicamos posturas no siempre podemos elegir las sensaciones del cuerpo ni nuestras reacciones emocionales y mentales. Si decidimos prestar atención a la experiencia globalmente y no sólo a las resistencias conseguimos transformar un impulso de huida en una experiencia de presencia. Y, quizás también, hemos aprendido a observar más y reaccionar menos.

En el yoga, como en la vida, encontraremos retos que nos obligarán a desarrollar equilibrio, serenidad, paciencia y escucha activa. Gracias a esto ya no asociaremos nuestra libertad a un ideal de perfección. Hemos comprobado que podemos sentir satisfacción y alegría aún cuando el viento no sopla a favor.

Y, quién sabe, quizás después podamos y queramos sentarnos en silencio a disfrutar del placer de la quietud interior. ¿Suena bien? Pues está en nuestras manos, o mejor dicho ¡está en nuestro cuerpo! Respira, muévete y observa. Bienvenido a tu hogar.



Pincha aquí para ver la clase online: Mindful Vinyasa con Diana Naya


jueves, 30 de agosto de 2018

Tormentas o pasiones: gestos de libertad

          Durante estos últimos días de Agosto puedo sentir cómo la isla ralentiza su respiración. O quizás soy yo la que lo hace. 

Hasta ahora he tenido una temporada excepcionalmente equilibrada. Estoy muy agradecida de que he llevado una agenda sin excesos y aún así he tenido la fortuna de observar y compartir mi enseñanza con tanta gente de diferentes lugares y ambientes diversos. En esta época del año doy clases privadas y grupales a un público internacional que me ofrece un paisaje muy heterogéneo, más allá de mi tranquila e íntima vida rural.
Fuera de la temporada turística mi paisaje es más homogéneo ya que me sumerjo en las clases regulares aquí y mis viajes a la península para enseñar. Ambas temporadas ofrecen lugares interesantes para el descubrimiento, pero los contrastes del verano me dan información muy especial y extraordinaria que me ayuda mucho para mi vida personal y mi trabajo.

      Cuando era más  joven y estudiaba Sociología no tenía claridad respecto al origen de mi interés en el comportamiento humano. Mientras diseñaba moda no tenía idea de por qué había aterrizado con un ánimo tan natural en el campo de la creatividad, pues mi inclinación empresarial era más hacia la organización y la gestión.


Ahora sé por qué todas estas cosas ocurrieron; necesitaba la habilidad de la observación tanto como el talento de la creatividad para ser una buena profesora (la profesión de mi corazón). Dicen que nunca sabemos por qué hacemos las cosas que hacemos pero que cuando miramos hacia atrás perfectamente entendemos el hilo conductor de nuestras acciones. Desde luego este ha sido mi caso. Y espero poder en el futuro entender por qué me embarco hoy en las aventuras que elijo.


      Creo que la observación es la herramienta más valiosa para la investigación y la indagación. En este tiempo de observar la vida a través de tantos alumnos he podido validar algunas de mis intuiciones. Yo no recojo datos de manera ortodoxa, pero quedan registrados interiormente de manera que me aportan sentido. Asumo que mis filtros personales son parte de la ecuación de mis conclusiones así que quiero compartir esto como opiniones, no como ciencia comprobada.

He estado observando de qué manera nuestras experiencias están reguladas por el nivel de apertura que aportamos. Apertura en este contexto se refiere a nuestra habilidad para mantener una buena distancia entre nuestras ideas preconcebidas o memorias personales  y lo que la vida nos está ofreciendo en ese momento. La apertura es incluso más que esto. Es un tipo de frescura e inocencia; nuestra habilidad para extraer lo mejor de cada situación, abriéndonos a la riqueza, revelación, descubrimiento y aprendizaje que nos aporta.
      Lo primero que un profesor de cualquier disciplina puede hacer es ayudar a los estudiantes a estar en este ánimo de apertura y curiosidad. ¿Cómo hacerlo? Desde mi experiencia creo que ayuda mucho ofrecer el conocimiento sin hacerlo demasiado exclusivo o estricto, invitando a los alumnos a que siempre se tengan a si mismos como referencia a la hora validar conocimientos. Creo que la apertura está relacionada con tener una sensación interna de libertad y elección.
Por ello, las personas que se sienten víctimas del mundo y tienden a ver drama en todas partes suelen tener más dificultad para experimentar apertura porque no se sienten libres. Por otro lado, las personas que saben que participan de manera activa en su realidad personal tienden a ser más abiertas.

¡No es difícil adivinar quiénes disfrutan más de los desafíos de la vida y aprenden más rápido!


      Algo bueno que debemos saber es que nuestras personalidadesno son programas estancados, son experiencias dinámicasde comportamiento, pensamiento, hábito y emoción. Y pueden ser recreadas y refinadas a través de nuestro interés y voluntad de hacer un cambio, sea grande o pequeño.

Con estas observaciones he confirmado que si queremos aumentar nuestra destreza en el movimiento es mucho más eficiente dirigirnos primero a la educación de la atención y la actitud. Cuando adiestramos la mente a través de nuestra atención el cuerpo naturalmente se dirige hacia paisajes más saludables e integrados.
       Como conclusión, necesitamos saber si queremos ver la vida como un lugar lleno de tormentas (drama, miedo y pérdida) o queremos verla como una experiencia en la cual podemos expresar nuestra pasión y apertura. Con esta decisión definimos toda nuestra experiencia vital, pues elegimos si vivimos con propósito y un poco de riesgo, o vivimos indefinidos y sin riesgos. ¿Cuál es nuestra elección como estudiantes y profesores?


Ilustración: www.agathebb.com

lunes, 30 de julio de 2018

Jardín o jaula: cuestiones íntimas

      Cada cierto tiempo me propongo una virtud en la que quiero hacerme excelente (entendiendo la excelencia como mejorarme, refinarme o alcanzar mayor destreza). Veo esa excelencia como un proceso en desarrollo que, tras ser iniciado, probablemente se mantenga activo en el largo plazo. No es una conquista absoluta sino un proceso de aprendizaje.
Hace dos años me propuse trabajar en la humildad. Para mi la humildad es la capacidad de no darnos más importancia de la que tenemos, sobre todo a la hora de pensar y sentir el mundo para luego comunicarnos con los demás. También incluye darnos el valor que tenemos en el mundo ¡porque la humildad no es inseguridad! La humildad verdadera nos permite darnos el valor justo y apropiado en cada momento ¡respetando el valor justo y apropiado de los demás también!

Han sido dos años interesantes en los que sin duda he recibido grandes lecciones y, a fecha de hoy, me siento mucho más serena y equilibrada en cuestiones de reacción, compasión, relación y presencia. Diría que ha sido un trabajo fino, a veces muy difícil, que como todo lo que me cuesta me ha dolido y me ha dado placer. Es un trabajo que sigue vivo cada día.

      Mis niveles de empatía han aumentado mucho, por nombrar un efecto secundario de mi gusto. Aspiraba a anular todas las voces competitivas de mi interior por el placer de no tener que negociarlas, pero siempre queda algún momento en el que alguna de esas voces pretende que me tome en serio la tarea de compararme o juzgar a alguien. No es muy molesto y, en cierto modo, va bien porque me recuerda de dónde vengo y dónde estoy. Creo que a veces nos pedimos demasiado a nosotros mismos. Los pensamientos que no nos gustan no tienen porque ser atendidos ni tomados en serio. Llevamos una larga historia de novelas y fábulas heredadas de nuestro entorno, y no siempre es posible borrarlas y retirarlas del paisaje. Basta con elegir algo que realmente se parezca a la historia que queremos escribir nosotros, hoy, aquí, honestamente.

Para el siguiente ciclo de mi vida me propongo trabajar en esta idea que llamo  Jardín o Jaula: la flexibilidad y el encuentro con el punto medio

      No creo necesitar aumentar mi flexibilidad física para mejorar mi vida (aunque podría hacer cosas increíbles para impresionar a los demás ¡lo cual no sería muy humilde!). Sin embargo, creo que encontraría grandes beneficios en mi vida diaria si pudiera organizar mi cerebro para reconocer en todo momento cuál es la opción más sensible, íntegra y abierta. Sin confusiones ni tribulaciones éticas. 

Durante los últimos años me he cuidado mucho a nivel de hábitos de vida. De tan íntegra y ética que he querido ser me pregunto si no habré rozado alguna frontera en mi interior, creando aroma de rigidez en algunas cosas. Ahora que tengo hijos también tengo claro que creo en la moderación, el punto medio, los lugares de encuentro, el saber ceder y tener capacidad de escucha. Creo que es importante cuando tenemos hijos que podamos transmitirles un alto grado de adaptabilidad y flexibilidad. Para que se comprenda mejor de que hablo quiero darle los matices necesarios. 

       A nivel neurológico existe un estado de orden en  el que sentimos que las cosas están bien y podemos evitar las orillas del caos y la rigidez para vivir en la corriente flexible de la salud mental y la felicidad. Daniel Siegel explica muy bien esto en su libro El Cerebro del Niño, y es un concepto en el que pienso a menudo. Tanto el caos como la rigidez son estados de desintegración neurológica. La integración se da cuando ambos lados del cerebro trabajan juntos y en sintonía; nos permite pensar con claridad y experimentar emociones y darles su lugar. Cuando estamos desintegrados nos superan las emociones, estamos confusos y actuamos de manera caótica. 

Para mí la rigidez es la sensación que experimento cuando tengo que saltarme mis propias normas para adaptarme a un contexto y me asaltan dudas éticas y de sentido. O cuando tengo que tomar actuaciones respecto a mi misma o los demás que no resuenan con mis códigos y mi estilo de vida (por ejemplo puedo sumergirme en dolores de gran magnitud sin tomar medicación; aunque racionalmente entiendo que me haría bien en un momento dado, emocionalmente me angustia usar drogas sin necesidad). Esto que cuento va mucho más allá de lo ideológico, de hecho no son especialmente importantes las ideas aquí, sino la aplicación en el día a día de mis valores sabiendo que vivo en un mundo de diversidad y grandes corrientes generales de pensamiento colectivo. 

Generalmente estoy muy satisfecha con mis niveles de integración neurológica. En ese sentido sé que no soy una extremista cuando me veo en un contexto compartido, y eso me alegra. Hay cosas en mi vida que me recuerdan que sí conozco los puntos medios y los práctico cada día. En una familia, inevitablemente, se afinan mucho los artes de resonar, ceder y negociar. Una proyecto de pareja como el que tengo no llega a estar más de veinte años en felicidad y salud sin haber aprendido a negociar y encontrar los puntos medios así como a respetar las diferencias y los códigos personales. Tampoco se puede tener buena relación con los hijos si no sabemos poner nuestra manera de pensar de lado para crear nuevas maneras colectivas de pensar.

      Entonces ¿por qué tengo esta idea de jardín o jaula rondándome? Porque cuando la puerta de la jaula ya está abierta y estamos saliendo de ella, y el jardín y sus aromas están ya bajo nuestros pies, es el momento en el que no debemos dejar escapar la lucidez necesaria para aterrizar en el jardín de la integración plena y totalmente, soltando anclas y amarras del pasado. En el jardín no hay fricción en el cambio de rumbo ni resistencia a los cambios de guión, sin embargo hay un diseño superior del orden de las plantas y las flores que cree en la estrategia y el proyecto como maneras de sembrar coherencia y éxito.


En realidad, para que engañarnos, estoy apostando en este momento de mi vida por la salud mental en su máxima expresión. Muchos de los que me conocen quizás vean estas ideas como una exageración considerando que la mayoría me tienen por especialmente cuerda y serena. Pero a mi no se me borran las  experiencias que la vida me ha traído a través de una enfermedad mental muy grave de mi padre. Las fronteras entre salud y enfermedad son finas, más de lo que pensamos a veces. Por eso, por esa genética, esa memoria, esos surcos que no quiero olvidar, me comprometo a dejar legado y cura a los que vienen detrás de mi. He aquí mi proyecto para los siguientes años. Jardín. Jardín. Jardín. Para mí y para todos. A ser posible ¡tropical y colorido!




* Ilustración Jennifer Tyers 
www.jennifertyers.com

jueves, 17 de diciembre de 2015

Todo depende

      De según cómo se explique y cómo se presente, depende todo.

El filtro es lo más importante a la hora de percibir la realidad. 

Filtro es la amalgama de experiencias y creencias que dan forma a nuestra realidad, aunque creamos que ésta es objetiva.

      Por eso un día de lluvia hay quién se despierta agradeciendo la humedad y el tiempo para el recogimiento, y quién desde el primer minuto encuentra razones para quejarse y justificar sus malos humos.
¿Qué diferencia a una persona de otra? ¿Acaso una es buena y la otra mala? ¿una lista y la otra tonta?
Aunque de manera simple así lo parezca, en realidad cada una tiene un hábito. Ese hábito es el filtro y la mirada con la que reciben los eventos de su vida y responden a ellos.

      Despertar y voluntariamente romper los hábitos que tenemos es tarea que genera resistencias. Cuanto más se practica más fácil es, eso es lo bueno. Es un deporte...

Por eso hoy me preguntaba, tras una clase privada con mi querida Paula (nombre imaginario), a quien aprecio y respeto mucho, pero no sé cómo presentarle con verdadero impacto esta idea de que cambiando la mirada cambia la realidad. Así podría dejar de ver en los demás la causa de su irritación, y encontrarse con su propia belleza de frente. Porque que yo la vea como una mujer hermosa habla de mi filtro, pero no del suyo.

      Pues todo depende de cómo se presente. Por ejemplo, os digo: "repollo verde, puerro, huevo, manzana y pasas". Y "cena de niños".  Puede sonar bien o mal, pero en mi experiencia si pongo todo esto suelto en un plato puedo tener un éxito moderado con Siam (1 año) y Uma (5 años) ¡sin pasiones!
Sin embargo, todo junto, en tortilla multicolor ha sido devorado esta noche cómo si fuera una tarta de chcocolate.

Y de ahí nació mi deseo de reflexionar sobre esto ¿cómo presentar las cosas para que tengan la mejor combinación posible de sabores y sensaciones para que prosperen y sean exitosas?

      Ningún corazón tiene todas las puertas cerradas. Aunque cuando hay mucho sufrimiento es difícil entrar, todos queremos vivir y ser felices, y dejamos resquicios para que la esperanza alimente el futuro.

Incluso el que asume la muerte está preocupado sobre cuándo vendrá, temeroso de prescindir de esta hermosa e incierta vida.

      Aunque enseño yoga hace bastantes años, es ahora cuando empiezo a entender que ocuparnos del cuerpo con tanta atención tiene de bueno que desvía la atención de esas cosas que tan ocupados nos tienen y tan atascados nos dejan.

      Percibir y habitar el cuerpo aumenta la atención en lo vivos que estamos, y aumenta nuestras herramientas para vivir mejor.

Cuando podemos sentir la paz que todo lo gobierna tan sólo percibiendo el aire que entra y sale del cuerpo, hemos gobernado el filtro y dominado nuestra realidad.

Parece un juego ¡y lo es!

     Me gustaría animaros al juego de ponerle un filtro de colores a la realidad, y ayunar de tanta negatividad y queja. Una disciplina que no os dejará indiferentes ¡sino maravillados y ligeros!